Agricultura y ganadería se integran para producir más y mejor


La agricultura y la ganadería dejaron de pensarse como actividades separadas para convertirse en dos componentes de un mismo sistema productivo. Esa transformación es el eje de trabajo de los productores que integran la Chacra Sistemas Integrados Agrícolas Ganaderos (SIPAG) de Aapresid, donde las decisiones se apoyan cada vez más en mediciones, indicadores y datos concretos.

El objetivo no pasa solamente por sumar animales a los lotes agrícolas o incorporar cultivos de servicios a la ganadería. La apuesta consiste en encontrar el punto de equilibrio entre producción de carne, salud del suelo, disponibilidad de agua y rendimiento agrícola, con una mirada integral que permita mejorar los resultados económicos y ambientales.

Un nuevo manejo para los cultivos de servicios

Uno de los cambios más importantes se produjo en el manejo de los cultivos de servicios durante el invierno. Rafael Zabaleta, integrante de una empresa que combina cría, recría, feedlot y agricultura, explicó que trabajan con mezclas de 80% de avena y 20% de vicia, sembradas de manera escalonada entre principios de febrero y marzo.

El cambio principal estuvo en la forma de pastorear. Mientras anteriormente se buscaba consumir la mayor cantidad posible de biomasa, el aprendizaje generado en la Chacra llevó a adoptar pastoreos rápidos y rotativos que aprovechan solamente el tercio superior de las plantas. La estrategia permite conservar una parte de la estructura vegetal y acelerar el rebrote durante el invierno.

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Según Zabaleta, este manejo elevó el promedio anual de ganancia diaria de peso de 480 a 520 gramos por animal, además de incrementar la capacidad de carga global. La clave está en no confundir aprovechamiento con consumo total: dejar biomasa suficiente puede terminar generando más forraje a lo largo del ciclo.

Menos malezas y mejores condiciones para sembrar

El beneficio de la integración no queda limitado a la ganadería. Los productores también observaron efectos sobre el cultivo agrícola que sigue en la rotación. Los lotes donde se realizó un pastoreo moderado presentaron menor presión de malezas frente a los cultivos de servicios sin pastorear y a los barbechos químicos tradicionales.

La menor presencia de cobertura y rastrojo también facilita el trabajo de las sembradoras. De acuerdo con la experiencia de la Chacra, esa condición está acompañada por tendencias crecientes de rendimiento en los cultivos posteriores, aunque el resultado depende de cada ambiente y del manejo aplicado.

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La recría también cambia dentro de la rotación

Otro de los pilares del sistema es la recría de animales sobre lotes agrícolas durante el invierno. En el establecimiento gestionado por Felipe Kleine, la disponibilidad de mayor producción de maíz permitió reformular un proceso que históricamente era largo para la ganadería y de bajas ganancias de peso.

El sistema actual diferencia entre verdeos “largos” y “cortos”. Los primeros permanecen disponibles durante buena parte del ciclo para sostener categorías con mayores requerimientos o asegurar condiciones adecuadas para la reproducción. Los segundos reciben un pastoreo rápido durante el invierno y luego son suprimidos para dar paso al cultivo agrícola.

Esta reorganización permite acelerar la recría mediante mayores ganancias sobre los verdeos, pero sin comprometer el agua necesaria para el cultivo posterior. En ambientes con restricciones hídricas, esta coordinación resulta determinante: la ganadería debe adaptarse a las necesidades de la agricultura y no competir con ella por las reservas del perfil.

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El agua como límite que no se negocia

Kleine explicó que, en las zonas más restrictivas, el final del invierno marca un límite inamovible para el aprovechamiento del verdeo. El corte o secado químico debe realizarse hacia fines de agosto para preservar la humedad acumulada en el suelo y garantizar una correcta implantación de los cultivos de verano.

Así, el pastoreo moderado de los cultivos de servicios y el secado anticipado de los verdeos aparecen como dos decisiones concretas para equilibrar carne, suelo, agua y agricultura. La experiencia demuestra que la sinergia entre agricultura y ganadería puede transformar períodos improductivos en oportunidades y, al mismo tiempo, aportar mayor estabilidad frente a los desafíos económicos y climáticos.