Feedlots: alta ocupación, actividad sostenida y márgenes bajo presión
En la recta final de la zafra vacuna, los feedlots argentinos atraviesan un momento de intensa actividad y elevada ocupación, aunque con una rentabilidad ajustada que obliga a maximizar la eficiencia productiva. Con 2,1 millones de cabezas encerradas y un nivel de ocupación del 71%, el sistema muestra dinamismo, pero condicionado por una ecuación económica cada vez más exigente.
Más encierre y dinámica sostenida
Según datos de la Cámara Argentina de Feedlot (CAF), la ocupación de los feedlots creció cuatro puntos porcentuales respecto de 2025, reflejando un mayor uso de la capacidad instalada. Este incremento se da en un contexto de diversificación de categorías y un promedio de permanencia de 125 días, lo que mantiene activo al negocio.
Sin embargo, el buen nivel de actividad en los feedlots no se traduce necesariamente en mejores resultados económicos. La estrecha relación entre el precio de compra de la invernada y el valor de venta del gordo limita los márgenes, lo que obliga a los productores a afinar cada decisión dentro del corral.

La eficiencia como factor clave
En este escenario, la rentabilidad depende casi exclusivamente de la eficiencia productiva. Los kilos generados durante el proceso de engorde se vuelven determinantes para el resultado final.
Desde el sector destacan que cada mejora en conversión o ganancia de peso impacta directamente en el negocio, en un contexto donde los precios dejan poco margen para errores. La gestión del alimento, el manejo sanitario y las condiciones del corral son variables críticas para sostener la competitividad de los feedlots.
Menos costos y mejor desempeño sanitario
Uno de los cambios más valorados por la actividad es la modificación en la estrategia de vacunación contra la aftosa, que pasó a un esquema más simplificado. La medida redujo costos directos y, al mismo tiempo, mejoró el desempeño productivo de los animales.
Juan Eiras, directivo de la CAF, explicó a LA NACIÓN que el ahorro económico es significativo, pero subrayó que el principal beneficio está en la eficiencia. “La nueva estrategia tiene una ventaja clara en costos, pero sobre todo evita pérdidas asociadas al manejo y al estrés del animal”, señaló.
En ese sentido, remarcó que las intervenciones sanitarias generan mermas temporales en la performance, por lo que su reducción tiene un impacto positivo en la ganancia de peso. Incluso, mencionó que existen estudios que registran diferencias de hasta 10 kilos por animal, lo que representa un resultado económico relevante.

Más formalización en el sistema
La nueva estrategia también comenzó a reflejarse en el plano institucional. Se observa un crecimiento en la cantidad de feedlots inscriptos en el Senasa, lo que fortalece la formalización del sector.
No obstante, desde la entidad aclaran que no se trata de nuevos feedlots, sino de unidades productivas que ya operaban y que ahora decidieron regularizar su situación. Este proceso contribuye a mejorar la trazabilidad y la transparencia de la actividad.
Exportación firme y oportunidades abiertas
En el frente externo, el panorama muestra señales positivas. Durante marzo, las exportaciones mantuvieron un buen ritmo, incluso con menos días hábiles, lo que permitió sostener niveles elevados de ventas.
Este contexto favorece especialmente a las categorías pesadas y bien terminadas, donde el novillo de feedlot destinado a exportación mantiene valores firmes. Actualmente, los precios se ubican por encima de los $8.000 por kilo de carne, consolidando un mercado atractivo para este segmento.
Además, el regreso de las cuadrillas para faena kosher desde Israel aportó mayor dinamismo a la industria, al tiempo que la cuota 481 y la Cuota Hilton siguen siendo motores clave para la colocación de carne en Europa.

Consumo interno y competencia con otras carnes
En el mercado doméstico, el consumo muestra señales mixtas pero con cierta recuperación en la fluidez de ventas. En los puntos de comercialización, cortes como asado, vacío o roast beef se ubican en torno a los $15.000, lo que permitió un leve reacomodamiento para el consumidor.
Sin embargo, la carne vacuna continúa enfrentando una fuerte competencia con otras proteínas más económicas, como el pollo y el cerdo. En un contexto de ingresos ajustados, la elección del consumidor sigue condicionada por el precio relativo.
