Retenciones en baja: calculan que la carga fiscal sobre los granos caerá más de 50% hacia 2028
La reducción gradual de las retenciones anunciada por el Gobierno nacional a través del Decreto 423/2026 volvió a instalar el debate sobre uno de los tributos más cuestionados por el sector agropecuario. Aunque las modificaciones suelen presentarse en términos de puntos porcentuales, un análisis elaborado por el tributarista Santiago Sáenz Valiente sostiene que el verdadero impacto debe medirse sobre la carga fiscal efectiva que soportan los productores.
Según el especialista, cuando se observa la evolución prevista entre 2024 y 2028, las rebajas proyectadas representan reducciones superiores al 50% en los principales cultivos agrícolas. El dato adquiere relevancia porque muestra una dimensión distinta a la que suele difundirse cuando se habla únicamente de cambios en las alícuotas.
“Cuando se produjeron aumentos de estos DEX se indicaban los mismos en diminutivo, ‘puntitos’; sin embargo, midiendo adecuadamente el incremento de la carga fiscal se trataba de porcentajes de gran porte”, señaló Sáenz Valiente a La Nación.

Soja, maíz y trigo: los principales beneficiados
El informe elaborado por el especialista muestra que la soja pasaría de una alícuota del 33% en 2024 al 15% en 2028. Aunque la diferencia es de 18 puntos porcentuales, el efecto real implica una disminución del 54,5% de la carga tributaria que pesa sobre el cultivo.
Un comportamiento similar presentan los subproductos de soja. En ese caso, la alícuota descendería del 31% al 14%, lo que representa una reducción efectiva del 54,8%. Para Sáenz Valiente, estos porcentajes permiten dimensionar con mayor precisión el alcance del nuevo esquema oficial de retenciones.
Los cereales también muestran caídas significativas. Tanto el trigo como el maíz pasarían del 12% al 5,5% en el período analizado, lo que equivale a una reducción real del 54,2%. La cebada seguiría la misma trayectoria, mientras que el sorgo replicaría idéntico comportamiento dentro del cronograma de baja de retenciones previsto por el Gobierno.

El girasol lidera las bajas proyectadas
Entre todos los cultivos contemplados en el análisis, el girasol aparece como el principal beneficiado por la reducción de las retenciones. Su alícuota descendería del 7% al 3%, generando una caída efectiva del 57,1% de la carga fiscal.
Para el tributarista, estos números permiten observar el proceso desde otra perspectiva. “Mostramos la rebaja profunda entre los extremos 2024 y 2028”, explicó al referirse a la metodología utilizada para evaluar el impacto de las modificaciones.
Un impuesto cuestionado por su impacto productivo
Sáenz Valiente recordó que las retenciones son un tributo que se aplica sobre el valor FOB de la mercadería exportada y cuya incidencia económica termina trasladándose al productor. En ese sentido, afirmó que se trata de un impuesto sobre los ingresos y no sobre la rentabilidad real de las explotaciones.
La distancia a los puertos, los costos logísticos, los rendimientos obtenidos, las condiciones climáticas y la estructura de gastos determinan rentabilidades muy distintas entre establecimientos agrícolas. Sin embargo, todos tributan las mismas retenciones. “La renta que debiera ser la medición de la capacidad de contribuir exigida por la Constitución para aplicar un tributo es absolutamente disímil”, sostuvo.

Previsibilidad e inversiones, las claves del debate
Desde la perspectiva del especialista, el Impuesto a las Ganancias es la herramienta que mejor refleja la capacidad contributiva de cada productor. Por eso considera que la equidad tributaria solo puede alcanzarse cuando la carga fiscal está vinculada a la rentabilidad efectiva y no a los ingresos brutos de la actividad.
Además, señaló que una reducción de las retenciones podría generar efectos positivos sobre la inversión, la producción y la recaudación de otros tributos. Según explicó, una menor presión fiscal incentiva la siembra, favorece la incorporación de tecnología y amplía el nivel de actividad económica del sector.
En ese contexto, destacó que la previsibilidad es uno de los factores más valorados por los productores al momento de planificar inversiones de largo plazo. “Los productores necesitan permanencia de normas, es decir seguridad jurídica, para impulsarlos a sembrar, cosechar y comercializar sus productos de la tierra”, afirmó.
