La cebada argentina afianza su perfil maltero con granos de alta calidad
La cebada argentina continúa mostrando señales de fortaleza en uno de los segmentos más exigentes del mercado agrícola. Los resultados obtenidos por la red de ensayos coordinada por el INTA Bordenave y la Cámara de Cerveceros Argentinos revelan que el 90% de los granos evaluados alcanzó calibre de primera, un valor que supera ampliamente el estándar comercial requerido para la producción de malta.
Este indicador, que mide la proporción de granos retenidos sobre una zaranda de 2,5 milímetros, constituye uno de los principales parámetros de calidad para la industria cervecera. En un contexto donde los mercados demandan materias primas homogéneas, la producción argentina logró mantenerse por encima del mínimo de 85% exigido para la categoría maltera durante las últimas tres campañas.
Una red que combina experiencia e innovación
Los resultados son producto de una articulación que lleva casi dos décadas entre el INTA Bordenave y la Cámara de Cerveceros Argentinos. Cada año, la red incorpora entre 12 y 14 cultivares comerciales que funcionan como referencia, además de nuevas líneas experimentales aportadas por los distintos programas de mejoramiento.
La metodología permite comparar materiales de distintas generaciones en múltiples ambientes productivos. Así, variedades de cebada ampliamente difundidas comparten evaluación con desarrollos recientes, lo que facilita medir con precisión la evolución genética alcanzada por el cultivo en los últimos años.
Para Germán González, investigador del INTA Bordenave especializado en mejoramiento genético de cereales forrajeros, la relevancia de estos ensayos va mucho más allá de los rendimientos. Según explicó, la producción de cebada cervecera exige materiales capaces de responder a requerimientos industriales específicos, condición indispensable para acceder a los mercados de exportación.

Productividad con foco en la calidad
Los ensayos mostraron desempeños productivos destacados. El rendimiento promedio alcanzó los 6.342 kilogramos por hectárea, mientras que el cultivar Florence registró un techo productivo de 7.004 kilogramos por hectárea, convirtiéndose en el material de mayor rendimiento dentro de la red.
Junto con Florence, otros cultivares de cebadaccomo Fender, Malkia, Beatriz INTA, Verónica INTA y Overture lograron posicionarse por encima de la media general. Estos resultados reflejan la existencia de alternativas competitivas para distintos ambientes y estrategias productivas, una ventaja importante para los productores.
Sin embargo, en cebada maltera la productividad no es el único aspecto que define el éxito comercial. El tamaño del grano tiene un impacto directo sobre la eficiencia industrial, motivo por el cual los programas de mejoramiento buscan combinar altos rindes con excelentes parámetros de calidad.

Parámetros que garantizan una malta de calidad
De acuerdo con el informe técnico elaborado por el INTA Bordenave, el elevado nivel de calibre registrado en la red favorece una germinación uniforme y mejora el rendimiento de extracto durante el proceso de macerado. Esto permite obtener una materia prima más eficiente para la elaboración de malta y cerveza.
Dentro de los materiales evaluados, Beatriz INTA se destacó por alcanzar un calibre del 94%, el valor más alto registrado en los ensayos, consolidándose como uno de los materiales más sobresalientes desde el punto de vista industrial.
La proteína constituye otro de los parámetros clave para la industria. En las últimas campañas, los ensayos registraron un promedio proteico del 12%, dentro del rango óptimo de entre 9,5% y 13% requerido por las malterías. Entre los cultivares de cebada evaluados, Andreia lideró este indicador con un valor de 12,6%.

La sanidad, otro factor decisivo
La calidad industrial y los altos rendimientos deben convivir con un desafío permanente: el control de enfermedades. La cebada enfrenta la presión de diversos patógenos necrotróficos que sobreviven tanto en el rastrojo como en la semilla y pueden afectar significativamente el potencial productivo.
Entre las principales amenazas figuran la mancha en red, la escaldadura, la Ramularia y la mancha borrosa. Para conocer el verdadero comportamiento de cada material, los ensayos sanitarios se realizan sin aplicaciones de fungicidas, lo que permite evaluar la resistencia genética en condiciones más exigentes.
La información obtenida se transforma luego en herramientas prácticas para la toma de decisiones. A través de un sistema de clasificación visual, los productores pueden identificar rápidamente los cultivares con mejor comportamiento sanitario para cada región, optimizando el uso de insumos y reduciendo riesgos productivos.
