La chicharrita retrocedió, pero el maíz inicia la campaña bajo vigilancia


Las poblaciones de Dalbulus maidis, conocida como chicharrita del maíz, volvieron a disminuir durante la primera quincena de septiembre, según el último relevamiento de la Red Nacional de Monitoreo. El dato marca una mejora respecto de las mediciones anteriores y se reflejó en un aumento de las localidades sin presencia del insecto en las cinco regiones productivas analizadas.

La baja de la chicharrita fue especialmente marcada en el NOA, donde el promedio regional pasó de 51 a 18 adultos por trampa respecto de la segunda mitad de agosto. Aun así, el nivel actual permanece por encima de los 10 ejemplares registrados durante el mismo período de 2025, una diferencia que mantiene encendida la vigilancia en una de las zonas donde históricamente se concentra el vector.

En el NEA también se profundizó el retroceso, con un promedio que cayó de 20 a apenas 5 insectos por dispositivo. Además, el 46% de las localidades relevadas no registró capturas, mientras que el promedio quedó levemente por debajo del observado a igual altura del año pasado. La evolución confirma el efecto de las condiciones climáticas sobre la dinámica de la plaga, aunque no elimina la posibilidad de nuevos movimientos.

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El Litoral y Centro-Norte muestran una menor presión

En el Litoral, el 84% de los sitios evaluados no presentó detecciones de chicharrita, mientras que otro 10% quedó dentro de la categoría de menor presencia, con entre uno y cuatro ejemplares por trampa. Montecarlo, en Misiones, continuó siendo el principal punto de concentración, aunque redujo su nivel a menos de la mitad en comparación con el informe anterior.

El comportamiento también fue favorable en el Centro-Norte, donde el 63% de las localidades no tuvo capturas y el 23% registró entre uno y cuatro individuos. Como consecuencia, el promedio regional bajó de 5,47 a 1,65 adultos por trampa. Sin embargo, el indicador todavía se encuentra por encima de los 0,68 ejemplares registrados un año atrás, por lo que la mejora no implica que el riesgo haya desaparecido.

En este contexto, el relevamiento adquiere especial importancia porque la campaña de maíz comienza a entrar en una etapa sensible. Con el avance de las siembras tempranas, los técnicos plantearon la necesidad de sostener esquemas de monitoreo activos y sistemáticos para detectar rápidamente cualquier cambio en la población de la chicharrita.

Chicharrita del Maíz
Foto: INTA

El maíz voluntario, un punto clave para cortar el ciclo

La principal advertencia apunta a que una población reducida no garantiza que la presión de la chicharrita permanezca baja durante toda la campaña. Si las condiciones ambientales se vuelven favorables, los focos residuales pueden modificar rápidamente su dinámica, especialmente en las regiones endémicas y de transición.

Por ese motivo, el seguimiento deberá acompañar el avance de la implantación y permitir identificar tempranamente eventuales incrementos de la chicharrita. La vigilancia cobra mayor relevancia en los lotes donde existen antecedentes de presencia, ya que allí pequeñas poblaciones pueden convertirse en el punto de partida para una nueva expansión.

Junto con las trampas y los recorridos de monitoreo, los especialistas remarcaron una medida de manejo fundamental: eliminar los maíces voluntarios o “guachos”. Estas plantas pueden actuar como un puente verde entre campañas, ofreciendo alimento y refugio al vector y favoreciendo su supervivencia cuando todavía no comenzó de manera generalizada la nueva siembra.

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Así, el escenario para el inicio del ciclo 2026/27 presenta una señal favorable, pero con una condición: la caída de la chicharrita debe ser acompañada por vigilancia y manejo preventivo. La evolución del clima, los focos que todavía permanecen activos y la presencia de plantas voluntarias serán factores determinantes para establecer si el retroceso observado en septiembre se consolida o si la población vuelve a crecer con el avance del cultivo.