El Niño cambia las reglas para sembrar la gruesa y cuidar los lotes
La campaña de gruesa comenzará con una ventaja que puede transformarse también en un riesgo: abundante disponibilidad de agua. Los suelos presentan actualmente reservas de agua útil de entre 70% y 80%, mientras que el pronóstico climático anticipa lluvias superiores a lo normal por la presencia de El Niño. En este escenario, el desafío para los productores será aprovechar ese recurso sin que los excesos terminen comprometiendo la implantación.
Mariano Cicchino, jefe del INTA Chascomús y especialista en manejo de cultivos y verdeos, describió el escenario como favorable desde el punto de vista hídrico. “Hoy nos encontramos en una situación buena en cuanto a reserva de agua útil en el suelo”, explicó, al comparar las condiciones actuales con las de la campaña anterior. La diferencia está en que esta vez existe un pronóstico El Niño de corto plazo que anticipa precipitaciones por encima de los valores normales.
La mayor disponibilidad de agua producto de El Niño puede permitir apuntar a techos de rendimiento elevados, especialmente en los lotes que cuentan con buen drenaje y no presentan limitaciones. Pero la situación no será uniforme. La distribución de las lluvias y las características de cada ambiente determinarán qué lotes podrán aprovechar el escenario y cuáles deberán ser manejados con mayor cautela.

El agua puede ser una ventaja, pero también un problema
El Niño suele asociarse con períodos de precipitaciones abundantes, aunque las lluvias no se distribuyen de manera homogénea. En lotes tendidos o con baja capacidad de retención y drenaje, los excesos pueden generar encharcamientos e inundaciones, reducir la superficie efectivamente sembrada y afectar la calidad final de los granos.
El exceso hídrico tampoco se limita al momento de la implantación. Las enfermedades, las plagas, la calidad de la semilla y la posibilidad de realizar labores a tiempo también pueden verse condicionadas por un suelo demasiado húmedo. Por eso, el manejo deberá contemplar no solamente cuánta agua hay disponible, sino también cuánto puede soportar cada ambiente sin perder capacidad operativa.
Ante un panorama El Niño, una de las principales recomendaciones del INTA es cuidar el piso del lote. Cicchino aconsejó reducir las labranzas innecesarias y evitar mover el suelo cuando no resulte indispensable. Mantener una estructura que permita ingresar al lote en el momento adecuado puede ser determinante en una campaña donde las ventanas de trabajo podrían ser más reducidas.

Fechas de siembra, la decisión que puede marcar la campaña
La fecha de implantación será otro factor central. El especialista recomendó apostar a siembras tempranas siempre que las condiciones del lote lo permitan, con el objetivo de aprovechar la disponibilidad de agua y evitar que los cultivos atraviesen etapas críticas bajo condiciones menos favorables.
La secuencia habitual comienza con el maíz, continúa con el girasol y posteriormente con la soja. Los tres cultivos cuentan con alternativas de siembra tardía, aunque retrasar la implantación implica resignar potencial de rendimiento y requiere adaptar el manejo a las nuevas condiciones. Por eso, no existe una fecha única para todos los lotes: la decisión dependerá del agua disponible, el piso y la fuerza de El Niño.
En los ambientes con buen comportamiento hídrico, el escenario permitiría buscar mayores rendimientos mediante una combinación de manejo del agua, fertilización y elección de híbridos de alto potencial. Allí, la abundancia de precipitaciones a causa de El Niño puede convertirse en una herramienta para maximizar la productividad si el resto de las condiciones acompaña.

Cada lote tendrá su propia estrategia
La situación cambia en los sectores más someros o con mayor tendencia al encharcamiento. En esos ambientes, esperar para sembrar puede ser una decisión más conveniente que apurarse, especialmente si hacerlo permite recuperar condiciones adecuadas de piso y reducir el riesgo de pérdidas por exceso de agua.
El planteo del INTA apunta así a abandonar las decisiones generalizadas y trabajar sobre las particularidades de cada ambiente. Estado hídrico, capacidad de drenaje, fecha de siembra y potencial productivo deberán analizarse en conjunto antes de definir qué estrategia utilizar.
