El INTA desarrolla una chía de ciclo corto para ampliar la siembra
Investigadores del INTA Salta y del Instituto de Genética desarrollaron nuevas poblaciones de chía de ciclo corto que podrían modificar las posibilidades productivas del cultivo en la región. A partir de mutaciones inducidas, los especialistas lograron reducir en aproximadamente 30 días el período biológico de la planta y eliminar prácticamente su sensibilidad al fotoperiodo, una de las principales limitantes de las variedades comerciales.
El avance permitiría ampliar de manera significativa la ventana de implantación. Mientras la chía tradicional concentra su siembra durante febrero, las nuevas poblaciones podrían implantarse desde enero hasta fines de febrero e incluso durante septiembre u octubre, siempre que exista humedad suficiente en el suelo.
La chía es considerada un cultivo emergente de alto valor nutricional y comercial. Sus semillas contienen entre 25 y 38% de aceite, con una proporción de ácido graso omega-3 superior al 64%. Además, presentan entre 19 y 23% de proteínas, un porcentaje elevado frente al de varios cereales tradicionales. Estas características explican el creciente interés por el cultivo y la necesidad de desarrollar materiales mejor adaptados a diferentes condiciones productivas.

La mutación que cambia el comportamiento de la planta
El principal diferencial de las nuevas poblaciones está relacionado con su comportamiento frente al fotoperiodo. Las variedades comerciales necesitan determinadas condiciones de duración del día para completar su desarrollo, por lo que la ventana de siembra resulta muy restringida. La investigación del INTA buscó modificar precisamente esa característica mediante mutagénesis.
“Estas variedades se han obtenido a través de mutagénesis, ya sea de manera natural o inducida. Esto quiere decir que, a diferencia de la chía comercial cuya ventana de siembra es muy restringida debido a su alta sensibilidad al fotoperiodo, las plantas mutadas son prácticamente insensibles al fotoperiodo”, explicó Martín Acreche, investigador del INTA Salta.
La modificación tiene consecuencias directas sobre el ciclo productivo. De acuerdo con los ensayos realizados, las nuevas plantas completan su ciclo unos 30 días antes que las variedades comerciales. Esa reducción no solo permite cambiar las fechas de implantación, sino también disminuir el tiempo durante el cual el cultivo permanece expuesto a situaciones que pueden comprometer su desarrollo y rendimiento.

Menos exposición y mayor densidad por hectárea
Los primeros ensayos muestran que el manejo agronómico de la chía de ciclo corto es similar al utilizado con los materiales tradicionales y que no existen grandes diferencias en el rendimiento respecto de las variedades comerciales. Esto representa una ventaja para los productores, ya que la incorporación de la nueva tecnología no exigiría modificar sustancialmente las prácticas habituales.
A su vez, el ciclo más breve reduce la exposición frente a factores bióticos, como plagas y enfermedades, y a factores abióticos vinculados con condiciones climáticas desfavorables. Las plantas también presentan una estatura más reducida, una característica que abre la posibilidad de aumentar e incluso duplicar la densidad de siembra y, potencialmente, elevar la productividad por unidad de superficie.
La ampliación de la ventana constituye otro elemento de importancia. “Mientras que la siembra tradicional se concentra en febrero, esta nueva tecnología permite extenderla desde enero hasta fines de febrero. A su vez, abre la posibilidad de sembrar en septiembre u octubre, siempre que el lote cuente con la humedad necesaria”, señaló Acreche.

El próximo desafío: mejorar la calidad del grano
El desarrollo todavía atraviesa una etapa de investigación y los especialistas trabajan en determinar si las mutaciones produjeron beneficios adicionales en la composición de las semillas. En particular, el equipo busca establecer si el perfil lipídico de las nuevas poblaciones presenta mejoras, dado que el contenido de omega-3 es uno de los principales atributos que impulsan el valor de la chía.
Los investigadores consideran que, si estos resultados se confirman, la nueva población podría convertirse en una herramienta relevante para ampliar el cultivo en la región. “De confirmarse estos resultados, la chía de ciclo corto podría posicionarse como una población clave para el futuro del cultivo en la región”, concluyó Acreche. El objetivo es que una innovación genética se traduzca en mayor flexibilidad para el productor y nuevas oportunidades comerciales.
