La fertilización foliar gana terreno como aliada del rendimiento


La nutrición de los cultivos suma una herramienta que busca complementar, no reemplazar, a la fertilización tradicional. La aplicación de nutrientes directamente sobre las hojas (fertilización foliar) permite corregir deficiencias con mayor rapidez y acompañar a las plantas en momentos de alta demanda, una estrategia que cobra relevancia a medida que mejoran las formulaciones y las tecnologías de aplicación.

Ensayos realizados por el INTA Famaillá, en Tucumán, encontraron respuestas productivas en papa y maní cuando la fertilización foliar fue incorporada a un esquema nutricional planificado. Los resultados muestran que el impacto no depende solamente del producto utilizado, sino también de elegir el nutriente, la dosis y el momento adecuados según las necesidades fisiológicas del cultivo.

Una herramienta para momentos críticos

Aunque el suelo continúa siendo la principal vía para aportar los nutrientes que las plantas requieren en mayores cantidades, las hojas también pueden absorberlos y distribuirlos dentro de la planta. Esa capacidad convierte a la fertilización foliar en una alternativa para actuar rápidamente ante determinadas deficiencias, especialmente cuando las raíces enfrentan restricciones para incorporar nutrientes.

“La fertilización foliar no reemplaza a la fertilización del suelo, sino que la complementa”, explicó Roberto Sopena, especialista del INTA Famaillá. Según el investigador, su principal ventaja consiste en corregir deficiencias de manera rápida y acompañar al cultivo durante las etapas de mayor demanda nutricional.

Fertilización Foliar, Agricultura, Cultivos
Foto: INTA

La eficacia de la práctica está condicionada por varios factores. La edad de las hojas, la temperatura, la humedad y la radiación al momento de aplicar pueden modificar la absorción. También resultan determinantes la cobertura de la superficie foliar y la elección del fertilizante de acuerdo con el estado fenológico. Además, los nutrientes no presentan el mismo comportamiento: nitrógeno, fósforo, potasio y magnesio son más móviles, mientras que calcio y boro tienen una movilidad mucho menor.

Papa: más tubérculos y mayor peso

En papa primicia, los ensayos realizados por el INTA durante la campaña 2024 en Monte Bello compararon distintas formulaciones aplicadas entre los 20 y los 80 días posteriores a la emergencia. El resultado más destacado apareció cuando la nutrición foliar se planteó como una estrategia que acompañó todo el ciclo del cultivo, en lugar de concentrar las aplicaciones en un único momento.

Las primeras aplicaciones con cobalto y molibdeno favorecieron el establecimiento de las plantas. Luego, los aportes de zinc, nitrógeno, boro, potasio y calcio contribuyeron a incrementar tanto el número como el peso de los tubérculos. El tratamiento que integró todas esas aplicaciones fue el que alcanzó los mayores rendimientos.

Papa, Biofertilizantes
Foto: INTA

Para Sopena, el dato central de los ensayos es que la planificación resulta determinante. “Las mayores respuestas aparecen cuando las aplicaciones acompañan las necesidades fisiológicas de la planta”, señaló. Así, la fertilización foliar deja de ser una intervención aislada para convertirse en parte de un programa nutricional.

Maní: el efecto combinado marca la diferencia

La respuesta también fue positiva en maní. Durante la campaña 2024-2025, los ensayos desarrollados en el departamento Graneros mostraron incrementos productivos con aplicaciones de potasio y zinc frente al tratamiento sin fertilización. Sin embargo, el comportamiento más interesante surgió al combinar nutrientes.

Las mezclas presentaron respuestas superiores a las aplicaciones individuales, un resultado que evidencia el efecto complementario entre distintos elementos. Para los sistemas productivos, esta posibilidad abre una alternativa para ajustar la nutrición en función de las necesidades específicas de cada etapa y evitar correcciones tardías.

Maní

El INTA destaca además que la fertilización foliar puede mejorar la eficiencia en el uso de micronutrientes, reducir el impacto de algunas limitaciones del suelo y corregir desequilibrios nutricionales con rapidez. Las nuevas formulaciones también permiten incorporar aminoácidos, inductores de defensa y reguladores de crecimiento, mientras que la agricultura de precisión facilita definir dosis, lugares y momentos de aplicación.

“Hoy contamos con formulaciones mucho más eficientes que hace algunos años”, afirmó Sopena. La evolución tecnológica, combinada con un diagnóstico nutricional adecuado, convierte así a la fertilización foliar en una herramienta cada vez más precisa para potenciar el rendimiento sin desplazar a la fertilización de base.