Alerta por scrapie: el principal exportador ovino tiene 1200 toneladas afectadas
La confirmación de casos de scrapie en la Argentina encendió una señal de alarma en toda la cadena ovina y puso en jaque la operatoria exportadora. El impacto ya se hace sentir en empresas líderes como Estancias de Patagonia y Faimalí, que enfrentan la paralización de un negocio de 1200 toneladas de carne ovina, en medio de la incertidumbre por la redefinición del estatus sanitario del país.
El foco ahora está puesto en la estrategia del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), que busca avanzar en una zonificación para declarar a la Patagonia como libre de la enfermedad. El objetivo es preservar los mercados internacionales y evitar un mayor daño económico, en un contexto donde la Argentina perdió su condición de país libre de scrapie.
Un cambio sanitario que impacta de lleno en las exportaciones
El problema se desató tras la confirmación de tres casos de scrapie en ovinos en el litoral argentino. La enfermedad, de carácter neurodegenerativo y sin impacto en el consumo humano, provocó automáticamente la caída del estatus sanitario del país, lo que generó restricciones comerciales en varios destinos.
La reacción fue inmediata: embarques listos para exportación quedaron frenados en los puertos. En el caso del grupo Estancias de Patagonia, unas 1200 toneladas de carne ovina —equivalentes al 40% de su producción anual— quedaron afectadas, a la espera de nuevas certificaciones sanitarias que permitan reanudar los envíos.

Mercadería detenida y mercados en riesgo
El impacto operativo fue directo. Contenedores que tenían como destino países como Brasil y Túnez debieron ser redireccionados hacia mercados como Japón y Europa, donde no se exige la certificación de país libre de scrapie. Esta reconfiguración forzada implica mayores costos logísticos y comerciales, además de una pérdida de previsibilidad para las empresas.
Desde el sector advierten que los perjuicios ya están en marcha. La acumulación de mercadería en frigoríficos y puertos genera cuellos de botella en la cadena productiva, obligando a las empresas a replantear su ritmo de faena ante la falta de certezas.

La Patagonia, clave para sostener el negocio
En este escenario, la estrategia del Senasa apunta a declarar a la Patagonia como zona libre de scrapie. La región podría mantener su estatus sanitario diferencial gracias a la barrera que impide el ingreso de animales en pie, lo que habría evitado la propagación de la enfermedad hacia el sur del país.
El organismo trabaja en la delimitación de cuatro zonas sanitarias: tres libres —Patagonia Norte A, Patagonia (Norte B y Sur) y el Valle de Calingasta en San Juan— y el resto del país sin esa condición. Esta segmentación permitiría sostener las exportaciones desde áreas no afectadas, aunque requiere la validación de los países importadores.
La implementación de este esquema no es inmediata. La nueva certificación sanitaria deberá ser aprobada por la Organización Mundial de Sanidad Animal y luego reconocida por cada país comprador. Se trata de un proceso técnico y burocrático que puede demorar semanas o incluso meses, generando incertidumbre en el sector.

El origen del problema y la importancia de la trazabilidad
Los casos de scrapie detectados corresponden a establecimientos de Santa Fe y Entre Ríos, en animales que ingresaron al país entre 2021 y 2022 desde Paraguay. Las razas involucradas fueron Dorper y Santa Inés, y los episodios fueron confirmados tras la muerte de los ejemplares en 2025.
Especialistas advierten que uno de los principales riesgos es la diseminación de crías provenientes de animales infectados. Esto refuerza la necesidad de mejorar los sistemas de trazabilidad en la producción ovina, una herramienta clave para contener este tipo de enfermedades.
Mientras el Senasa avanza con las gestiones, las empresas enfrentan decisiones críticas. Continuar con la faena o frenar la producción se presenta como un dilema central, en función de los tiempos que demande la reapertura de los mercados.
