Estudios del INTA logran fijar más nitrógeno mediante edición génica


La búsqueda de sistemas productivos más eficientes y sustentables sumó un nuevo avance en Agroactiva 2026. Allí, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) presentó resultados de investigaciones orientadas al desarrollo de microorganismos editados genéticamente capaces de mejorar el desempeño de los inoculantes utilizados en agricultura. Los primeros ensayos mostraron datos alentadores, con incrementos de hasta un 6% en el rendimiento de soja y reducciones cercanas al 22% en las emisiones de óxido nitroso, uno de los gases de efecto invernadero más vinculados a la actividad agropecuaria.

La iniciativa surge como respuesta a uno de los desafíos más importantes de la producción agrícola moderna: el manejo del nitrógeno. Según explicó Nicolás Ayub, investigador del INTA-Conicet, la fertilización nitrogenada representa un costo creciente para los productores y está fuertemente condicionada por la volatilidad de los mercados internacionales, factores que impactan directamente sobre la rentabilidad de los cultivos.

En ese contexto, el INTA trabaja en una estrategia basada en la mejora genética de microorganismos que ya forman parte de los inoculantes utilizados habitualmente. El objetivo es potenciar su capacidad natural para fijar nitrógeno biológico y, de ese modo, incrementar la eficiencia del sistema sin modificar las prácticas productivas vigentes.

Maíz, refertilización, nitrógeno, exportaciones, fertilidad

Más rendimiento y menor impacto ambiental

Los resultados obtenidos por el INTA hasta el momento muestran un doble beneficio. Por un lado, los cultivos de soja tratados con estos microorganismos editados registraron aumentos de rendimiento que podrían alcanzar el 6%, una mejora significativa para un cultivo clave de la agricultura argentina.

Por otro lado, la mayor eficiencia en el aprovechamiento del nitrógeno permitió observar una disminución cercana al 22% en las emisiones de óxido nitroso, un compuesto con elevado potencial de calentamiento global. De esta manera, la tecnología no sólo apunta a mejorar los resultados económicos de los productores, sino también a reducir la huella ambiental de la actividad.

Ayub destacó que el avance representa un cambio de paradigma dentro de la biotecnología agropecuaria. Hasta ahora, las mejoras genéticas se concentraban principalmente en cultivos y animales. Sin embargo, los nuevos desarrollos permiten optimizar la genética de los microorganismos utilizados como bioinsumos, abriendo la puerta a una evolución continua de los inoculantes y a la generación de productos cada vez más eficientes.

Agricultura, fungicida, nanotecnología

La misma práctica, con una tecnología superior

Uno de los aspectos que más entusiasma a los investigadores del INTA es la facilidad de adopción de la innovación. A diferencia de otras tecnologías que exigen modificaciones en el manejo agronómico, los productores podrán utilizar estos inoculantes exactamente del mismo modo que emplean los actuales.

Según explicaron desde el equipo técnico, no será necesario incorporar maquinaria específica ni cambiar procedimientos de trabajo. La diferencia estará en la genética del microorganismo, que ofrecerá mejores prestaciones sin alterar la operatoria cotidiana en el campo. Esto permitiría acelerar la adopción comercial una vez completadas las etapas de validación y escalamiento.

Además de los beneficios productivos inmediatos, los investigadores del INTA estiman que una mayor fijación biológica de nitrógeno contribuirá a dejar más nutrientes disponibles en el suelo. Esto podría traducirse en menores costos de producción y en una utilización más eficiente de los recursos naturales, fortaleciendo la sustentabilidad de los sistemas agrícolas.

Agricultura, bioestimulantes

Argentina busca liderar una nueva generación de bioinsumos

El desarrollo del INTA se enmarca dentro de una tendencia global que impulsa el crecimiento de los bioinsumos como alternativa para mejorar la productividad y reducir el impacto ambiental. En este escenario, los inoculantes aparecen como una herramienta estratégica para aprovechar microorganismos capaces de aportar nitrógeno de manera natural a los cultivos.

De acuerdo con Ayub, la Argentina ya cuenta con avances científicos y aprobaciones regulatorias que la posicionan entre los países líderes en microorganismos editados genéticamente, considerados non-GMO debido a que no incorporan genes provenientes de otras especies. Estos logros incluso recibieron reconocimientos internacionales y consolidan el potencial del país en este campo.

Las perspectivas futuras van más allá de la agricultura. Los especialistas consideran que los microorganismos editados podrían transformar el mercado de biofertilizantes y biocontroladores, además de generar aplicaciones en áreas como la biorremediación ambiental, la producción de alimentos y el estudio de microbiotas animales y humanas. Para el INTA, esta tecnología representa una oportunidad concreta para que la Argentina encabece una nueva etapa de innovación agropecuaria con impacto productivo, tecnológico y comercial.