Mendoza apuesta a las cerezas tempranas y busca mejorar su calidad
La producción de cerezas de Mendoza se prepara para comenzar la cosecha durante la primera semana de noviembre, con aproximadamente una semana de demora respecto de las previsiones iniciales y en un contexto marcado por las contingencias climáticas. Las condiciones agroclimáticas del oasis Norte permiten obtener una de las primeras cosechas del hemisferio sur, una ventaja que favorece la comercialización de fruta fresca y abre oportunidades tanto en el mercado interno como en los destinos internacionales.
Argentina cuenta con unas 2.200 hectáreas implantadas con este cultivo y Mendoza lidera la producción nacional. En la provincia, entre el 70 y el 80% de las cerezas se destina al mercado interno, mientras que el resto se distribuye entre compradores de Europa, el sudeste asiático, China, los Emiratos Árabes y Arabia Saudita.
Para acompañar el desarrollo de la actividad, el INTA Mendoza trabaja con una colección de 50 variedades provenientes de Canadá, Francia, Estados Unidos y Japón. Entre los cultivares que muestran adaptación a las condiciones locales se encuentran Brooks, Bing, Lapins, Sweet Heart, Royal Dawn, Symphony y Santina.

El INTA evaluará las variedades preferidas por el público
En el marco de INTA Puertas Abiertas 2026, que se realizará el 6 y 7 de noviembre, se organizarán dos degustaciones abiertas al público. La propuesta repetirá las evaluaciones realizadas en 2025 con las mismas variedades para determinar cómo influyen las condiciones climáticas de cada temporada sobre la calidad de las cerezas y cuáles generan mayor aceptación entre los consumidores.
“Realizaremos un panel de consumidores no expertos, porque el objetivo es ver cuáles son las variedades preferidas. Queremos tener esa información disponible para quienes producen principalmente para el mercado interno”, explicó Javier Chaar, investigador del INTA Mendoza. Los resultados anteriores permitieron identificar preferencias y aportar referencias útiles para pequeños productores que comercializan en mercados de cercanía.
Desde el sector productivo, Facundo Quirós, gerente de la Cámara de la Cereza de Mendoza, señaló que la cosecha de esta temporada estará condicionada por las contingencias climáticas, entre ellas viento Zonda, granizo, heladas y lluvias superiores a los registros de temporadas anteriores. Según estimó, quienes no pudieron implementar defensas activas tendrán mayores pérdidas, mientras que los establecimientos con tecnología adecuada podrán sostener una mejor carga y calidad.

Tecnología para evitar pérdidas durante la poscosecha
Además de estudiar las variedades de cerezas, el INTA concentra investigaciones en la conservación de la calidad desde la cosecha hasta la llegada de la fruta al consumidor. El Laboratorio de AgroAlimentos de la Estación Experimental Agropecuaria Mendoza analiza los procesos de recolección, preenfriamiento, empaque y almacenamiento frigorífico para reducir los daños que afectan la presentación comercial.
María Isabel Quiroga Martín, investigadora del organismo, advirtió que los daños mecánicos en las cerezas no se curan y solamente pueden prevenirse. Entre las lesiones más frecuentes aparecen las depresiones en la piel (pitting), los machucones (bruising) y las microfisuras. Aunque algunas pueden resultar difíciles de detectar inicialmente, durante el transporte y almacenamiento pueden provocar ablandamiento y depreciación comercial.
Los ensayos evaluaron la temperatura de la pulpa, la altura de caída y el material de la superficie de contacto. Los resultados demostraron que los frutos refrigerados a 0 °C mantienen mayor firmeza, pero presentan más fragilidad frente a determinados impactos. A temperaturas de entre 22 y 24 °C, en cambio, son más blandos y susceptibles a los machucones cuando sufren caídas elevadas.

Menos golpes para conservar el valor de la producción
A partir de las pruebas, los investigadores identificaron medidas concretas para mejorar la manipulación. Utilizar materiales amortiguadores, como poliéster o goma eva, y limitar las caídas a un máximo de 10 centímetros permite reducir considerablemente las lesiones. Por el contrario, las superficies de alto impacto y las caídas desde 30 centímetros generan mayores daños.
El INTA remarca que conservar la calidad requiere coordinación entre cosechadores, operadores de empaque y responsables del transporte. Para una fruta altamente perecedera y de elevado valor comercial, cada etapa de la cadena resulta determinante para sostener la firmeza, la apariencia y el acceso a los mercados más exigentes.
