INTA y productores avanzan en la conservación dentro de los sistemas productivos
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) impulsa un ambicioso proyecto que busca transformar áreas relegadas dentro de las fincas en espacios clave para la conservación de la biodiversidad. La iniciativa, de alcance nacional, propone integrar estos sectores al funcionamiento productivo, aportando beneficios ambientales y mejorando la sustentabilidad de los sistemas agropecuarios.
El programa del INTA, denominado “Estudio de Espacios de Conservación de Agroecosistemas” y financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), abarca distintas regiones y modelos productivos. Desde cultivos extensivos pampeanos hasta la vitivinicultura en Cuyo y la ganadería en bosques de espinal, el objetivo es generar información estratégica que facilite la toma de decisiones en cada territorio.
De áreas marginales a espacios estratégicos
Uno de los ejes centrales del proyecto es resignificar los sectores no productivos, como bordes de caminos, bajos inundables, taperas o lagunas. Tradicionalmente relegados, estos espacios pueden convertirse en aliados del sistema agropecuario si se los gestiona de manera adecuada.
Según explicó Pablo Cavigliasso, de la Estación Experimental Agropecuaria INTA Marco Juárez, la propuesta es incorporar vegetación natural para potenciar servicios ecosistémicos. Entre ellos se destacan el control biológico de plagas, la regulación hídrica, la provisión de polinizadores y la conservación de fauna, factores que impactan positivamente tanto en la producción como en el bienestar humano.

Información y herramientas para el productor
El proyecto busca acercar soluciones concretas al productor, brindándole herramientas basadas en evidencia para implementar estos espacios de conservación. La idea es sistematizar la información disponible y traducirla en un esquema claro de pasos a seguir, adaptado a cada tipo de sistema productivo.
Además, la iniciativa del INTA promueve el codiseño junto a los actores del sector, entendiendo que cada finca presenta características particulares. En este sentido, productores y empresas participan activamente en la definición de estrategias viables, especialmente en sistemas bajo riego como los viñedos y frutales de la región de Cuyo.
Una red federal de sitios piloto
Para llevar adelante el estudio, el INTA conformó una red de seis sitios piloto distribuidos desde Córdoba hasta el norte de la Patagonia. En cada uno de ellos trabajan investigadores y extensionistas en conjunto con productores locales, analizando las particularidades de cada agroecosistema.

En el caso de Cuyo, el enfoque está puesto en la fruticultura bajo riego y la vitivinicultura. Los relevamientos incluyen indicadores de biodiversidad, como aves y vegetación, lo que permite evaluar el impacto de las prácticas implementadas y ajustar las estrategias en función de los resultados obtenidos en campo.
Coinnovación entre el sector público y privado
La articulación entre instituciones y empresas es un pilar fundamental del proyecto. Andrea Goijman, especialista del INTA e integrante de InBioAgro (INTA, CREA y CONICET), destacó el rol clave de la biodiversidad en los sistemas productivos, especialmente en cultivos perennes.
Un ejemplo concreto es el manejo de los espacios entre líneas en viñedos. Mantener cobertura vegetal en lugar de suelo desnudo permite reducir la erosión y conservar nutrientes, al tiempo que favorece la biodiversidad. Este enfoque se complementa con estudios y monitoreos que permiten ajustar las prácticas a cada realidad productiva.

Experiencias que marcan el camino
Diversas empresas ya avanzan en la implementación de estos modelos, demostrando su viabilidad en condiciones reales. Desde la bodega Doña Paula, en Mendoza, señalaron que el cambio comenzó al comprender la necesidad de dejar atrás el monocultivo y considerar al ecosistema en su conjunto.
A partir de ese enfoque, rediseñaron sus viñedos incorporando parches de vegetación y estrategias de manejo de fauna, lo que permitió evaluar la biodiversidad presente y reducir el uso de insumos. En la misma línea, desde Domaine Bousquet destacaron su evolución hacia un modelo de producción orgánica y regenerativa.
Este proyecto se enmarca en una estrategia más amplia del INTA, orientada a la restauración, valoración y conservación de la biodiversidad. Con el respaldo del BID y la coordinación de equipos interdisciplinarios, la iniciativa busca consolidar un modelo productivo más equilibrado, donde la conservación deje de ser un complemento y pase a ser parte central del sistema agropecuario.
