Los feedlots aumentaron la ocupación y sostienen márgenes positivos, aunque con presión financiera
El negocio del engorde a corral mostró señales de recuperación en el inicio del otoño. Según el último relevamiento de la Cámara Argentina de Feedlot, la ocupación de los feedlots alcanzó el 70,47% al 1° de abril, lo que representó una suba del 4,11% respecto del mes previo y confirmó una reactivación en el nivel de encierre.
El informe, basado en 115 establecimientos asociados, también reflejó una mejora en los indicadores productivos y económicos de los feedlots, con índices de reposición en alza y resultados positivos, aunque condicionados por el costo del financiamiento.
Más encierre y reposición en alza
Uno de los datos más relevantes del período fue la recuperación del índice de reposición, que se ubicó en 1,3, por encima del umbral de equilibrio. Este indicador refleja que los ingresos de hacienda superaron a los egresos, lo que evidencia un proceso de recomposición del stock en los corrales.
En términos operativos, los ingresos representaron cerca del 18% del total, en un contexto donde predominó una estrategia expansiva. Durante marzo, el 57% de los feedlots se encontraba en fase de llenado, mientras que un 34% operaba con salidas pero manteniendo ingresos, y solo un 10% estaba vaciando sin reposición.
Este reparto muestra que, si bien la mayoría apuesta a incrementar el nivel de encierre, aún persiste un grupo de operadores que actúa con cautela ante la volatilidad del negocio.

Diferencias según escala de producción
El informe también evidenció diferencias significativas según el tamaño de los establecimientos. Los feedlots más grandes, con más de 10.000 cabezas, registraron una ocupación del 80%, consolidando un uso más intensivo de su capacidad.
En contraste, los establecimientos de menor escala —hasta 2.000 cabezas— mostraron una ocupación del 45%, mientras que los feedlots intermedios se ubicaron en niveles de entre 57% y 65%.
Esta distribución confirma que los feedlots de mayor tamaño logran mayor eficiencia operativa, mientras que los más pequeños tienden a moverse con mayor prudencia en contextos de incertidumbre.
Crecimiento de la recría y orientación al mercado interno
Otro dato destacado del relevamiento fue el crecimiento del stock de recría, que alcanzó las 184.592 cabezas, con una suba del 13% respecto del mes anterior en las mismas empresas.
Dentro de este total, la recría a corral mostró el mayor dinamismo, con 106.038 cabezas y un incremento del 18%, mientras que la recría a campo llegó a 78.554 cabezas, con una suba más moderada del 6%.

En cuanto a las salidas de hacienda, el 63,8% se destinó al mercado interno, mientras que el 36,2% tuvo como destino la exportación. Esto refleja que, si bien el negocio exportador sigue siendo relevante, el abastecimiento del consumo doméstico continúa siendo el principal motor de la actividad.
En los establecimientos que brindan servicios de hotelería, el 71% de la hacienda corresponde a la industria, con una distribución que favorece la exportación (60%) frente al consumo interno (40%).
Rentabilidad positiva, pero ajustada
En el plano económico, el informe mostró que el negocio del feedlot volvió a ubicarse en terreno positivo. La utilidad antes de intereses e impuestos alcanzó los $122.165 por cabeza, equivalente a unos 88 dólares.
Sin embargo, al incorporar el costo financiero, el resultado se reduce significativamente a $40.039 por cabeza, es decir, unos 29 dólares. Este dato evidencia el fuerte impacto del financiamiento sobre la rentabilidad final de los feedlots.
Con una inversión superior a $1,5 millones por animal, la renta sobre inversión se ubicó en 8% sin costo financiero y en 3% incluyéndolo, mientras que la renta anual se estimó en 22% y 7%, respectivamente.

Un negocio en recuperación, pero con desafíos
El panorama general muestra un sector en proceso de recuperación, con mayor ocupación, incremento en la reposición y crecimiento de la recría. Sin embargo, también deja en evidencia que la mejora no es homogénea y que los resultados siguen siendo sensibles a variables clave. Entre ellas, el costo financiero aparece como uno de los principales condicionantes, capaz de reducir de manera significativa los márgenes del negocio.
En este contexto, el engorde a corral logra sostener números positivos, pero con rentabilidad ajustada y dependencia de condiciones macroeconómicas, lo que obliga a los operadores a mantener estrategias cuidadosas en la gestión del encierre.
