Vinos del sur: el INTA impulsa una vitivinicultura con identidad patagónica


El desarrollo de la vitivinicultura en zonas frías de la Argentina suma un nuevo capítulo con los avances logrados en el Valle Inferior del Río Chubut (VIRCH). Allí, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), a través de su Estación Experimental en Trelew, consolida desde hace más de dos décadas un modelo productivo basado en la adaptación de variedades, la innovación tecnológica y el trabajo articulado con productores locales. El resultado es una producción creciente de vinos con identidad territorial, calidad reconocida y proyección a futuro.

Variedades adaptadas y resultados destacados

Uno de los hitos más recientes de este proceso es la obtención de un vino elaborado con cabernet franc, una variedad de ciclo intermedio que mostró un desempeño destacado en condiciones de clima frío. Implantada en 2016 en la experimental del INTA Chubut, esta cepa dio origen a un vino joven y frutado, que fue distinguido como el mejor en la 40° Muestra Agropecuaria del VIRCH.

Cuando empezamos a implantarla teníamos dudas sobre su expresión en estas latitudes, pero se adaptó muy bien”, explicó Belén Pugh, especialista del INTA Chubut y responsable de la elaboración. Según detalló, el cabernet franc en esta región presenta perfiles herbales como pimiento rojo, arveja y menta, junto a notas de frutas negras, lo que lo diferencia de otras variedades más asociadas a frutas rojas.

El reconocimiento obtenido no solo valida el trabajo técnico, sino que también confirma el potencial productivo de la región en términos de vitivinicultura. “Este logro reafirma el rol del INTA como articulador de innovación, agregado de valor e identidad regional”, subrayó Pugh.

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Foto: INTA

Crecimiento sostenido del sector

En los últimos años, la vitivinicultura del VIRCH ha mostrado un crecimiento sostenido, tanto en cantidad de productores involucrados como en volumen de elaboración. Las vendimias recientes reflejan esta tendencia, con proyecciones que alcanzan los 15.000 litros de vino por temporada, una cifra significativa para una actividad en desarrollo.

La producción se caracteriza por vinos que expresan con claridad las condiciones del entorno patagónico. “El clima frío y los suelos del valle permiten obtener perfiles aromáticos distintivos y una buena acidez natural”, explicó Pugh, resaltando una de las principales fortalezas de estos vinos frente a otras regiones del país.

Este crecimiento de la vitivinicultura no es casual, sino el resultado de un enfoque integral que combina investigación, experimentación y transferencia de conocimientos. A partir de este esquema, se consolidó un grupo de vitivinicultores que intercambian experiencias, evalúan vinos y comparten aprendizajes, fortaleciendo el entramado productivo regional.

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Un proceso de desarrollo territorial

El camino recorrido por el INTA en la región se remonta a comienzos de los años 2000. En 2003 se iniciaron los primeros ensayos de adaptación de variedades de vid, con el objetivo de evaluar su comportamiento en las condiciones agroclimáticas del valle. Este trabajo sentó las bases para el desarrollo actual del sector.

Durante los primeros años, las uvas producidas en el VIRCH eran enviadas al INTA Luján de Cuyo, en Mendoza, donde se realizaban los procesos de vinificación y análisis enológico. Esta etapa fue clave para determinar la calidad potencial de los vinos y seleccionar las variedades más adecuadas.

Un punto de inflexión para la vitivinicultura llegó en 2011 con la puesta en marcha de la sala de elaboración en Trelew, que permitió realizar todo el proceso en la propia región. Desde entonces, los productores cuentan con un espacio para vinificar localmente y recibir asesoramiento técnico, lo que impulsó notablemente el desarrollo de la actividad.

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Diversificación y proyección futura

Actualmente, en la sala del INTA se elaboran distintas variedades como pinot noir, malbec, cabernet franc, merlot, syrah y cabernet sauvignon, evidenciando la diversidad y el potencial del valle para la vitivinicultura de clima frío.

El proceso también favoreció la evolución de los productores. “Algunos elaboran sus vinos en la sala del INTA, mientras otros avanzaron hacia proyectos propios”, señaló Pugh. Este crecimiento colectivo permitió mejorar la calidad, ampliar el conocimiento técnico y consolidar vínculos entre los actores de la vitivinicultura.

Con una base sólida de investigación, innovación y cooperación, la vitivinicultura del Valle Inferior del Río Chubut se posiciona como una alternativa productiva en expansión, capaz de ofrecer vinos diferenciados que reflejan la singularidad del territorio patagónico y abren nuevas oportunidades para el desarrollo regional.