La carne vacuna exportada crece 9%, pero el consumo sigue en baja
Las exportaciones argentinas de carne vacuna mantienen un fuerte ritmo durante 2026 y ya acumulan un crecimiento del 9% en volumen y del 33% en valor frente al mismo período del año pasado. El dato surge del último informe de Rosgan, elaborado con información del INDEC, y muestra una mejora significativa en la capacidad exportadora del sector, aunque convive con un mercado interno que todavía permanece por debajo de los niveles de consumo de 2025.
Durante julio, los embarques de carne vacuna alcanzaron 64.853 toneladas peso producto, equivalentes a 79.533 toneladas res con hueso. Si bien el volumen fue ligeramente inferior al de junio, volvió a superar el registro de julio de 2025 y encadenó así el tercer mes consecutivo con una mejora interanual.
Más carne vacuna exportada y un salto mayor en dólares
En los primeros siete meses del año, las exportaciones de carne vacuna totalizaron 493.500 toneladas res con hueso, por un valor de US$2.768 millones. La comparación con enero-julio de 2025 muestra un crecimiento del 9% en las cantidades, pero el dato más destacado aparece en el ingreso de divisas, que aumentó un 33%.
La diferencia entre ambas tasas revela que el sector no solamente está vendiendo más volumen, sino que también está obteniendo mejores valores por la carne vacuna colocada en el exterior. En un contexto de fuerte demanda internacional, esta mejora adquiere relevancia para una cadena que necesita ampliar sus mercados y generar mayor ingreso de divisas.

El comportamiento de julio confirma además una tendencia que se viene consolidando durante el año. Aunque los embarques mensuales presentan variaciones, la exportación se mantiene por encima de los niveles registrados un año atrás, consolidando al comercio exterior como uno de los principales motores de la cadena bovina.
El consumo interno toca su máximo del año
El crecimiento exportador convive con una situación diferente en el mercado doméstico. Según datos de la Secretaría de Agricultura citados por Rosgan, durante julio se produjeron 267.600 toneladas de carne vacuna equivalente res con hueso.
De ese volumen, unas 79.500 toneladas se destinaron a la exportación, mientras que 191.600 toneladas quedaron en el mercado interno. A partir de esos datos, el consumo aparente alcanzó los 48,6 kilos por habitante al año, el mayor registro mensual en lo que va de 2026.
Sin embargo, la fotografía cambia cuando se observa una ventana más amplia. El promedio móvil de los últimos 12 meses se ubicó en 46,7 kilos por habitante, un 8,4% menos que el nivel registrado un año atrás. Es decir, el repunte de julio todavía no alcanza para revertir la caída acumulada del consumo.

La diferencia entre ambos indicadores resulta significativa. El máximo mensual del año no implica una recuperación estructural de la demanda, sino una mejora puntual que todavía convive con un consumo anualizado históricamente bajo.
Las importaciones se duplicaron
Otro dato que surge del informe es el crecimiento de las compras externas. Entre enero y julio ingresaron al país 17.493 toneladas peso producto de carne vacuna, prácticamente el doble de las 8.765 toneladas importadas durante igual período de 2025.
Brasil concentró el 90% de esas compras, consolidándose como el principal proveedor. En términos económicos, las importaciones representaron US$86,4 millones, con un precio promedio de US$4.941 por tonelada, 20% superior al de un año atrás.

Los mayores volúmenes se registraron en mayo y junio, con alrededor de 3.500 toneladas mensuales. En julio, en tanto, ingresaron 2.440 toneladas, unas 1.000 menos que el mes anterior, aunque todavía más de tres veces por encima del volumen importado en julio de 2025.
El escenario deja así una particular combinación para la ganadería argentina: más exportaciones, mayores ingresos por ventas externas y un consumo interno que continúa rezagado, mientras las importaciones ganan participación. El desafío será determinar si el crecimiento del comercio exterior puede sostenerse sin profundizar la distancia entre la dinámica exportadora y la demanda de los consumidores argentinos.
