La chicharrita mantiene una presencia muy baja antes del maíz tardío
La presencia de la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis) continúa en niveles muy bajos en gran parte del territorio argentino, de acuerdo con el 53° informe de la Red Nacional de Monitoreo. Los registros correspondientes a la segunda mitad de octubre muestran un escenario favorable de cara al inicio de la siembra de maíz tardío, previsto para dentro de aproximadamente un mes, con poblaciones inferiores a las de igual período de 2025 en varias regiones.
El relevamiento indicó que las zonas del Litoral, Centro Norte y Centro Sur presentan niveles de presencia del insecto por debajo de los registrados durante la campaña anterior, mientras que las regiones endémicas del NOA y NEA mantienen una situación estable respecto de la misma altura del año pasado. Los resultados configuran un panorama auspicioso para la próxima etapa de implantación del cultivo.
Sin embargo, los especialistas remarcaron que la situación favorable no debe traducirse en una disminución de los controles. La experiencia de la epifitia de la campaña 2023/24, que provocó pérdidas cercanas al 20% de la producción, constituye un antecedente que obliga a mantener la vigilancia sobre la chicharrita y sus posibilidades de expansión.

El NOA y el NEA mantienen poblaciones reducidas
En el NOA, las capturas promedio por trampa registraron un ligero incremento respecto del relevamiento anterior, aunque se mantuvieron estables en comparación con octubre de 2025. Los datos muestran que el 60% de las localidades no registró presencia de chicharritas, mientras que otro 21% presentó capturas correspondientes a la categoría más baja, de entre uno y cuatro adultos por trampa.
El NEA presentó un comportamiento similar. Si bien el promedio de capturas también aumentó levemente respecto de la medición previa, los valores quedaron por debajo de los observados durante la campaña pasada para esta misma época. En esta región, el 57% de las localidades no registró capturas y el 34% presentó entre uno y cuatro adultos por trampa, lo que confirma una baja abundancia regional.
Ambas regiones concentran antecedentes de mayor presencia de la chicharrita, por lo que su evolución resulta especialmente relevante para anticipar posibles riesgos sanitarios. La estabilidad observada permite mantener una perspectiva favorable, aunque será necesario seguir de cerca cualquier cambio en las poblaciones a medida que avance la campaña agrícola.

El Litoral y las regiones centrales muestran una retracción
En el Litoral, la abundancia de Dalbulus maidis continuó en niveles muy reducidos. El informe identificó que el 85% de las localidades no registró presencia de la chicharrita, mientras que un 12% presentó capturas de entre uno y 20 adultos por trampa. Un dato destacado es que el 98% de las trampas estuvo ubicado sobre lotes con maíz temprano, lo que refuerza la relevancia de los resultados obtenidos en esta región.
En el Centro Norte también se profundizó la retracción de la plaga. Con el 65% de las trampas instaladas sobre lotes de maíz, las localidades sin capturas pasaron del 86% al 93% respecto del relevamiento anterior. El 7% restante presentó registros correspondientes a la categoría más baja, lo que refleja una presencia muy limitada del vector.
Por su parte, el Centro Sur volvió a mostrar los menores niveles de incidencia de todo el relevamiento. La chicharrita estuvo ausente en el 97% de las localidades evaluadas, mientras que el 52% de las trampas se encontraba sobre cultivos de maíz.

El manejo preventivo sigue siendo fundamental
Más allá de los resultados favorables, la Red Nacional de Monitoreo insistió en la importancia de eliminar los maíces voluntarios, conocidos como guachos, para impedir la continuidad del vector entre campañas. La presencia de estas plantas puede generar un puente verde que permite a la chicharrita y a los patógenos asociados sobrevivir entre ciclos productivos, favoreciendo su posterior dispersión hacia los nuevos cultivos.
También recomendaron realizar monitoreos frecuentes en los lotes con maíz de primera desde la emergencia de las plantas. La detección temprana permite identificar eventuales incrementos poblacionales y disponer de información para definir oportunamente las estrategias de manejo.
De esta manera, aunque el escenario previo a la siembra tardía resulta considerablemente más favorable que el de otras campañas, la vigilancia y la prevención continúan siendo herramientas centrales para proteger el potencial productivo del maíz.
