El seguro multirriesgo gana terreno como motor para potenciar el maíz argentino


El Congreso Maizar 2026 volvió a dejar sobre la mesa uno de los grandes desafíos de la agricultura argentina: cómo lograr que más productores se animen a invertir en planteos de alto rendimiento sin quedar expuestos a los riesgos climáticos y financieros. En ese contexto, el seguro multirriesgo apareció como una de las herramientas más importantes para impulsar la producción de maíz y acercar al promedio de los productores a los niveles de los planteos más eficientes.

La discusión fue impulsada por Jorge Bassi, representante de Bunge Cono Sur, quien sostuvo que el crecimiento del cultivo no depende únicamente de contar con mejor genética o más tecnología disponible, sino también de generar condiciones que reduzcan la incertidumbre y permitan tomar decisiones productivas más ambiciosas.

En diálogo con Revista Chacra durante el evento, el especialista aseguró que la estabilidad resulta fundamental para que el productor pueda concentrarse en mejorar los procesos agronómicos y no en sobrevivir a la volatilidad financiera. “La estabilidad es muy importante porque hace que el productor se enfoque en los procesos productivos y no en los financieros”, afirmó Bassi.

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Foto: INTA

La cobertura que podría cambiar las decisiones productivas

Para el referente de Bunge, el seguro multirriesgo puede transformarse en la “llave” capaz de modificar los tradicionales planteos defensivos que predominan en muchos esquemas productivos argentinos. Según explicó, cuando el productor cuenta con respaldo frente a pérdidas climáticas o económicas, aumenta la predisposición a invertir más fuerte en insumos y manejo agronómico.

La lógica detrás de esta herramienta es sencilla: menor exposición al riesgo implica mayor capacidad para apostar a estrategias de alto rendimiento, especialmente en campañas atravesadas por sequías, excesos hídricos o fuertes variaciones de precios.

Bassi señaló que esta dinámica ya se observó en otros países y consideró que el seguro multirriesgo puede cumplir el rol de “paracaídas” necesario para sostener inversiones más agresivas en el maíz. “Ha ocurrido en otros países. Para mí es la llave”, sostuvo durante su participación en el Congreso.

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El nitrógeno, señalado como la gran clave del rendimiento

Dentro de ese esquema, Bassi identificó a la fertilización nitrogenada como uno de los principales factores para lograr el salto productivo pendiente en el maíz argentino. “La llave del nitrógeno es la llave del rendimiento en las gramíneas”, aseguró, al explicar que los mejores planteos se caracterizan por trabajar con esquemas de nutrición mucho más precisos e intensivos.

Según el especialista, la diferencia entre los productores promedio y los líderes no radica en un único aspecto, sino en una combinación de decisiones agronómicas, manejo tecnológico y estabilidad financiera. En ese sentido, destacó que los planteos más avanzados incorporan siembras de maíz de alta precisión, materiales genéticos de última generación y fertilización balanceada con dosis elevadas de nitrógeno.

Sin embargo, reconoció que muchos productores todavía no se animan a aplicar mayores niveles de fertilización debido al costo económico y al riesgo climático. “Para animarte a esos 50 DN o 60 DN que pueden estar faltando, la estabilidad financiera y el desarrollo de este tipo de herramientas es muy importante”, explicó.

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El maíz sigue creciendo pese a la volatilidad

A pesar de las dificultades climáticas de los últimos años, Bassi destacó que el maíz argentino mostró una evolución importante en distintas regiones productivas. Según señaló, en las principales zonas maiceras ya se registran rindes promedio superiores a los 10.000 kilos por hectárea.

Ese crecimiento estuvo impulsado por mejoras genéticas vinculadas a la tolerancia a sequía y resistencia a insectos, además de nuevas estrategias de manejo que ampliaron las posibilidades productivas del maíz. No obstante, el gran desafío sigue siendo extender esos niveles de eficiencia a una mayor cantidad de productores.

En un contexto marcado por la volatilidad climática, económica y comercial, el debate sobre herramientas de cobertura ganó centralidad en Maizar 2026. Para Bassi, el futuro del maíz argentino dependerá no solo de la tecnología disponible, sino también de la capacidad de construir un entorno que reduzca la incertidumbre y permita producir con mayor previsibilidad.

“No nos queda otra que manejar el riesgo, la volatilidad”, resumió el especialista, sintetizando uno de los principales mensajes que dejó el Congreso sobre el futuro de la agricultura argentina.