Riego e incentivos: cuánto cuesta invertir y qué impacto puede tener el RIMI
La reciente implementación del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI) abrió un nuevo panorama para la adopción de tecnologías clave en el agro. En particular, el riego aparece como una de las herramientas con mayor potencial para impulsar la productividad y reducir la vulnerabilidad climática. A esto se suma la baja de impuestos a la importación, que contribuyó a abaratar los equipos y reactivar el interés de los productores.
Especialistas del INTA Manfredi analizaron el alcance de estas medidas y coincidieron en que los beneficios impositivos pueden ser determinantes. La combinación de menor carga fiscal, amortización acelerada y reducción del IVA en la energía eléctrica mejora la ecuación económica y facilita decisiones de inversión que, hasta ahora, estaban postergadas.
Un potencial de expansión que podría triplicarse
La agricultura argentina cuenta con margen para expandir significativamente el área bajo riego. Actualmente, se estiman unas 2 millones de hectáreas irrigadas, pero el potencial podría alcanzar los 6 millones de hectáreas en los próximos años, lo que implicaría triplicar la superficie actual.
Según Martín Giletta, del INTA Manfredi, el nuevo régimen ataca algunos de los principales obstáculos históricos. “Los cambios van a mover la aguja en el crecimiento del área regada”, sostuvo. Esta expansión no solo tendría impacto en la producción agrícola, sino también en la economía general del país, al generar mayor estabilidad y volumen.

Más rendimiento y menor riesgo productivo
Uno de los principales beneficios del riego es el salto en los rindes y la estabilidad frente a condiciones adversas. Desde el INTA Manfredi destacan que el sistema permite reducir el riesgo en campañas con déficit hídrico, algo cada vez más frecuente.
Los datos son contundentes. En trigo, el rendimiento promedio pasa de 2341 a 6976 kilos por hectárea, casi el triple. En maíz, sube de 7740 a 14.890 kilos, mientras que en soja de segunda el incremento es de 2550 a 3543 kilos por hectárea. Estos resultados muestran cómo el riego no solo mejora la productividad, sino que permite sostenerla en el tiempo.
En términos económicos, el diferencial de valor bruto de producción alcanza 1029 dólares por hectárea en trigo, 1330 en maíz y 327 en soja, sin considerar costos. Esto convierte al riego en una herramienta estratégica para sostener márgenes en contextos más exigentes.
Costos de inversión: cuánto hay que desembolsar
El costo de incorporar riego varía según el sistema elegido. De acuerdo con relevamientos del INTA y empresas proveedoras, un equipo de pivote central puede rondar los 2500 dólares por hectárea, mientras que el riego por goteo enterrado se ubica entre 3200 y 3300 dólares.
Sin embargo, la baja de impuestos a la importación generó una reducción significativa en los precios. En algunos casos, los costos de insumos bajaron al menos un 30 %, lo que llevó los valores del goteo a un rango de 2800 a 3300 dólares por hectárea, cuando anteriormente superaban los 3500.

A esto se suma el impacto del RIMI, que permite amortizar más rápido la inversión en el impuesto a las ganancias y recuperar el IVA en plazos más cortos, mejorando el flujo financiero de las empresas.
El peso de la energía y nuevas alternativas
Más allá de la inversión inicial, el principal costo operativo del riego sigue siendo la energía eléctrica. Aunque la reducción del IVA en la tarifa representa un alivio, este componente continúa siendo determinante en la rentabilidad del sistema.
Por eso, los especialistas recomiendan evaluar alternativas para generar energía en el propio establecimiento. Opciones como la biomasa o los paneles solares aparecen como soluciones viables para reducir costos y mejorar la sustentabilidad del modelo productivo.
El efecto combinado de precios más bajos e incentivos fiscales ya comenzó a sentirse en el mercado. Según datos relevados por el INTA, las consultas por equipos aumentaron al menos un 50%, mientras que las ventas crecieron un 20% en el corto plazo.

El desafío de cerrar brechas y adaptar contratos
En un contexto de precios internacionales ajustados y mayores costos internos, el riego se posiciona como una herramienta para mejorar la eficiencia y cerrar brechas tecnológicas. Además, su integración con sistemas de agregado de valor, como la producción de proteína animal, potencia aún más su impacto.
No obstante, persisten desafíos estructurales. Uno de los principales es la adopción en campos arrendados, que representan cerca del 70% de la producción. La necesidad de contratos más largos y acuerdos entre privados aparece como clave para viabilizar inversiones de este tipo.
