La industria cárnica europea pidió reciprocidad sanitaria y alertó por la competencia del Mercosur


La entrada en vigor del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur reactivó las tensiones dentro de la industria cárnica europea. En una jornada organizada en Madrid por las asociaciones ANICE y FECIC, empresarios, funcionarios y representantes sectoriales analizaron el impacto del tratado sobre la producción ganadera y la industria frigorífica. La principal preocupación pasa por el ingreso de carne sudamericana más competitiva y por las diferencias regulatorias entre ambos bloques.

El encuentro reunió a representantes de la Comisión Europea, del Ministerio de Economía de España y de entidades empresariales de distintos países. Aunque el acuerdo con el Mercosur fue defendido como una oportunidad estratégica para ampliar mercados y fortalecer vínculos comerciales con América Latina, gran parte del sector reclamó controles más estrictos y reglas equivalentes para competir. La discusión giró especialmente sobre los estándares sanitarios, ambientales y productivos exigidos dentro de Europa.

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Bruselas defendió el tratado con el Mercosur y prometió monitoreos permanentes

Uno de los principales voceros de la Comisión Europea fue Paolo Garzotti, responsable de acuerdos comerciales con América Latina y el Caribe. El funcionario destacó que el tratado involucra un mercado de 260 millones de personas y representa unos 55.000 millones de euros en importaciones de productos europeos. Bruselas sostiene que el acuerdo con el Mercosur fue diseñado para evitar impactos negativos significativos sobre el mercado ganadero comunitario.

En el caso de la carne vacuna, el acuerdo contempla una cuota de 99.000 toneladas con un arancel del 7,5%, dividida entre carne fresca y congelada. Para el sector avícola, la cuota asciende a 180.000 toneladas. Garzotti reconoció que los países del Mercosur poseen ventajas competitivas en producción de carne bovina, aunque aseguró que los volúmenes habilitados no deberían alterar el equilibrio del mercado europeo.

Además, la Comisión Europea anunció que realizará informes semestrales para monitorear el comportamiento de las importaciones y su impacto sobre los precios y la producción local. Otro de los puntos centrales fue la defensa de la reciprocidad sanitaria, ya que Bruselas insistió en que todos los productos importados deberán cumplir las mismas exigencias regulatorias que rigen dentro de la Unión Europea.

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España e Italia reclamaron igualdad de condiciones

Desde el gobierno español, Julián Conthe, representante del Ministerio de Economía, defendió el acuerdo con el Mercosur como parte de una estrategia para reducir dependencias externas y fortalecer el abastecimiento de insumos estratégicos para la producción animal. El funcionario hizo referencia especialmente a la necesidad de diversificar proveedores de soja y lisina, productos en los que Europa mantiene una fuerte dependencia de China.

Sin embargo, reconoció que la aprobación del tratado generó fuertes debates dentro del bloque europeo y confirmó que España trabaja junto con otros países para reforzar y homogeneizar los controles sanitarios. La preocupación oficial pasa por evitar diferencias regulatorias dentro de la propia Unión Europea y garantizar que todos los productos importados sean sometidos a los mismos estándares.

Desde Italia, las críticas se enfocaron en el peso regulatorio que enfrenta la industria europea. Michele Spangaro, representante de la patronal Assica, reclamó una reducción de las exigencias burocráticas y advirtió que los productores europeos compiten en desventaja frente a países con menores costos y regulaciones más flexibles.

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Empresarios alertaron por la competencia y los controles sanitarios

Las posiciones más duras surgieron durante la mesa empresarial. Daniel Medina, del Grupo Medina, sostuvo que la industria española posee altos estándares de calidad y sanidad, pero reconoció que el acuerdo podría afectar los márgenes de toda la cadena cárnica. El temor principal radica en la competencia de productos más baratos provenientes del Mercosur, especialmente en segmentos sensibles del mercado europeo.

Pedro Olivares, de ElPozo Alimentación, remarcó que incluso los productos premium podrían verse afectados por la presión de precios. Además, cuestionó los sistemas actuales de control sanitario sobre las importaciones. Según explicó, durante 2024 solo se analizaron unas 2.000 partidas de carne sobre un total de 69.000 inspeccionadas en Europa, detectándose distintos incumplimientos microbiológicos y regulatorios.

En el cierre de la jornada, representantes del sector coincidieron en que el acuerdo con el Mercosur solo será sostenible si existen controles efectivos, salvaguardas comerciales y condiciones de competencia equilibradas. Para buena parte de la industria europea, el desafío será combinar apertura comercial con protección sanitaria y sostenibilidad productiva.