Harina de soja: por qué cotiza como hace 26 años y qué cambió en el mercado mundial


La expansión de los biocombustibles en Estados Unidos y Brasil modificó el negocio internacional de la harina de soja, con precios presionados por una oferta que crece más rápido que la demanda. Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) analiza este cambio estructural y advierte que Argentina deberá competir con mayores excedentes exportables de sus principales rivales, aunque también identifica oportunidades de crecimiento hacia 2035.

Una oferta que creció por encima del consumo

Ajustado por la inflación estadounidense, el precio de la harina de soja en el mercado de Chicago se encuentra actualmente en niveles similares a los de hace 26 años. La evolución resulta llamativa si se considera que, durante ese período, aumentó considerablemente su utilización en la alimentación animal. En 2000 se empleaban 1,65 kilos de harina por cada kilo de proteína animal producido a nivel mundial, mientras que para 2026 se proyectan 2,41 kilos, un incremento del 46% en la intensidad de uso.

La producción global de harina de soja también experimentó una expansión extraordinaria. Pasó de menos de 70 millones de toneladas a comienzos de los años noventa a una proyección de 300 millones para la campaña 2026/27. Esto representa una multiplicación por 4,4 y un crecimiento promedio anual del 4,2%.

Harina de Soja
Foto: Informe BCR

El biodiésel impulsa la molienda y genera excedentes

Uno de los factores centrales de esta transformación es la producción conjunta de aceite y harina durante el procesamiento industrial de la soja. Según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), por cada tonelada de porotos procesada se obtienen aproximadamente 780 kilos de harina y 200 kilos de aceite, mientras que el resto corresponde a mermas. Por lo tanto, un aumento de la demanda de aceite genera automáticamente una mayor disponibilidad de harina.

Esta relación adquiere especial importancia por el crecimiento de los biocombustibles. Para 2026 se estima que se procesarán 90 millones de toneladas de soja para abastecer la demanda mundial de biodiésel, casi una cuarta parte de la molienda global. Estados Unidos y Brasil concentran buena parte de ese movimiento, con más de la mitad de su consumo interno de aceite destinado a usos industriales.

El problema es que la demanda de harina de soja depende principalmente de la producción de proteínas animales y no crece al mismo ritmo que el consumo industrial de aceite. Así, la molienda genera excedentes de harina que necesitan encontrar compradores, lo que termina presionando sobre sus cotizaciones internacionales.

Harina de Soja
Foto: Informe BCR

Brasil y Estados Unidos ganan participación exportadora

El nuevo escenario también modificó la competencia entre los principales abastecedores mundiales. Durante la primera década de este siglo, Argentina exportaba un 66% más de harina de soja que Brasil y dominaba el mercado internacional con una diferencia considerable.

Pero el crecimiento de la capacidad industrial brasileña y estadounidense cambió esa relación. Para 2026/27, Brasil dispondría de un saldo exportable de 31 millones de toneladas de harina de soja, unos 10 millones más que en 2019/20. Estados Unidos, por su parte, alcanzaría los 21 millones de toneladas, un incremento del 65% respecto de aquella campaña.

Las oportunidades hacia 2035

Pese a la presión competitiva, las perspectivas de largo plazo muestran oportunidades para Argentina. Según las proyecciones de la OCDE-FAO, la producción ganadera mundial crecería un 15,1% hacia 2035 y el uso de proteínas para alimentación animal aumentaría un 13,5%. Además, Asia concentraría el 80% del incremento de las importaciones de harinas proteicas.

Harina de Soja
Foto: Informe BCR

En ese contexto, Argentina podría sumar 10,4 millones de toneladas a sus exportaciones conjuntas de harinas y aceites vegetales respecto del promedio 2023-2025. De ese volumen, 8,3 millones corresponderían a harinas y 2,1 millones a aceites. Con una producción proyectada de 56 millones de toneladas de soja, el país mantendría su posición como principal exportador mundial de harinas proteicas.

La evolución de los mandatos de biocombustibles en Estados Unidos y Brasil será determinante para los precios relativos de los derivados. El desafío argentino será aprovechar la expansión de la demanda internacional mientras enfrenta una oferta de harina de soja cada vez más abundante y una competencia exportadora creciente.