Sorgo argentino: proyectan exportaciones por 1,7 millones de toneladas


La Argentina podría exportar 1,7 millones de toneladas de sorgo durante el ciclo 2026/27 y convertirse en el tercer proveedor mundial, detrás de Estados Unidos y Australia. La oportunidad surge de una menor oferta global y de la firme demanda china, en un escenario que podría mejorar la rentabilidad del cultivo y ampliar su presencia en las rotaciones agrícolas.

De acuerdo con el último informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), la producción mundial alcanzaría 60,2 millones de toneladas, un 4,6% menos que en la campaña anterior. En paralelo, los stocks caerían un 12,3%, una combinación que anticipa un mercado más ajustado. Para la consultora AZ-Group, el retroceso productivo de dos grandes exportadores abre una ventana comercial para el sorgo argentino.

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Menor producción en Estados Unidos y Australia

La cosecha estadounidense se reduciría un 33%, hasta 7,4 millones de toneladas, frente a los 11,1 millones del ciclo 2025/26. Según Carlos Pouiller, director de AZ-Group, el principal factor fue el déficit de humedad: el 69% del área sembrada con sorgo en ese país sufrió algún grado de sequía. Como consecuencia, sus exportaciones bajarían de 5,1 a 4 millones de toneladas.

Australia también registraría una merma importante, con una caída productiva del 16% y exportaciones proyectadas en 2 millones de toneladas. En este contexto, la Argentina, con una producción estimada de 3,2 millones de toneladas, podría ubicarse entre los principales actores del comercio internacional. El año pasado, el país había exportado 1,3 millones de toneladas de sorgo, por lo que el nuevo escenario permitiría incrementar los despachos.

Brasil, por su parte, produciría 6,5 millones de toneladas, pero tendría limitaciones para exportar durante el primer semestre debido a la competencia de la industria del etanol y del consumo animal. Con una oferta más restringida, la relación entre stocks y consumo mundial descendería al 5,6%, un nivel cercano a mínimos históricos, según advirtió Pouiller.

sorgo, halloween

China sostiene la demanda y los precios

El principal factor de demanda es China, que concentra aproximadamente el 75% de las importaciones mundiales de sorgo. El país asiático compraría 6,3 millones de toneladas sobre un comercio global estimado en 8,4 millones. La menor disponibilidad estadounidense podría obligarlo a buscar proveedores alternativos, en momentos en que también se reduce la oferta exportable de Australia.

A ese panorama se suman nuevos usos industriales en Brasil y, en menor medida, en la Argentina, donde la producción de bioetanol agrega competencia por el grano. Además, el lanzamiento de contratos de sorgo en Chicago podría mejorar la transparencia en la formación de precios y atraer participantes interesados en operaciones comerciales y de cobertura.

Las cotizaciones locales ya reflejan el atractivo del cultivo. A mediados de octubre, el precio pizarra de Rosario se ubicó en $295.000 por tonelada, prácticamente a la par del maíz, que cotizó a $294.000.

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La oportunidad productiva para la Argentina

Para la campaña 2026/27, AZ-Group proyecta una oferta argentina de 3,4 millones de toneladas, considerando producción y existencias iniciales. El cálculo contempla una superficie sembrada de 750.000 hectáreas, estable respecto del ciclo anterior, y un rendimiento promedio de 4,2 toneladas por hectárea, favorecido por las lluvias asociadas con El Niño.

La demanda total rondaría los 3,2 millones de toneladas: 1,7 millones se destinarían a la exportación y 1,5 millones al mercado interno, entre consumo animal e industrialización. El balance dejaría existencias finales cercanas a las 280.000 toneladas, por lo que el país tendría margen para aprovechar parcialmente el retroceso de los embarques estadounidenses y australianos.

Pouiller también destacó el potencial económico del sorgo en zonas semiáridas. En un campo alquilado del sur de Córdoba, el cultivo podría generar un margen neto de US$202 por hectárea, con menores requerimientos de inversión y mayor estabilidad de rindes frente a condiciones adversas. Sin embargo, el escenario climático también exige precaución por posibles excesos hídricos, presión de malezas y dificultades logísticas durante la cosecha.