La región núcleo consolida las rotaciones y cambia el mapa agrícola
La agricultura de la región núcleo atraviesa un cambio estructural que modifica el esquema productivo predominante durante las últimas décadas. El tradicional predominio de la soja cede lugar a sistemas con mayor rotaciones y participación de gramíneas, una estrategia que no solo mejora la sustentabilidad de los suelos, sino que también comienza a reflejarse en mayores rendimientos de la oleaginosa. El último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) sobre la Región Núcleo confirma que, por segundo año consecutivo, la relación entre soja y gramíneas se mantiene prácticamente en equilibrio.
El dato marca un giro significativo respecto de hace apenas diez años, cuando por cada hectárea de trigo o maíz se sembraban cuatro de soja. En la campaña pasada esa relación descendió hasta 1,07 y para el ciclo 2026/27 se proyecta un leve incremento a 1,14, manteniéndose muy cerca de la paridad. Para los especialistas, el cambio responde a una mayor conciencia sobre la importancia de las rotaciones para sostener la productividad y recuperar la fertilidad de los suelos.
Rotaciones que mejoran la productividad
Los técnicos destacan que el regreso de las gramíneas permitió revertir problemas asociados al monocultivo, como la pérdida de fertilidad física y química, la proliferación de malezas resistentes y el incremento de plagas. La incorporación de maíz y trigo dentro de las rotaciones agrícolas genera mejores condiciones para el desarrollo posterior de la soja.
De hecho, una de las conclusiones que se consolidan entre los especialistas es que una soja de alto potencial productivo necesita un antecesor de maíz. El aporte de rastrojos, la mejora en la estructura del suelo y una mayor disponibilidad de agua favorecen el crecimiento del cultivo y permiten alcanzar rendimientos superiores cuando las condiciones climáticas acompañan.

El maíz gana terreno y la soja busca mayor eficiencia
Las encuestas realizadas en la región indican que el maíz mantendría una superficie similar o incluso superior a la de la campaña pasada, mientras que la soja de primera crecería alrededor del 10%. En contraste, el trigo registraría una caída estimada del 12%, principalmente por las demoras en la implantación y las dificultades generadas por las lluvias.
Aunque la soja continúa siendo un cultivo central, los productores aún mantienen dudas sobre su rentabilidad, pese a que presenta menores costos de implantación y un manejo más sencillo que otros cultivos. Sin embargo, las mejoras tecnológicas y los cambios en los sistemas de rotaciones comienzan a modificar ese panorama.
En las últimas campañas los rendimientos de la oleaginosa mostraron una recuperación importante. Los especialistas atribuyen este avance a una combinación de genética mejorada, mejores estrategias de manejo y al efecto acumulado de las rotaciones agrícolas.

Tecnología y genética elevan los rindes
Uno de los principales factores detrás de este crecimiento es la incorporación de nuevas variedades con eventos de tolerancia a herbicidas, que simplifican el control de malezas difíciles y permiten alcanzar mayores techos productivos.
A ello se suma el impacto positivo de sembrar soja sobre rastrojos de maíz, una práctica que mejora el comportamiento del cultivo respecto de los antiguos esquemas de soja sobre soja. No obstante, los especialistas advierten que más allá de estas rotaciones aún existen desafíos por resolver, especialmente en materia de fertilización y recuperación de la estructura física de los suelos.
La compactación aparece como uno de los principales problemas, sobre todo en campos arrendados. La limitada exploración radicular reduce el potencial productivo de la soja, mientras que el elevado precio del fósforo, que supera los 1.000 dólares por tonelada, podría limitar nuevas inversiones en nutrición durante la próxima campaña.

El trigo avanza, pero con demoras
Mientras tanto, la siembra de trigo alcanzó el 87% de la superficie prevista, dos puntos porcentuales por encima del año pasado para esta fecha. Sin embargo, las lluvias registradas en sectores del este de la región dificultaron el ingreso de las sembradoras y dejaron unas 100.000 hectáreas con riesgo de implantarse fuera de la fecha óptima.
Pese a estas dificultades, el informe refleja una transformación profunda del modelo agrícola de la región núcleo, donde las rotaciones dejaron de ser una recomendación técnica para convertirse en una estrategia central que combina sustentabilidad, estabilidad productiva y mayores posibilidades de mejorar los rendimientos de los principales cultivos.
