Estados Unidos aplicó nuevos aranceles: posible impacto para Argentina
Estados Unidos puso en marcha un nuevo esquema de aranceles para las importaciones provenientes de 60 países, una medida que volvió a generar incertidumbre en el comercio internacional y despertó preocupación entre los sectores exportadores argentinos. Desde el 24 de julio comenzó a regir un régimen de tarifas de entre el 10% y el 12,5%, cuyo impacto final dependerá del alcance que tenga sobre cada cadena productiva.
Argentina quedó incluida dentro del grupo de países alcanzados por la alícuota base del 10%, el nivel más bajo previsto por la nueva normativa. Sin embargo, el Gobierno estadounidense aún no difundió el listado definitivo de productos comprendidos en la medida, por lo que distintos complejos agroindustriales permanecen atentos a la reglamentación para conocer cómo afectará sus ventas al mercado norteamericano.
Argentina quedó en el grupo de menor carga arancelaria
La decisión fue adoptada por la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), que clasificó a los países según el grado de cumplimiento de políticas destinadas a combatir el trabajo forzoso en las cadenas de suministro.
Argentina fue ubicada entre las naciones que deberán afrontar un arancel adicional del 10%, al considerar que presentó mecanismos y compromisos para prevenir ese tipo de prácticas. En cambio, aquellos países que, según la evaluación estadounidense, no demostraron avances suficientes quedaron alcanzados por una alícuota del 12,5%.
El nuevo régimen reemplaza al arancel temporal del 10% que había estado vigente durante los últimos 150 días, período en el que Washington desarrolló la investigación comercial que dio origen a la medida definitiva.

El objetivo de la administración Trump
Desde la Casa Blanca explicaron que la iniciativa busca reforzar el control sobre las cadenas globales de abastecimiento y desalentar el ingreso de productos elaborados mediante trabajo forzoso o bajo condiciones laborales consideradas irregulares.
La medida se implementó utilizando las facultades previstas en la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, una herramienta que permite al Gobierno de Estados Unidos aplicar restricciones comerciales cuando entiende que existen prácticas incompatibles con sus intereses económicos o comerciales.
El agro argentino sigue de cerca la reglamentación
Aunque Argentina quedó dentro del grupo con la menor carga arancelaria, el impacto concreto sobre las exportaciones todavía es una incógnita. Todo dependerá de las posiciones arancelarias que finalmente queden alcanzadas y del peso que tengan esos productos dentro del comercio bilateral.

Entre los sectores que observan con mayor atención la evolución de la normativa de Estados Unidos aparecen la carne vacuna, los vinos, las economías regionales, los alimentos procesados y distintos productos de la agroindustria, que tienen al mercado norteamericano como uno de sus principales destinos.
Especialistas advierten que, aun cuando el incremento tarifario sea relativamente moderado, el aumento del costo de ingreso podría afectar la competitividad de algunos productos argentinos, especialmente frente a competidores que cuenten con acuerdos comerciales preferenciales o condiciones de acceso más favorables.
Habrá productos estratégicos exceptuados
El Gobierno de Estados Unidos aclaró que el nuevo esquema no alcanzará a la totalidad de las importaciones. La normativa contempla excepciones para determinados bienes considerados estratégicos para la economía norteamericana o que ya se encuentran alcanzados por otros regímenes comerciales.
Entre los productos excluidos figuran el petróleo, el gas, los fertilizantes, algunos alimentos y determinadas mercancías sujetas a acuerdos específicos. La definición precisa de esas excepciones será determinante para establecer el verdadero alcance de la medida sobre las exportaciones argentinas.

Expectativa por el impacto comercial
Estados Unidos continúa siendo uno de los principales mercados para numerosos productos agroindustriales argentinos con valor agregado, por lo que cualquier modificación en las condiciones de acceso genera un seguimiento permanente por parte del sector privado.
Mientras se esperan mayores precisiones sobre la reglamentación de Estados Unidos, empresas exportadoras y entidades del agro analizan los posibles efectos sobre la competitividad y la evolución de los negocios bilaterales. La magnitud del impacto dependerá tanto del universo de productos alcanzados como de la capacidad de cada cadena para absorber el mayor costo o trasladarlo a los precios.
