Abejorros nativos revolucionan la polinización del tomate
Un estudio conjunto entre la Facultad de Agronomía de la UBA y la empresa Brometan puso en el centro de la escena a un polinizador nativo con alto potencial productivo: el Bombus pauloensis. Los resultados muestran que su incorporación en cultivos de tomate puede aumentar hasta un 25% la cantidad de frutos, además de mejorar el peso, el tamaño y la calidad final.
El hallazgo se inscribe en un contexto global donde los polinizadores son fundamentales para la producción de alimentos. Se estima que alrededor del 35% de la producción mundial depende de su actividad. Si bien la Apis mellifera es la más conocida, no siempre es la más eficiente para todos los cultivos, especialmente en especies como el tomate.
En este escenario, el abejorro nativo gana protagonismo por su capacidad de adaptación. Se trata de un insecto robusto, con gran tolerancia a condiciones adversas, que además presenta un comportamiento único que lo vuelve especialmente eficaz en el tomate.

El “zumbido” que potencia la polinización
La principal ventaja del Bombus pauloensis radica en su técnica de polinización. A diferencia de otros insectos, este abejorro utiliza un mecanismo conocido como “polinización por vibración”, mediante el cual agita su cuerpo para liberar el polen de flores que no lo desprenden fácilmente.
Este comportamiento resulta clave en cultivos como el tomate o la berenjena. El zumbido genera una vibración que permite una fecundación más eficiente, lo que se traduce en frutos más numerosos y de mejor calidad.
Desde la FAUBA explican que este proceso natural supera en eficacia a métodos tradicionales. La mejora no solo se refleja en el rendimiento del tomate, sino también en la uniformidad y la vida postcosecha del producto, aspectos clave para la comercialización.
De la naturaleza al cultivo: el uso de “cajas nido”
La expansión de la agricultura intensiva redujo los espacios naturales donde estos insectos suelen nidificar. Para resolver esta limitación, los investigadores y empresas del sector desarrollaron sistemas de “cajas nido”, que permiten incorporar colmenas directamente en los cultivos.
Estas estructuras contienen una reina y entre 80 y 120 obreras que comienzan a trabajar de inmediato. El modelo permite trasladar el servicio de polinización al campo de manera controlada y eficiente, asegurando resultados constantes.

La densidad de colmenas varía según el tipo de tomate. Se estiman unas seis por hectárea para variedades redondas, ocho para perita y hasta doce para cherry. Cada caja requiere cerca de cuatro meses de preparación y tiene una vida útil de al menos ocho semanas, dependiendo del manejo y las condiciones ambientales.
Un impacto que va más allá del rendimiento
El uso de polinizadores biológicos no solo mejora la productividad, sino que también impulsa prácticas más sustentables. Reemplaza tareas manuales como la aplicación de hormonas flor por flor, reduciendo costos y tiempos de trabajo.
Además, la presencia de colmenas obliga a un uso más cuidadoso de agroquímicos. Esto tiene un efecto positivo directo sobre el ambiente, los trabajadores rurales y la calidad del tomate, al disminuir la exposición a sustancias potencialmente dañinas.
El enfoque se alinea con las tendencias globales de producción responsable. La incorporación de estos sistemas promueve un modelo más equilibrado entre productividad y sostenibilidad, cada vez más demandado por los mercados.

La ciencia detrás del comportamiento
El desarrollo de estas soluciones se apoya en años de investigación sobre la biología y el comportamiento de los abejorros. Estudios recientes demostraron que estos insectos pueden aprender y asociar colores con recompensas, lo que influye en su eficiencia como polinizadores.
Por ejemplo, las recolectoras de néctar tienden a preferir el color azul, mientras que las de polen responden más rápidamente al amarillo. Este tipo de conocimiento permite optimizar su desempeño dentro de los cultivos, mejorando la interacción entre planta e insecto.
A futuro, los investigadores buscan profundizar en otros factores, como el impacto del clima en invernaderos. La temperatura y la humedad podrían influir en la actividad de los abejorros, lo que abre nuevas líneas de estudio para perfeccionar su uso.
