Agropiro: las raíces ocultas que sostienen la producción en el semiárido


En los sistemas ganaderos del sudoeste bonaerense, donde las lluvias suelen ser escasas e irregulares, la capacidad de las pasturas para aprovechar cada milímetro de agua disponible resulta determinante para sostener la producción. En ese escenario, un estudio realizado por especialistas del INTA puso el foco en un componente poco visible, pero fundamental: las raíces. La investigación analizó el comportamiento subterráneo del agropiro alargado, una de las especies forrajeras más utilizadas en los ambientes semiáridos de la región.

El trabajo fue desarrollado por equipos del INTA Hilario Ascasubi, las Agencias de Extensión de Médanos y Patagones, el Instituto de Suelos de Castelar y la Universidad Nacional del Sur. El objetivo fue comprender cómo funciona el sistema radicular del agropiro y qué papel desempeña en la adaptación de la especie a condiciones de baja disponibilidad hídrica, aportando información local para optimizar las prácticas de manejo.

Un sistema subterráneo que garantiza la supervivencia

De acuerdo con los resultados obtenidos, el agropiro mantiene una biomasa radical promedio de 14 toneladas por hectárea hasta la tosca, sin diferencias significativas entre establecimientos ni ambientes evaluados. Este comportamiento refleja una estrategia adaptativa que le permite asegurar el acceso al agua y sostener la producción aun en contextos climáticos adversos.

Ileana Frasier, investigadora del Instituto de Suelos del INTA, explicó que una parte importante de la productividad anual de la especie se destina al desarrollo y mantenimiento de las raíces, lo que le otorga una ventaja frente a otras alternativas forrajeras en regiones donde las precipitaciones suelen ser limitantes.

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Foto: INTA

Además, el estudio reveló que el 62% de las raíces se concentra en los primeros 20 centímetros del suelo, una franja clave para capturar con rapidez el agua proveniente de lluvias ocasionales y de bajo volumen. Esta distribución permite que la pastura aproveche de manera eficiente cada evento de precipitación.

La capacidad de adaptarse según el agua disponible

Uno de los aspectos más destacados de la investigación fue la identificación de una marcada plasticidad radicular. El agropiro modifica la distribución de sus raíces en función de las condiciones hídricas presentes en cada ambiente, una característica que explica gran parte de su éxito en zonas semiáridas.

Los investigadores observaron que en Patagones, donde las precipitaciones son menores, la especie concentra una mayor proporción de raíces cerca de la superficie para captar rápidamente el agua disponible. Esta estrategia permite maximizar el aprovechamiento de lluvias esporádicas antes de que la humedad se pierda por evaporación.

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En Villarino, en cambio, las raíces tienden a explorar capas más profundas del suelo. Según Luciano Zubiaga, investigador del INTA Hilario Ascasubi, la arquitectura radical se ajusta de manera dinámica a la disponibilidad de agua, demostrando una notable capacidad de adaptación a distintos escenarios productivos.

Diversidad de manejos y alta tolerancia

El relevamiento realizado en los establecimientos analizados mostró una amplia variedad de estrategias de implantación y aprovechamiento. Aunque la siembra directa fue la práctica predominante, también se registraron casos de labranza convencional y diferencias importantes en fechas y densidades de siembra.

La variabilidad también quedó reflejada en los sistemas de pastoreo. Los técnicos encontraron diferencias en la carga animal, la intensidad de uso, los períodos de descanso y la frecuencia de ingreso de los animales a los lotes. Esta diversidad evidencia la capacidad del agropiro para adaptarse incluso a manejos que no siempre son los ideales.

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Más carbono, mejores suelos

El aporte del agropiro trasciende la producción de forraje. Los investigadores estimaron que, a partir de la biomasa radical registrada, la especie incorpora cerca de seis toneladas de carbono por hectárea al suelo, contribuyendo de manera significativa a la mejora de sus propiedades físicas y biológicas.

Las raíces funcionan como una vía directa de ingreso de carbono, favoreciendo el aumento de la materia orgánica y mejorando la estructura del suelo. Este proceso incrementa la capacidad de retención de agua y fortalece la fertilidad, factores esenciales para sostener la productividad a largo plazo.

A pesar de la diversidad de manejos observada en los establecimientos relevados, el agropiro mantuvo una biomasa radical estable. Para los investigadores, esta capacidad de sostener su estructura subterránea en distintos contextos productivos confirma su valor estratégico para la ganadería extensiva.