Un estudio del INTA revela cómo el manejo agrícola transforma el carbono del suelo
El manejo agrícola no solo impacta sobre la cantidad de carbono presente en el suelo, sino también sobre la forma en que ese carbono se organiza y queda protegido dentro de su estructura. Esa es una de las principales conclusiones de una investigación realizada por el Instituto de Ingeniería Rural (IIR) del INTA, que analizó cómo distintas estrategias productivas modifican los procesos de agregación del suelo y, con ello, su capacidad para conservar la materia orgánica.
El trabajo, encabezado por el investigador Marcos Roba, aporta una nueva mirada sobre la salud de los suelos agrícolas. En lugar de enfocarse únicamente en la cantidad total de carbono, la investigación estudia cómo se distribuye ese carbono dentro de los distintos tipos de agregados, una información que podría convertirse en una herramienta clave para detectar procesos de degradación antes de que sean visibles mediante los indicadores tradicionales.

La estructura del suelo, bajo la lupa
Como parte del estudio, Roba evaluó tres suelos limosos con cinco secuencias de cultivo diferentes para determinar cómo influye la intensidad del manejo agrícola, medida a partir de la cantidad de cultivos por año y de la proporción de gramíneas en la rotación. El análisis comparó agregados biogénicos, originados por la actividad de organismos vivos, con agregados fisicogénicos, generados por procesos físicos, con el objetivo de comprender cómo se organiza y estabiliza la estructura del suelo.
Durante su doctorado, el investigador realizó una estadía de seis meses en el Laboratorio Multiusuario de Ultraestructura de la Universidad Federal Rural de Río de Janeiro (Brasil), donde desarrolló un protocolo innovador para estudiar agregados de suelo mediante microscopía electrónica de barrido y espectroscopía de rayos X. La metodología permitió analizar muestras sin alterar su estructura natural, ofreciendo una visión mucho más precisa de la composición superficial de los agregados.
Gracias a esta técnica fue posible validar científicamente la clasificación visual de los agregados utilizando imágenes de alta resolución y análisis químicos. Además, sobre las mismas muestras se evaluaron propiedades como la hidrofobicidad, la textura, la estabilidad estructural y diferentes fracciones de carbono, integrando toda la información mediante herramientas de estadística multivariada para obtener una interpretación más completa del comportamiento del suelo.

Más intensidad agrícola, más cambios en el carbono
Los resultados mostraron que el manejo agrícola modifica indirectamente el carbono al alterar la estructura del suelo y favorecer distintos mecanismos de agregación. A medida que aumenta la intensidad de las secuencias de cultivo, crece la presencia de agregados biogénicos, impulsados por la actividad de microorganismos, raíces y fauna del suelo, elementos que desempeñan un papel fundamental en la protección de la materia orgánica.
En dos de los tres sitios estudiados, estos agregados biogénicos presentaron una mayor concentración de carbono superficial asociado al carbono particulado. Sin embargo, los investigadores advirtieron que esta respuesta no puede generalizarse, ya que las diferencias observadas dependieron tanto de las características de cada ambiente como del grado de degradación previo de los suelos analizados.
“Tanto la degradación como la agregación del suelo implican un cambio en cómo se organiza, se acumula y se protege el carbono”, explicó Roba. Según el especialista, comprender estos procesos permite identificar con mayor precisión el momento en que el suelo comienza a perder capacidad para retener carbono, ofreciendo la posibilidad de ajustar las prácticas de manejo.

Una nueva línea para anticipar la degradación
Los investigadores remarcaron que el estudio no busca determinar si una mayor intensidad agrícola es positiva o negativa por sí sola. El verdadero desafío consiste en evaluar si ese nivel de manejo es compatible con la capacidad del ambiente para conservar su estructura, mantener la materia orgánica y evitar procesos de degradación.
En ese sentido, el trabajo propone utilizar la organización del suelo a través de sus agregados como un posible indicador temprano de cambios estructurales. Aunque los resultados todavía son preliminares y deberán validarse en otros ambientes y sistemas productivos, abren una nueva línea de investigación para comprender mejor el funcionamiento de los suelos agrícolas.
