Menos IVA y nuevos incentivos: el agro apuesta a expandir el riego


El sector agropecuario comenzó a percibir un alivio concreto en sus costos operativos tras la aplicación de una alícuota reducida de IVA para la energía utilizada en sistemas de riego. La medida, incluida en la Ley de Modernización Laboral impulsada por el Gobierno nacional, ya se refleja en las facturas eléctricas que reciben los productores.

El cambio no es menor: la reducción del IVA en la energía implica una baja directa en uno de los principales costos del riego, especialmente en sistemas que dependen del uso intensivo de electricidad. Esto mejora la rentabilidad y vuelve más accesible la adopción de estas tecnologías.

En este contexto, desde el sector destacan que el impacto es inmediato. La diferencia entre tributar 27% y 10,5% de IVA modifica de manera sustancial la ecuación económica, particularmente en regiones donde el riego es clave para sostener la producción.

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Expectativas de crecimiento en la superficie irrigada

Con este nuevo escenario, los productores proyectan un aumento significativo en la superficie bajo riego, que actualmente ronda los 2,1 millones de hectáreas en la Argentina. Este número representa apenas entre el 5% y el 6% del área cultivada total.

En los últimos años, la incorporación de nuevas hectáreas irrigadas se ubicó en torno a las 35.000 por año. Sin embargo, las expectativas ahora apuntan a duplicar o incluso triplicar ese ritmo, impulsadas por la mejora en los costos y las nuevas herramientas fiscales.

El potencial de crecimiento es considerable. Distintos relevamientos estiman que la superficie bajo riego podría expandirse hasta entre 8 y 10 millones de hectáreas, lo que implicaría un cambio estructural en la matriz productiva.

El rol clave del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones

En paralelo a la baja del IVA, el lanzamiento del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI) suma un componente central para dinamizar el sector. Este esquema está orientado a fomentar inversiones productivas mediante beneficios fiscales.

Entre los principales incentivos se destaca la amortización acelerada en el impuesto a las Ganancias. Esto permite recuperar más rápidamente el capital invertido, mejorando el flujo de fondos de los proyectos y reduciendo los plazos de retorno.

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Además, el régimen contempla la devolución del IVA vinculado a las inversiones. Este punto resulta clave, ya que históricamente ese impuesto quedaba incorporado como costo, encareciendo significativamente los proyectos de riego.

Tecnología y eficiencia como ejes del cambio

El nuevo esquema beneficia directamente a distintas tecnologías de riego, desde sistemas de pivote central hasta riego por goteo. Todas aquellas soluciones que utilicen energía eléctrica quedan alcanzadas por la reducción impositiva.

Esto abre la puerta a una mayor adopción de sistemas presurizados, que permiten un uso más eficiente del agua y una mayor productividad por hectárea. En un contexto de variabilidad climática, estas herramientas cobran cada vez más relevancia.

Condiciones y alcance del nuevo régimen

El RIMI está dirigido a micro, pequeñas y medianas empresas, estableciendo distintos umbrales de inversión para acceder a los beneficios. Estos van desde los 150.000 dólares para microempresas hasta los 9 millones para medianas tramo 2.

Sin embargo, el régimen contempla excepciones para inversiones específicas. En el caso de sistemas de riego, no se exige cumplir con los montos mínimos generales, lo que facilita el acceso a un mayor número de productores.

Además, incluye otras inversiones productivas como bienes de capital, tecnología y proyectos vinculados a la eficiencia energética. Esto amplía el alcance del programa y refuerza su impacto en el sector agroindustrial.

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Un cambio estructural en la planificación productiva

La combinación de menor carga impositiva y beneficios fiscales redefine la forma en que se planifican los proyectos de riego. Lo que antes era una inversión de alto costo y largo recupero, ahora se presenta como una alternativa más viable.

La posibilidad de recuperar el IVA y reducir el costo de la energía modifica de manera directa la rentabilidad de los proyectos, incentivando nuevas inversiones y ampliaciones de superficie.

En este escenario, el riego se consolida como una herramienta clave para aumentar la producción y reducir riesgos climáticos. El sector ve en estas medidas una oportunidad para dar un salto en escala y eficiencia, con impacto en toda la cadena agroindustrial.