El Súper Niño acelera la salida de hacienda en las Islas del Delta entrerriano
La amenaza de un El Niño fuerte a muy fuerte ya modificó la estrategia de los ganaderos de las islas del Delta entrerriano. Aunque el fenómeno todavía no se manifestó en toda su magnitud, productores de Villa Paranacito y otras zonas comenzaron a retirar animales de manera preventiva ante el temor de que una crecida deje los campos aislados y complique la evacuación.
El problema no es solamente la cantidad de agua que pueda acumularse a causa de El Niño. La falta de caminos, embarcaderos y capacidad logística para mover miles de cabezas en poco tiempo aparece como el principal riesgo. La experiencia de inundaciones anteriores, especialmente la de 2007, lleva a los productores a intentar adelantarse a un escenario que podría volverse crítico.
José Luis Peter, productor de Villa Paranacito, describió a LA NACIÓN el cambio de escenario: “El Niño está tocando timbre”. Según explicó, el río Uruguay lleva entre 15 y 20 días con niveles elevados y, combinado con episodios sobre el Río de la Plata, el agua ingresa a los campos y encuentra dificultades para retirarse.

La estrategia es sacar primero la hacienda más difícil
Peter todavía no tuvo que evacuar animales, pero ya consiguió un campo alternativo ubicado a unos 350 kilómetros, en el departamento Paraná, y comenzó a prepararlo. La estrategia consiste en retirar progresivamente los animales para evitar una salida masiva cuando las condiciones empeoren.
Las vacas con cría serán las primeras en ser trasladadas, porque representan una de las categorías más complejas de movilizar. La recría y los novillos quedarían para una etapa posterior. El problema es que conseguir campos disponibles fuera de las islas no resulta sencillo y, además, aparecen riesgos sanitarios y productivos que los animales criados en el Delta no conocen.
El productor estimó que en las islas entrerrianas habría cerca de 500.000 cabezas y advirtió que la salida será mucho más complicada que el ingreso. “Entrar animales se hace por goteo, pero sacarlos todos juntos es muchísimo más complicado”, señaló. Por eso, destacó que este año varios productores comenzaron a actuar antes.

Los productores reservan campos antes de que sea tarde
Raúl Sobrero, también de Villa Paranacito, decidió anticiparse y actualmente está retirando unos 500 novillos de un establecimiento ubicado sobre el río Uruguay. Una fuerte sudestada sobre el Río de la Plata provocó el ingreso de agua y aceleró una decisión que, según explicó, todavía no está relacionada directamente con la llegada plena de El Niño.
Sobrero sigue la evolución de las condiciones del Pacífico y de las lluvias en las cuencas de los grandes ríos. Su principal preocupación, más allá de El Niño, vuelve a ser la infraestructura. No alcanza con encontrar un campo alto si después los caminos impiden llevar maíz u otros alimentos para sostener a los animales.
A eso se suma un problema adicional: conseguir lugares para trasladar la hacienda se volvió más caro y difícil. Sobrero tuvo que reservar el 27 de julio un campo ubicado a unos 250 kilómetros para asegurarse disponibilidad. Los feedlots, además, están completos debido al buen valor de la hacienda, lo que reduce las alternativas.

El recuerdo de 2007 apura las decisiones
El antecedente que más pesa entre los productores es la inundación de 2007. Sobrero recordó que en aquella oportunidad llovieron 635 milímetros en apenas dos días y que el agua llegó rápidamente a niveles que dejaron a los establecimientos sin lugares seguros.
Por eso, su estrategia actual es clara: “Prefiero perder algo y no perder todo”, sostuvo de acuerdo a LA NACIÓN. La decisión refleja el temor a que una nueva crecida encuentre a los productores sin campos alternativos, caminos transitables o capacidad suficiente de transporte.
Así, antes de que El Niño alcance su máxima expresión, los ganaderos del Delta ya están tomando decisiones. La prioridad dejó de ser producir con normalidad y pasó a ser garantizar una vía de escape para los rodeos. La experiencia indica que, cuando el agua avanza y los caminos desaparecen, las alternativas se reducen rápidamente. Por eso, esta vez, la prevención empezó mucho antes.
Con información de LA NACIÓN
