La tierra agrícola volvió a marcar valores máximos tras 15 años


El precio de la tierra agrícola en una de las principales zonas productivas de la Argentina volvió a alcanzar un máximo nominal después de 15 años sin superar el récord anterior. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), la hectárea en la subzona maicera de la Región Núcleo, tomando como referencia Pergamino, Rojas y Colón, promedió US$17.900 entre enero y julio de 2026.

El valor no solo confirma la recuperación del mercado inmobiliario rural, sino que también representa el quinto año consecutivo de suba nominal. La cifra de 2026 supera los US$17.350 registrados en 2012, cuando la tierra agrícola atravesaba uno de los ciclos de mayor valorización de las últimas décadas.

Sin embargo, detrás de ese récord aparece un dato que cambia la lectura. Cuando se ajusta el precio por la inflación de Estados Unidos, la hectárea todavía está 28,5% por debajo del máximo real de 2012. Es decir, el mercado recuperó el récord en dólares corrientes, pero todavía no alcanzó el poder de compra que tenía la tierra agrícola durante el anterior ciclo alcista.

Tierra Agrícola, Zona Núcleo
Foto: Informe BCR

De US$2.600 a casi US$18.000 por hectárea

De acuerdo con la información de la BCR, elaborada sobre datos de Márgenes Agropecuarios, el precio de la hectárea tocó un piso de US$2.600 en 2002, luego de la salida de la convertibilidad. A partir de allí comenzó un ciclo extraordinario que llevó el valor hasta US$17.350 en 2012, multiplicándolo por 6,7 veces.

Ese período estuvo acompañado por el súper ciclo de las materias primas, la expansión de la siembra directa y mejoras en la productividad agrícola. Pero desde 2013 comenzó una extensa etapa de corrección. El precio nominal llegó a caer hasta US$13.950 en 2021, un 20% por debajo del máximo anterior.

Desde 2022, en cambio, la tendencia se revirtió y la tierra agrícola acumuló cinco años consecutivos de crecimiento nominal, con una suba del 28% hasta el promedio registrado en 2026.

En términos reales, el recorrido es diferente. La BCR estima que los US$17.350 de 2012 equivalen actualmente a unos US$25.300 por hectárea, mientras que el piso se ubicó en US$16.032 en 2023. Los valores actuales, cercanos a US$18.000, son los más altos desde 2020, pero todavía permanecen lejos del máximo histórico ajustado por inflación.

Tierra Agrícola, Zona Núcleo
Foto: Informe BCR

El alquiler también recuperó valor en dólares

La recuperación de la tierra agrícola no se limita al precio de venta. Para la BCR, los arrendamientos agrícolas también mejoraron su valor en dólares “billete”, un dato relevante porque una parte importante de la agricultura de la Región Núcleo se desarrolla sobre campos alquilados.

El alquiler orientativo para la subzona maicera se ubicó en 19 quintales de soja por hectárea durante la campaña 2025/26. Ese nivel se mantiene estable desde hace cuatro campañas y refleja una demanda firme por la tierra agrícola, incluso después de varios años con rindes inferiores al potencial productivo de la región.

La evolución en dólares fue más volátil. Entre 2012/13 y 2021/22, el alquiler se movió entre US$237 y US$442 por hectárea, con fuertes pisos en las campañas 2014/15 y 2019/20. En la última campaña, en cambio, alcanzó unos US$570 por hectárea.

Tierra Agrícola, Zona Núcleo
Foto: Informe BCR

Una rentabilidad que alcanzó su máximo

La mejora de los alquileres también modificó la ecuación para quienes invierten en campos con el objetivo de obtener ingresos mediante arrendamientos. El ejercicio realizado por la BCR muestra que la rentabilidad bruta teórica osciló entre 1,33% y 4,06% anual durante el período analizado.

El máximo de la serie se ubicó en las campañas 2024/25 y 2025/26, mientras que el mínimo correspondió a 2019/20. Para la última campaña, la rentabilidad estimada llegó a 3,17%, el mayor registro bajo los precios actuales de la tierra agrícola y los alquileres.

El dato refleja que la valorización del campo no eliminó su atractivo como activo productivo. Por el contrario, la combinación de arrendamientos más altos en dólares, una soja por encima de US$400 por tonelada y menores derechos de exportación permitió mejorar el ingreso efectivo de los propietarios.