Girasol en alza: crece la superficie y se consolida como cultivo estratégico


La campaña de girasol 2025/26 muestra un escenario de franca expansión en la Argentina, con más de 3 millones de hectáreas sembradas y una producción estimada en 7,2 millones de toneladas, lo que representa un incremento del 28,6 % respecto al ciclo anterior. Este crecimiento no solo refleja una mayor intención de siembra, sino también una revalorización del cultivo dentro del esquema agrícola nacional.

Detrás de este avance, se combinan factores productivos, económicos y ambientales que posicionan al girasol como una opción cada vez más atractiva. La creciente demanda de la industria aceitera y su estabilidad productiva en contextos adversos contribuyen a explicar esta tendencia, que ya se consolida en distintas regiones del país.

Santa Fe, protagonista de la expansión

En línea con el panorama nacional, Santa Fe también experimentó un fuerte salto en el área sembrada, alcanzando las 500 mil hectáreas. Este crecimiento evidencia el renovado interés de los productores por incorporar el girasol en sus planteos, especialmente en zonas donde otros cultivos presentan mayores limitaciones.

“El crecimiento del girasol en el norte de Santa Fe se enmarca en un escenario más amplio de revalorización del cultivo a nivel nacional”, explicó Gonzalo Scarpín, investigador del INTA. Según el especialista, la expansión responde a una combinación de factores productivos, ambientales y económicos, que favorecen su adopción en distintas condiciones.

Girasol
Foto: INTA

Adaptación y ventajas agronómicas

Uno de los principales atributos del girasol es su buena adaptación a ambientes con déficit hídrico, una característica clave en regiones donde la disponibilidad de agua es un factor limitante. Esta capacidad le permite mantener niveles de rendimiento aceptables en escenarios donde otros cultivos reducen su desempeño.

Además, el cultivo se posiciona como una alternativa interesante dentro de las rotaciones agrícolas, aportando beneficios tanto desde el punto de vista productivo como sanitario. Su inclusión en las secuencias agrícolas mejora la diversificación y contribuye a la sustentabilidad del sistema, especialmente en el norte santafesino.

El norte santafesino lidera el avance

Dentro de la provincia, el crecimiento se concentra principalmente en los departamentos del centro-norte, donde las condiciones agroecológicas favorecen su desarrollo. En este contexto, el departamento 9 de Julio se destaca como el caso más representativo, con un salto notable en la superficie sembrada.

En apenas un año, el área cultivada pasó de 48.500 hectáreas en la campaña 2024/25 a más de 152 mil hectáreas en el ciclo actual, lo que implica prácticamente triplicar la superficie. Este fenómeno también se replicó, aunque en menor escala, en departamentos como Vera y San Javier, que consolidaron su participación en la producción provincial.

GIRASOL

Un cultivo clave para la rotación

El girasol no solo aporta valor por sí mismo, sino que también funciona como un eslabón estratégico dentro de los sistemas productivos. Su incorporación permite mejorar las rotaciones y generar condiciones favorables para cultivos posteriores, como trigo o soja de segunda.

En este sentido, la expansión del girasol tiene un efecto multiplicador dentro de la cadena agrícola, ya que impulsa la siembra de otros cultivos y fortalece el entramado agroindustrial. A esto se suma la creciente demanda de materia prima por parte de la industria aceitera, que actúa como motor del crecimiento.

Más allá de la expansión en superficie, los especialistas destacan que el manejo agronómico sigue siendo determinante para alcanzar buenos resultados. En particular, la elección del material genético y la fecha de siembra son factores clave que pueden marcar diferencias significativas en los rendimientos.

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Rendimiento y calidad: el valor de anticiparse

Además de mejorar los rindes, las siembras tempranas también mostraron mayores porcentajes de aceite en grano, una variable fundamental para la industria. Esto refuerza la importancia de ajustar las decisiones de manejo en función del ambiente y el calendario agrícola.

Por otro lado, los ensayos evidenciaron una marcada variabilidad entre híbridos, lo que subraya la necesidad de seleccionar adecuadamente el material según las condiciones específicas de cada lote. Una correcta elección genética, combinada con un manejo oportuno, puede potenciar significativamente el rendimiento y la calidad del cultivo.

En un contexto donde la eficiencia y la adaptación son claves, el girasol se consolida como una opción estratégica para los productores, capaz de responder a los desafíos productivos y de generar nuevas oportunidades dentro del sistema agrícola argentino.