Harina de soja en alza: máximos desde 2024 en medio de tensiones globales
En plena cosecha argentina, el mercado internacional de la harina de soja atraviesa un momento de firmeza que contrasta con la debilidad del poroto en el mercado local. Según la Bolsa de Comercio de Rosario, las cotizaciones en Chicago alcanzaron máximos desde octubre de 2024, impulsadas por la demanda global, la actividad de los fondos y cambios estructurales en la oferta mundial.
Subas internacionales que impulsan los precios
Mientras el mercado doméstico de soja muestra señales de presión, la harina de soja se posiciona como el producto más dinámico del complejo. Las cotizaciones internacionales encontraron sostén en la demanda tanto interna como externa de Estados Unidos, sumado a una mayor participación de inversores financieros.
En este contexto, el precio FOB de la harina de soja argentina para embarques de cosecha supera los US$ 370 por tonelada, lo que representa una suba del 13% en lo que va de 2026. Además, se ubica unos US$ 45 por encima del valor registrado a igual período del año pasado, consolidando una mejora significativa para la industria.
El impacto no es menor: el aumento del FOB habría sumado alrededor de US$ 30 por tonelada al precio promedio de venta industrial, mejorando parcialmente los ingresos del sector en un contexto de costos crecientes.

El contraste con la soja en el mercado local
A diferencia de la harina de soja, el poroto enfrenta un escenario más complejo en Argentina. La pizarra disponible ronda los AR$ 430.000 por tonelada, el valor real más bajo desde julio pasado, afectado por la presión de la oferta y factores logísticos.
A pesar de que las lluvias retrasan la cosecha y limitan el ingreso pleno de la oleaginosa, las terminales portuarias ya registran un ritmo de descarga récord. En lo que va del año, se recibieron 18,8 millones de toneladas de granos en el Gran Rosario, aunque solo el 23% corresponde a soja.
Este contexto genera una paradoja: abundancia de mercadería en los puertos, pero precios locales debilitados, en parte por la competencia entre cultivos y la incidencia del sistema de cupos en la formación de precios.
Cambios estructurales en el mercado global
Más allá de la coyuntura, el mercado de harina de soja está atravesando transformaciones profundas. Estados Unidos y Brasil ganan cada vez más protagonismo en la oferta global, lo que modifica el equilibrio histórico del comercio internacional.
En el caso estadounidense, el procesamiento de soja alcanzó niveles récord, con 41,5 millones de toneladas industrializadas en la campaña y una producción de 32,8 millones de toneladas de harina. Este crecimiento, impulsado por la demanda de biocombustibles, amplía la oferta y actúa como un factor de contención para futuras subas.

Además, las exportaciones de harina de soja desde Estados Unidos crecieron un 17% interanual y se ubican 41% por encima del promedio de la última década, consolidando su presencia en el mercado internacional.
Trigo: telón de fondo con señales mixtas
Aunque el foco está en la soja, el mercado de granos en general presenta dinámicas relevantes. El trigo argentino muestra una fuerte comercialización, con 17 millones de toneladas ya comprometidas, aunque ese volumen representa solo el 58% de la producción total estimada.
Por su parte, los precios de exportación se mantienen firmes en torno a los US$ 229 por tonelada, pero enfrentan la presión de la competencia rusa y el peso de los stocks remanentes.

Un mercado con oportunidades y límites
El escenario actual deja en claro que la harina de soja emerge como el eslabón más sólido del complejo sojero, traccionada por la demanda global y el contexto internacional. Sin embargo, los cambios estructurales en la oferta y la creciente competencia limitan el potencial alcista a mediano plazo.
En paralelo, la debilidad del poroto en el mercado interno y los desafíos logísticos condicionan la dinámica local, generando un desacople entre productos del mismo complejo.
En definitiva, de acuerdo con la Bolsa de Comercio de Rosario, la evolución de la harina de soja será clave para el ingreso de divisas y la rentabilidad industrial, en un contexto donde la volatilidad global y la competencia internacional seguirán marcando el pulso del mercado.
