Boca tocó fondo en la Libertadores: perdió con Universidad Católica y jugará la Sudamericana
Boca vivió una de esas noches que quedan marcadas en la historia reciente del club. El equipo de Claudio Úbeda cayó 1-0 frente a Universidad Católica en La Bombonera y quedó eliminado en la fase de grupos de la Copa Libertadores, algo que no ocurría desde 1994. La derrota dejó al Xeneize tercero en el Grupo D y obligado a conformarse con disputar la Copa Sudamericana durante el segundo semestre.
La expectativa era enorme porque Boca dependía de sí mismo para avanzar a los octavos de final, pero nunca logró sostener una idea futbolística clara. Más allá del empuje inicial y del contexto de urgencia, el conjunto azul y oro mostró serios problemas para generar peligro real y volvió a depender de arrestos individuales. La frustración se hizo evidente con el correr de los minutos y el público despidió al equipo en medio de un clima cargado de bronca y decepción.
El resultado terminó de confirmar una campaña irregular en el certamen continental. Boca sumó apenas siete puntos y quedó por detrás de Universidad Católica, líder con 13 unidades, y Cruzeiro, que terminó con 11. Barcelona de Ecuador cerró el grupo en el último puesto con apenas tres puntos.

El gol chileno y las falencias defensivas
En el comienzo del encuentro, Boca intentó asumir el protagonismo. Exequiel Zeballos y Marco Pellegrino tuvieron las primeras aproximaciones y parecían marcar el camino de una noche favorable para el local. Sin embargo, las dificultades para resolver las jugadas de pelota parada y las desatenciones defensivas volvieron a aparecer en el momento menos esperado.
La acción decisiva nació justamente desde un tiro libre en campo ofensivo para el equipo argentino. Tras un centro ejecutado por Paredes y un rechazo de la defensa chilena, Universidad Católica salió rápido de contragolpe y encontró mal parado al fondo xeneize. A los 33 minutos, Clemente Montes recibió en la puerta del área, se perfiló hacia el centro y sacó un derechazo preciso que venció la resistencia de Leandro Brey.
El impacto del gol fue inmediato. Boca perdió claridad, comenzó a jugar apresurado y quedó atrapado en la desesperación. La visita aprovechó cada espacio para enfriar el partido y manejar los tiempos con inteligencia, mientras el conjunto argentino acumulaba errores en la circulación y pocas ideas para romper el orden defensivo rival.
Zeballos, el único que intentó cambiar la historia
Después del golpe, Boca cayó en una repetición constante. Los centros al área se transformaron en el recurso principal y el equipo dejó demasiado aislados a sus delanteros. En ese contexto, Exequiel Zeballos fue el futbolista más desequilibrante y prácticamente el único capaz de generar algo distinto en ataque. Cada intervención del Changuito despertó ilusión, aunque casi siempre terminó chocando contra la falta de precisión colectiva.
Tomás Aranda también mostró personalidad para pedir la pelota y atacar espacios, pero le faltó profundidad en los metros finales. Otro de los apuntados fue Leandro Paredes, que nunca logró conducir al equipo ni darle claridad en la mitad de la cancha. La ausencia de conexiones futbolísticas dejó a Boca partido y sin herramientas para reaccionar en una noche decisiva.
Sobre el cierre, Ángel Romero llegó a convertir el empate que hubiese cambiado el desenlace, pero el tanto fue correctamente anulado por posición adelantada. Esa jugada terminó siendo el último intento de un equipo golpeado anímicamente y sin respuestas futbolísticas.

Un nuevo desafío internacional
Con la eliminación consumada, Boca deberá cambiar rápidamente el foco y prepararse para disputar el playoff de la Copa Sudamericana. Allí enfrentará a O’Higgins de Chile, segundo en su grupo del otro torneo continental. Aunque la Sudamericana aparece ahora como una oportunidad de revancha, la eliminación en la Libertadores representa un golpe deportivo y emocional muy difícil de absorber para el club.
La derrota también abre interrogantes sobre el futuro inmediato del plantel y el proyecto futbolístico. Boca quedó lejos de las expectativas que genera históricamente en el plano internacional y volvió a evidenciar problemas de funcionamiento, liderazgo y contundencia. La Bombonera, acostumbrada a las noches épicas de Copa, esta vez fue escenario de una eliminación que quedará grabada como una de las más dolorosas de los últimos años.
