Manzanas de pulpa roja: el Alto Valle evalúa variedades innovadoras para conquistar nuevos mercados
La búsqueda de productos diferenciados y con mayor valor agregado impulsa nuevas investigaciones en la fruticultura patagónica. En el Alto Valle de Río Negro, especialistas del INTA avanzan en la evaluación de variedades de manzanas de pulpa roja, un desarrollo que podría ampliar la oferta exportable de la región y abrir oportunidades en mercados internacionales cada vez más interesados en frutas innovadoras.
El trabajo se realiza en conjunto con la empresa Moño Azul, perteneciente al grupo Prima y licenciataria en la Argentina de materiales genéticos desarrollados por International Fruit Obtention (IFO). El objetivo es determinar cómo responden estas variedades de manzanas a las condiciones productivas del norte de la Patagonia, analizando aspectos vinculados al rendimiento, la sanidad, la calidad comercial y la adaptación agronómica.
Según explicó Paula Calvo, técnica del INTA Alto Valle, el proceso demanda varios años de observación antes de obtener conclusiones definitivas. “El objetivo es validar qué variedades logran adaptarse al clima del Alto Valle de Río Negro y, al mismo tiempo, responder a las exigencias de diferenciación visual y calidad que hoy demanda el mercado internacional”, señaló.

Un fruto que se distingue por dentro
La principal característica de estas manzanas es su llamativa pulpa roja, una condición poco frecuente en las variedades tradicionales que se producen en el país. Esta coloración está asociada a una elevada concentración de antocianinas, pigmentos naturales reconocidos por sus propiedades antioxidantes y cada vez más valorados por consumidores que buscan alimentos funcionales.
Para los investigadores, la intensidad y distribución del color constituyen variables fundamentales dentro del programa de evaluación. La fruta es sometida a análisis específicos que permiten medir con precisión la tonalidad alcanzada por la pulpa y determinar la estabilidad de ese atributo en diferentes condiciones ambientales.
Calvo destacó que los ensayos realizados hasta el momento muestran resultados alentadores. “La evaluación de parámetros de calidad y madurez nos permitió analizar la adaptabilidad de estos nuevos materiales genéticos en las condiciones del Alto Valle de Río Negro”, explicó.

Un proceso que requiere años de seguimiento
Antes de llegar a los montes productivos, los materiales genéticos atravesaron un riguroso proceso cuarentenario bajo supervisión del Senasa. Las plantas fueron evaluadas en un predio de acceso restringido y bajo estrictos protocolos de bioseguridad, una etapa indispensable para autorizar su introducción y posterior análisis en el país.
Una vez implantados los ensayos, los especialistas comenzaron a manejarlos utilizando tecnologías habituales de la región, como sistemas de riego por microaspersión y mecanismos de protección contra heladas mediante macroaspersión.
El monitoreo fenológico constituye una de las tareas centrales del proyecto sobre estas manzanas. Dos veces por semana, los técnicos registran la evolución de las plantas desde la etapa de yema hinchada hasta el desarrollo inicial de los frutos. Para ello emplean la metodología de Fleckinger, una herramienta ampliamente utilizada en fruticultura para describir cada fase del crecimiento vegetal.

Calidad, madurez y potencial comercial
Además de las observaciones realizadas en campo, el proyecto incorpora un intenso trabajo de laboratorio orientado a caracterizar la calidad de las manzanas. Los investigadores analizan variables como peso, diámetro, altura, cobertura de color y distribución de pigmentos en la pulpa.
A su vez, se realizan estudios sobre firmeza, contenido de sólidos solubles y acidez total para determinar los índices de madurez de las manzanas. Los muestreos semanales permiten establecer con precisión el momento óptimo de cosecha, un factor clave para garantizar la calidad comercial y la conservación de la fruta.
Los especialistas también evalúan la influencia de factores ambientales como la temperatura y la radiación solar sobre el desarrollo del color y la aparición de defectos fisiológicos en las manzanas, entre ellos el russet o el daño por asoleado.
Como resultado de este trabajo conjunto entre el sector público y privado, Moño Azul ya comercializa estas manzanas bajo la marca Kissabel, una línea orientada a nichos de mercado que demandan productos innovadores, diferenciados y con alto valor agregado. La experiencia abre así una nueva oportunidad para diversificar la producción del Alto Valle y fortalecer su posicionamiento en los mercados internacionales.
