Semillas con historia: un proyecto busca preservar la diversidad genética y fortalecer la producción local


En un contexto global marcado por la estandarización agrícola, la pérdida de diversidad genética se convirtió en una de las principales amenazas para la producción de alimentos. Frente a este escenario, el proyecto trinacional Raíces propone un cambio de enfoque: recuperar y fortalecer semillas criollas y nativas como base de sistemas productivos más resilientes.

La iniciativa, lanzada a fines de 2025 en Argentina, se desarrolla también en Bolivia y Brasil con financiamiento del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y apoyo de la Unión Europea. Su implementación está a cargo del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), con liderazgo técnico de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa).

Argentina: foco en Jujuy y Misiones

En el país, el proyecto es coordinado por el INTA en las provincias de Jujuy y Misiones, con el objetivo de alcanzar a unos 1.200 productores. La iniciativa prioriza la participación de mujeres, jóvenes y comunidades indígenas, reconociendo su rol clave en la conservación de saberes y prácticas agrícolas tradicionales.

Desde el organismo destacaron que las semillas criollas y nativas representan mucho más que un recurso productivo, ya que condensan conocimientos transmitidos por generaciones. Estas variedades, adaptadas a condiciones locales, ofrecen herramientas concretas frente a desafíos como el cambio climático y nuevas enfermedades.

Semillas, maíz, choclo
Foto: INTA

Mejoramiento participativo y autonomía productiva

Uno de los pilares del proyecto es el trabajo conjunto entre técnicos y productores. A través del Mejoramiento Genético Participativo y el Fitomejoramiento Evolutivo, las comunidades seleccionan y multiplican las variedades de semillas más adecuadas para sus territorios, fortaleciendo su autonomía.

Este enfoque descentralizado permite que la innovación ocurra en el propio campo, respetando las dinámicas culturales y ambientales de cada región. Además, favorece la toma de decisiones compartida, orientada a lograr cultivos más resilientes y alimentos de mejor calidad.

En la etapa inicial, el proyecto ya mostró resultados significativos. En Jujuy participaron más de 150 productores, de los cuales el 95% pertenece o desciende de pueblos indígenas, principalmente de la Gran Nación Colla. En Misiones, en tanto, unas 125 familias se sumaron a la propuesta, con una fuerte presencia de la comunidad Mbya Guaraní.

Semillas, INTA
Foto: INTA

Corredores de agrobiodiversidad y cultivos estratégicos

Como parte de la estrategia, se crearon corredores de agrobiodiversidad. Estos espacios permiten conectar áreas de conservación y multiplicación de semillas, ampliando su alcance y fortaleciendo su intercambio.

En estos corredores se trabajan cultivos como maíz, girasol, maní, poroto y arroz, fundamentales para las economías regionales. La diversidad genética en estos sistemas no solo mejora la productividad, sino que también reduce la dependencia de insumos externos.

Misiones: casas de semillas y saberes vivos

En Misiones, una de las provincias con mayor riqueza biológica del país, el proyecto fortalece las denominadas “casas de semillas”. Estos espacios comunitarios permiten resguardar, clasificar e intercambiar variedades locales, consolidando redes de productores.

Las semillas criollas —como maíz, poroto, batata y zapallo— son la base de sistemas diversificados y de bajo costo, lo que resulta clave para la agricultura familiar. Además, cada variedad conservada representa un conocimiento que se transmite entre generaciones.

Semillas, Río de la Plata, INTA
Foto: INTA

El proyecto también impulsa prácticas innovadoras. La elaboración de bioinsumos y la adopción de técnicas de agricultura regenerativa forman parte de un enfoque integral, que busca mejorar la salud de los suelos y la sostenibilidad de los sistemas productivos. De esta manera, las propias comunidades no solo conservan semillas, sino que también las producen y reproducen, generando circuitos locales más autónomos y resilientes.

Jujuy: diversidad ambiental y rescate andino

En Jujuy, el trabajo abarca desde la Puna hasta los valles templados. El rescate de papas andinas, maíces locales, quinua y legumbres busca evitar el reemplazo por variedades comerciales uniformes, que suelen ser menos adaptadas a las condiciones locales.

En regiones como Abra Pampa, se desarrollan iniciativas lideradas por mujeres que combinan la conservación genética con el agregado de valor, como la producción de derivados de papas andinas.

El proyecto Raíces promueve tanto la conservación en bancos de semillas como en el propio campo. Allí, las variedades continúan evolucionando y adaptándose, garantizando no solo su supervivencia, sino también la de los sistemas productivos que dependen de ellas.