Maíz: una tecnología permite reducir hasta 75% la pérdida de nitrógeno


La fertilización nitrogenada es una de las herramientas centrales para definir el potencial del maíz, pero una parte del nutriente aplicado puede perderse antes de ser aprovechado por el cultivo. Investigadores del INTA Paraná evaluaron durante dos campañas agrícolas una alternativa para reducir ese problema y encontraron que la urea tratada con un inhibidor de la ureasa disminuyó de manera significativa las pérdidas de nitrógeno por volatilización de amoníaco.

Los ensayos se realizaron durante las campañas 2024/25 y 2025/26 y compararon urea convencional con urea incorporando un inhibidor de la ureasa, comercialmente identificado como Limus®. El trabajo forma parte de una red nacional que analiza las pérdidas gaseosas de nitrógeno en maíz y busca generar información para mejorar la eficiencia de uso del nutriente y optimizar las decisiones de fertilización.

La volatilización de amoníaco es una de las principales vías por las que el nitrógeno aplicado puede perderse. Anabel Gamarra, investigadora del INTA Paraná, explicó que el objetivo fue evaluar esas pérdidas con y sin inhibidor y determinar cómo impactan las distintas estrategias de fertilización sobre la respuesta del maíz.

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Foto: INTA

El momento crítico aparece después de aplicar la urea

Los ensayos contemplaron dosis de 100 y 200 kilos de nitrógeno por hectárea de maíz, además de parcelas sin fertilización. En ambas campañas, las aplicaciones estuvieron precedidas por lluvias de entre 24 y 39 milímetros, que dejaron condiciones de humedad favorables para la volatilización. El suelo alcanzó niveles de espacio poroso lleno de agua del 66% en una campaña y del 61% en la otra.

La diferencia entre ambas tecnologías apareció rápidamente. La urea convencional registró su mayor pico de volatilización entre el segundo y tercer día después de la aplicación, mientras que la formulación con inhibidor mostró una evolución más estable y distribuyó las pérdidas durante un período más prolongado.

En la campaña 2024/25, entre 14% y 15% del nitrógeno aplicado con urea convencional se perdió por volatilización, mientras que con el inhibidor el porcentaje cayó al 6%-7%. La tendencia incluso se profundizó en 2025/26: las pérdidas llegaron al 13%-20% con urea tradicional, frente a apenas 5%-6% cuando se utilizó el inhibidor.

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Foto: INTA

Menos pérdidas, pero sin diferencias en rendimiento

Los resultados muestran una reducción considerable de las pérdidas gaseosas, aunque el impacto sobre el rendimiento del maíz tuvo otra particularidad. No se detectaron diferencias estadísticas entre las dos fuentes de fertilizante evaluadas. Sí aparecieron diferencias relacionadas con la cantidad de nitrógeno aplicada.

Los rendimientos registrados durante las experiencias se ubicaron entre 5.277 y 11.915 kilos por hectárea, mientras que la eficiencia de uso del nitrógeno fue superior con la dosis menor, independientemente de que se utilizara urea convencional o tratada.

Para Carolina Gregorutti, investigadora del INTA Paraná y directora del trabajo, la principal conclusión es que incorporar un inhibidor de la ureasa permite reducir significativamente las pérdidas de nitrógeno por volatilización. La herramienta adquiere especial relevancia en ambientes donde existen condiciones que favorecen este tipo de pérdidas, ya que permite conservar una mayor proporción del nutriente aplicado.

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Una red que busca ajustar la fertilización

El estudio de Paraná integra una red de investigación que reúne experiencias en distintas regiones productoras de maíz del país, entre ellas Balcarce, Corrientes, Manfredi y Salta. La comparación entre ambientes permitirá avanzar hacia recomendaciones más precisas, adaptadas a las condiciones de cada zona y a los distintos escenarios de fertilización.

La investigación se desarrolla con participación de Profertil, CONICET, INTA, la Facultad de Ciencias Agrarias de Balcarce y la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Nordeste. El trabajo forma parte de la tesis doctoral de Gamarra y continuará con el análisis de las emisiones de óxido nitroso (N₂O).

El objetivo final es ampliar la información disponible para que los productores puedan definir estrategias que combinen productividad y eficiencia. En un contexto donde el costo de los fertilizantes tiene un peso creciente en los márgenes agrícolas, evitar que el nitrógeno aplicado se pierda antes de ser utilizado por el cultivo se convierte en una herramienta agronómica y económica de importancia.