Rusia elimina hasta fin de año las retenciones al trigo, maíz y cebada
Rusia formalizó la decisión de llevar a cero los derechos de exportación para trigo, cebada y maíz hasta el cierre de 2026, en una medida que busca facilitar la salida de granos en un contexto marcado por dificultades logísticas y una fuerte presión sobre los precios internos. La disposición había sido anticipada a comienzos de septiembre y quedó establecida mediante la Resolución N.º 1194, firmada por el primer ministro Mijaíl Mishustin.
La norma fue publicada el 21 de septiembre, pero establece que la eliminación rige de manera retroactiva desde el 1° de septiembre y hasta el 31 de diciembre. El beneficio alcanza a las exportaciones hacia países que no forman parte de la Unión Económica Euroasiática (UEE) y fija en cero rublos por tonelada el derecho correspondiente al trigo y meslin, la cebada y el maíz.
La decisión no supone el abandono definitivo del sistema de derechos móviles que utiliza Rusia para los cereales, sino una suspensión temporal del mecanismo de amortiguación o damper durante cuatro meses.

Un alivio para el trigo ruso
La medida de Rusia se tomó, de acuerdo con las autoridades, por la necesidad de reestructurar la logística de las exportaciones y facilitar la comercialización de la producción. Alexander Belov, productor de la zona de Moscú consultado por LA NACION, señaló que el escenario combina problemas para colocar los granos con una marcada caída de los valores internos.
“En el transcurso del año 2026 el trigo ha perdido un tercio de su valor y el girasol más de 40% internamente. Año muy difícil a pesar de una buena cosecha”, explicó Belov. Para el productor, la eliminación de las retenciones representa “un poco de aire fresco”, aunque consideró que el beneficio es limitado porque una parte importante de la cosecha ya ingresó al circuito comercial.
Hasta la suspensión, las tasas se modificaban periódicamente. A comienzos de septiembre, el derecho del trigo había sido fijado en 787,5 rublos por tonelada, mientras que el maíz registraba 406,5 rublos y la cebada ya tenía una tasa de cero. En otros momentos de 2026, el gravamen aplicado al trigo había superado los 1.100 rublos por tonelada, según los registros oficiales.

Un sistema que Rusia utiliza desde 2021
El actual mecanismo de derechos móviles tiene su origen en la Resolución N.º 117 de febrero de 2021, que comenzó a aplicarse en junio de ese año. Desde entonces, Rusia calcula semanalmente las tasas para trigo, cebada y maíz a partir de precios indicativos y valores de referencia. Para el trigo, originalmente se estableció un derecho equivalente al 70% de la diferencia entre ambos precios cuando se superaba el umbral.
Para 2026, los precios base establecidos por el Ministerio de Agricultura ruso eran de 18.000 rublos por tonelada para el trigo y 17.875 rublos para la cebada y el maíz. El sistema, que buscaba amortiguar las variaciones internacionales y contener los precios internos, había adquirido especial importancia durante el crecimiento de las exportaciones rusas de trigo.
Los antecedentes, sin embargo, son anteriores. Rusia comenzó a aplicar derechos sobre los granos en 2007, cuando estableció temporalmente aranceles del 10% para trigo y meslin y del 30% para cebada. En 2008, el gravamen sobre el trigo llegó al 40% antes de ser eliminado a mediados de ese año. Belov recordó que el esquema actual se retomó en 2021, en paralelo con la expansión exportadora del país.

También fijaron límites para el girasol
La resolución de Rusia también incluye productos derivados del girasol, aunque no elimina sus derechos de exportación. Para el aceite, el Gobierno estableció que se aplicará la tasa resultante de la fórmula vigente o un máximo de 7.748 rublos por tonelada, tomando el menor de ambos valores. En la harina o torta, el límite quedó establecido en 312 rublos por tonelada.
Según Belov, esos topes representan aproximadamente US$90 por tonelada para el aceite y US$3,70 para la harina, de acuerdo con el tipo de cambio utilizado en su estimación.
El productor ruso agregó que el escenario financiero constituye otro factor de tensión para las empresas del sector. “La carga crediticia pesa muchísimo también”, afirmó, al plantear la necesidad de renegociar las condiciones financieras para evitar una mayor presión sobre las compañías agrícolas.
