La siembra directa retrocede en Argentina y queda lejos de su máximo


La siembra directa volvió a perder terreno en la Argentina y quedó cada vez más lejos del máximo registrado hace casi una década. Durante la campaña 2025/26, el sistema alcanzó al 80,6% de las 31,71 millones de hectáreas relevadas, dos puntos porcentuales por debajo del 82,6% de la campaña anterior y muy lejos del 93% alcanzado en 2017/18. El relevamiento fue realizado por la Red de Manejo de Plagas de Aapresid (REM).

El retroceso está relacionado principalmente con la decisión de recurrir a labranzas para enfrentar malezas y problemas de compactación, aunque el informe también identifica factores económicos y productivos. Para elaborar el trabajo se consultó a referentes de 204 partidos y departamentos del país, quienes estimaron el porcentaje de superficie bajo siembra directa y los motivos que explican el uso de labores.

Malezas, Labranza Ocasional

Malezas y compactación, en el centro del problema

“Desde la institución obviamente estamos viendo un avance de la labranza y lo primero es entender por qué”, explicó Marcelo Torres, presidente de Aapresid, a LA NACION. Según señaló, el relevamiento permitió identificar dos causas centrales: “Compactación, uno de los temas; malezas resistentes, el otro”. El informe aclara que los datos no corresponden a mediciones directas a campo, sino a la apreciación de los informantes.

El control de malezas explicó el 48,5% de la superficie laboreada a nivel nacional, convirtiéndose en el principal motivo para abandonar temporalmente la siembra directa. La problemática ganó participación en zonas como Salta, La Pampa, el centro y norte de Buenos Aires y Entre Ríos. En tanto, San Luis, Buenos Aires, La Pampa y Chaco declararon los mayores retrocesos del sistema, mientras que Entre Ríos, Santiago del Estero y Santa Fe mostraron avances.

La compactación representó el 25,6% de la superficie laboreada, unas 1,57 millones de hectáreas. En Entre Ríos y Catamarca incluso superó a las malezas como principal causa, mientras que en Córdoba ambos factores tuvieron una incidencia similar. Además, otro 26% de la superficie laboreada, equivalente a 1,6 millones de hectáreas, respondió a otras razones, entre ellas restricciones al uso de fitosanitarios, cultivos que requieren laboreo, contratos de arrendamiento anuales y mayores costos.

Siembra directa, beneficios

Aapresid propone sistemas más intensivos y sostenibles

Frente al avance de las labranzas, Aapresid sostiene que la alternativa no consiste solamente en defender la siembra directa, sino en mejorar el sistema mediante rotaciones, cultivos de servicio e intensificación. Torres señaló que mantener el suelo cubierto y con raíces durante la mayor parte del año permite abordar simultáneamente la compactación y las malezas.

Según la entidad, estas herramientas también ayudan a retrasar la aparición de biotipos resistentes y complementan el uso de herbicidas. Sin embargo, requieren continuidad y planificación. “Ese modelo implica poder construir a largo plazo y en Argentina, en los últimos años, con tantos cambios de reglas de juego, el productor estuvo bastante limitado en construir a largo plazo”, sostuvo Torres.

El informe advierte que las labranzas ocasionales tampoco necesariamente resuelven los problemas que las originan. Estudios citados de la Facultad de Agronomía de la UBA y la Universidad de Clemson sobre lotes con dos décadas de siembra directa no encontraron diferencias significativas en riqueza y abundancia de malezas después de labores ocasionales.

siembra

El desafío de recuperar una estrategia de largo plazo

Aapresid remarcó que la siembra directa permitió reducir un 33% el riesgo de erosión, mejorar el aprovechamiento del agua y extender la agricultura hacia zonas áridas. La entidad también vinculó su expansión, junto con la biotecnología, la fertilización y mejores prácticas de manejo, con el fuerte crecimiento de la producción agrícola argentina.

Entre 1970 y 2012, la producción de los principales cultivos extensivos pasó de 20 millones a entre 90 y 100 millones de toneladas anuales, mientras la superficie cultivada se duplicó. El sistema también favoreció una mayor captura de carbono y menores emisiones de gases de efecto invernadero.

Para Torres, el desafío pasa por recuperar una mirada de mayor plazo. “Creemos en la maduración de esos sistemas, en la siembra directa con la rotación de cultivos y la intensificación, que quiere decir mantener los campos verdes y vivos la mayor cantidad de tiempo posible”, afirmó.