Las leguminosas ganan protagonismo y mejoran el nitrógeno en maíz
Una serie de ensayos realizados por el INTA en Oliveros, provincia de Santa Fe, confirmó que la inclusión de leguminosas en cultivos de cobertura permite mejorar el balance de nitrógeno en secuencias con maíz. Los resultados evidencian que el manejo estratégico de mezclas no solo incrementa la disponibilidad de este nutriente clave, sino que también optimiza la eficiencia del sistema productivo.
El tema será uno de los ejes centrales del conversatorio virtual “Manejo de Cultivos de Cobertura”, que se realizará el próximo 21 de abril, donde especialistas analizarán cómo el ajuste fino de las combinaciones puede transformarse en una herramienta decisiva para la agricultura moderna.
El rol clave de las leguminosas en el sistema
En los sistemas agrícolas de la región pampeana, donde predominan los cultivos estivales y los suelos suelen quedar descubiertos en otoño e invierno, la incorporación de cultivos de cobertura empieza a mostrar beneficios concretos. En este escenario, las leguminosas se destacan por su capacidad de fijar nitrógeno biológicamente y modificar su dinámica en el suelo.
“En secuencias con maíz, la inclusión de leguminosas cumple un rol clave en el manejo del nitrógeno”, explicó José Araujo, especialista del INTA Oliveros. Este aporte resulta fundamental para reducir la dependencia de fertilizantes y mejorar la nutrición del cultivo siguiente.
Sin embargo, los técnicos remarcan que el efecto no depende de una sola especie. La interacción con gramíneas y brasicáceas permite reducir pérdidas por lixiviación y mejorar la eficiencia del sistema, lo que convierte a las mezclas de leguminosas en un componente central del manejo agronómico.

Mezclas estratégicas para maximizar resultados
Los ensayos del INTA se enfocaron en evaluar distintas combinaciones de vicia villosa, centeno y nabo forrajero. El objetivo fue identificar qué proporciones y densidades permiten maximizar la producción de biomasa y, al mismo tiempo, cubrir gran parte de la demanda de nitrógeno del maíz.
En cultivos puros, se establecieron densidades óptimas de 65 plantas por metro cuadrado para vicia, 200 para centeno y 75 para nabo. Con estos valores, se logró una rápida cobertura del suelo y altos niveles de materia seca, con rendimientos de hasta 6300 kilogramos por hectárea en el caso del centeno.
A partir de esa base, se analizaron 16 combinaciones de leguminosas en distintas proporciones. Los resultados mostraron que las mayores producciones de biomasa se alcanzaron cuando la participación de vicia y/o centeno superó el 50%, tanto en maíz temprano como tardío, aunque con diferencias según la duración de los ciclos.

Diferencias entre maíz temprano y tardío
El comportamiento de las mezclas de leguminosas varió según el tipo de siembra de maíz. En maíz temprano, la biomasa producida osciló entre 4000 y 5000 kilogramos por hectárea, mientras que en maíz tardío se ubicó entre 5500 y 7500 kilogramos.
La participación de la vicia también mostró variaciones. En maíz temprano, con una proporción del 75%, aportó cerca del 50% de la biomasa, mientras que en maíz tardío, con niveles de entre 50 y 75%, su contribución se redujo a alrededor del 40%. Estas diferencias responden al crecimiento de las especies durante el período otoño-invernal.
En paralelo, el consumo de agua fue otro factor clave. El centeno registró los mayores niveles, mientras que la vicia y el nabo mostraron valores más bajos. Las mezclas, en tanto, se ubicaron en un punto intermedio, lo que permite ajustar el manejo según la disponibilidad hídrica.
Impacto en la fertilización y los rendimientos
Los ensayos también analizaron la respuesta del maíz a la fertilización nitrogenada. En maíz temprano, las dosis óptimas se ubicaron entre 90 y 154 kg de nitrógeno por hectárea, con aumentos de rendimiento de entre 22 y 51%. En maíz tardío, los valores oscilaron entre 97 y 172 kg, con mejoras de entre 12 y 32 %.

Estos datos reflejan que el uso de leguminosas no elimina la necesidad de fertilización, pero sí permite optimizarla y hacerla más eficiente. Además, los resultados evidenciaron que la disponibilidad de agua puede influir en el rendimiento, especialmente en siembras tempranas.
Recomendaciones para un manejo eficiente
A partir de los resultados, el INTA elaboró recomendaciones concretas. Para maíz temprano, la mezcla más eficiente incluyó un 70% de vicia y un 30% de centeno, con densidades ajustadas para maximizar el aporte de nitrógeno y reducir la necesidad de fertilizantes.
En tanto, para maíz tardío, se recomendó una proporción equilibrada: 50% de vicia y 50% de centeno, con la posibilidad de incorporar nabo para mejorar la estructura del sistema. En ambos casos, el ajuste de densidades y proporciones resultó clave para alcanzar los mejores resultados.
