El Niño vuelve al centro de la escena y redefine el escenario para el campo argentino
El fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur comenzó a consolidarse y ya genera expectativas y preocupación en el sector agropecuario de cara a la campaña 2026/27. Las últimas actualizaciones de centros internacionales indican que existe más de un 80% de probabilidades de que el evento quede establecido entre junio y agosto. En este contexto, las proyecciones de lluvias superiores a lo normal en gran parte del país vuelven a colocar al clima como uno de los factores decisivos para la producción.
Desde el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), especialistas señalaron que el impacto del fenómeno será diferente según cada región. Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales, explicó que El Niño funciona como un “forzante climático” que amplifica la variabilidad atmosférica. Según indicó, los excesos hídricos suelen concentrarse en determinadas cuencas, mientras otras áreas atraviesan condiciones muy favorables e incluso excepcionales para la producción agrícola y ganadera.

Efectos de El Niño: lluvias más abundantes y temperaturas elevadas
La meteoróloga Natalia Gattinoni anticipó que durante el trimestre junio-julio-agosto existe una mayor probabilidad de que las precipitaciones se ubiquen dentro de parámetros normales o por encima de los valores históricos en provincias del centro y norte argentino. Además, los modelos climáticos muestran temperaturas medias superiores a lo habitual en prácticamente todo el país, un escenario que podría favorecer el desarrollo de varios cultivos de verano.
Sin embargo, los especialistas aclararon que no todas las regiones responderán del mismo modo ante un evento de El Niño. En sectores del norte de la región Pampeana y en Cuyo podrían registrarse lluvias normales o incluso inferiores al promedio. Mercuri recordó que históricamente cada zona del país presenta respuestas diferentes en sus regímenes de lluvias y temperaturas frente a eventos de El Niño, por lo que insistió en la necesidad de analizar el comportamiento climático regional antes de tomar decisiones productivas.

Las cuencas hídricas, bajo vigilancia
Uno de los principales focos de atención está puesto sobre las grandes cuencas del país. Desde el INTA advirtieron que los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay podrían registrar importantes crecidas si El Niño se consolida con fuerza durante el invierno y la primavera. En esas zonas, las poblaciones rurales y las producciones cercanas a cursos de agua aparecen entre las más vulnerables frente a posibles inundaciones y desbordes.
Mercuri también alertó sobre la posibilidad de lluvias superiores a lo normal en el centro-este bonaerense, especialmente en la cuenca del río Salado. La experiencia de fenómenos intensos como los de 1997/98, 2009/10 y 2015/16 dejó una enseñanza clara: anticiparse resulta determinante. Para el especialista, la diferencia entre sufrir pérdidas o capitalizar oportunidades depende de planificar con tiempo y ajustar estrategias antes de que aparezcan los excesos hídricos.
Cómo prepararse para una campaña atravesada por el agua
Los técnicos del INTA recomendaron diseñar estrategias específicas según las características de cada lote. En zonas bajas y deprimidas, la prioridad pasa por evitar siembras en áreas anegables, monitorear napas y prever sistemas de evacuación de agua. En campos de media loma, en cambio, el desafío será aprovechar la humedad disponible sin exponer cultivos a encharcamientos prolongados.

En lomas y posiciones bien drenadas, el panorama aparece mucho más favorable. Allí, el agua extra podría transformarse en una ventaja para alcanzar altos rendimientos y mejorar la disponibilidad forrajera. Además, Mercuri destacó la importancia de invertir en reservorios, humedales funcionales y sistemas de almacenamiento hídrico. Según explicó, el exceso de agua que hoy genera preocupación puede convertirse en una reserva estratégica clave para enfrentar futuras sequías.
Gattinoni recordó además que la intensidad de El Niño no necesariamente implica mayores lluvias en todas las regiones y remarcó la importancia de seguir de cerca los pronósticos climáticos trimestrales. Para la campaña 2026/27, el contenido hídrico de los suelos y el monitoreo constante de la evolución atmosférica volverán a ser variables decisivas. En ese escenario, la información climática aparece como una herramienta central para reducir riesgos y potenciar la producción.
