Alertan por un posible “Súper Niño” y crece la preocupación por inundaciones en zonas ganaderas


Las señales de un nuevo fenómeno El Niño comenzaron a encender alarmas en distintas regiones productivas del país y del mundo. Según los últimos informes climáticos, las probabilidades de que se desarrolle un “Súper Niño” durante el segundo semestre del año son cada vez más elevadas, con escenarios comparables a los registrados en 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016, períodos recordados por inundaciones extremas y fuertes impactos económicos.

La advertencia surge del más reciente reporte de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), actualizado este viernes. El organismo elevó al 82% las chances de desarrollo del fenómeno entre mayo y julio, mientras que para el período noviembre-enero de 2027 la probabilidad trepó al 96%.

Los modelos climáticos indican además que existe una creciente posibilidad de que la temperatura del océano Pacífico Ecuatorial supere los +2 °C de anomalía. Ese nivel de calentamiento es el que permite catalogar al evento como un “Súper Niño” o “Niño Godzilla”, debido a la intensidad de sus efectos sobre el clima global.

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Inundaciones, lluvias extremas y riesgos para la producción

Los antecedentes históricos alimentan la preocupación. Los episodios más severos de El Niño provocaron sequías extremas en algunas regiones y lluvias devastadoras en otras. En Sudamérica, especialmente en el sudeste del continente, los eventos más intensos estuvieron asociados a inundaciones masivas, crecidas de ríos y fuertes pérdidas productivas.

El fenómeno genera lo que los meteorólogos denominan “teleconexiones”, es decir, respuestas atmosféricas globales derivadas del calentamiento oceánico. Esas alteraciones modifican patrones de lluvias y temperaturas en distintas partes del planeta.

En el caso del sudeste de Sudamérica, El Niño suele estar asociado a primaveras y veranos mucho más lluviosos de lo habitual. Las zonas más expuestas abarcan Buenos Aires, Entre Ríos, la Mesopotamia, Uruguay y el sur de Brasil, regiones donde históricamente se registraron anegamientos y desbordes de ríos durante eventos intensos.

Para el sector agropecuario, el escenario despierta una fuerte preocupación. Productores ganaderos y agrícolas ya comenzaron a seguir con atención la evolución de los pronósticos climáticos, debido a que un evento extremo podría obligar incluso a trasladar hacienda hacia zonas más altas para evitar pérdidas por inundaciones.

El Niño

Qué pronostican los próximos meses

A pesar de la creciente probabilidad de desarrollo de El Niño, los especialistas aclaran que el fenómeno todavía no comenzó formalmente y que la atmósfera aún no responde plenamente al calentamiento del Pacífico.

Según el pronóstico trimestral del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), entre mayo y julio se esperan precipitaciones normales sobre el Litoral, mientras que el norte argentino podría atravesar condiciones más secas. En cambio, gran parte de la Patagonia y sectores del centro del país presentan mayores probabilidades de lluvias superiores a lo habitual.

En materia térmica, los modelos prevén un final de otoño y comienzo de invierno más cálidos que el promedio histórico. Sin embargo, los especialistas advierten que estas tendencias podrían modificarse rápidamente a medida que El Niño gane intensidad durante la primavera y el verano.

Los mapas elaborados por NOAA muestran además señales más marcadas en el hemisferio sur, con mayores probabilidades de períodos húmedos e inundaciones en amplias regiones sudamericanas.

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Prepararse para un escenario climático extremo

Los expertos insisten en que el objetivo de los informes no es generar alarma, sino anticiparse a posibles escenarios extremos. La información climática comienza a ser clave para planificar estrategias productivas, definir esquemas de siembra y tomar decisiones preventivas en la actividad ganadera.

En zonas vulnerables a excesos hídricos, algunos productores ya analizan la posibilidad de reforzar infraestructura, prever reservas forrajeras o evaluar movimientos de hacienda en caso de crecidas importantes. La prevención aparece como una herramienta central frente a un evento climático que podría tener gran impacto económico y productivo.

El recuerdo de los episodios de 1982 y 2015 sigue presente en muchas regiones del país. En aquellos años, las lluvias extraordinarias provocaron inundaciones rurales y urbanas, pérdidas millonarias y graves problemas logísticos.

Con pronósticos que muestran un fortalecimiento acelerado del fenómeno, el agro argentino comienza a mirar el cielo con atención. La evolución de El Niño durante los próximos meses será determinante para definir el escenario productivo y climático de la próxima campaña.