Argentina perdió más de 3 millones de hectáreas de pastizales
Los pastizales ocupan cerca de la mitad del territorio argentino y cumplen funciones que exceden ampliamente la provisión de alimento para el ganado. Estos ambientes sostienen biodiversidad, conservan los suelos, almacenan carbono y contribuyen a regular el agua, además de constituir una base histórica para numerosas actividades productivas. Sin embargo, durante las últimas décadas su superficie se redujo de manera significativa como consecuencia de diferentes procesos de transformación.
De acuerdo con Manuel Jaramillo, director general de Fundación Vida Silvestre, Argentina perdió más de 3 millones de hectáreas de pastizales naturales, principalmente como consecuencia de cambios en el uso del suelo, la intensificación productiva y manejos inadecuados. La pérdida de estos ambientes representa un cambio en territorios que durante generaciones fueron utilizados tanto para la producción ganadera como para sostener comunidades y una amplia diversidad de especies.
La importancia de los pastizales también está vinculada con los servicios ambientales que brindan. Sus suelos y su vegetación permiten almacenar carbono y conservar recursos naturales, mientras que su estructura contribuye a regular el comportamiento del agua. Por eso, su transformación no solamente modifica la superficie disponible para determinadas especies, sino que también puede alterar procesos naturales relevantes para las actividades productivas y para las poblaciones asentadas en esas regiones.

Un ecosistema clave para la producción y el ambiente
Las Pampas concentran alrededor del 60% del área de pastizales del país, aunque estos ambientes también están presentes en regiones como Campos y Malezales, el Espinal y el Chaco Húmedo. En cada territorio adquieren características particulares, pero todos forman parte de paisajes donde interactúan actividades agropecuarias, comunidades y especies de flora y fauna que dependen de esas condiciones.
Para la ganadería, los pastizales naturales representan una fuente histórica de alimento y un recurso productivo asociado al territorio. Su conservación plantea así un desafío que combina producción y manejo ambiental: mantener la capacidad de estos ambientes para sostener actividades económicas sin deteriorar las funciones ecológicas que permiten su permanencia. El manejo de los recursos resulta, en este punto, determinante para evitar una degradación progresiva.
Una de esas funciones adquiere especial relevancia frente a eventos climáticos extremos. En la Pampa Deprimida y los Bajos Submeridionales, los suelos y la vegetación de los pastizales pueden absorber excedentes de agua y contribuir a amortiguar inundaciones. La transformación o degradación de estos ambientes puede modificar esos procesos naturales y aumentar la vulnerabilidad de determinadas zonas frente a lluvias intensas, especialmente cuando se combinan con otros cambios en el uso del suelo.

Menos protección y pérdida de biodiversidad
La presión sobre los pastizales resulta especialmente marcada en la región pampeana. Alrededor del 80% de estos ambientes fue transformado para actividades agrícolas y ganaderas, mientras que menos del 4% cuenta con algún tipo de protección formal. La reducción de su superficie no implica solamente una pérdida de paisaje natural, sino también una disminución de los espacios disponibles para especies y de los servicios ambientales que estos ecosistemas proporcionan.
El venado de las pampas constituye uno de los ejemplos más visibles de este proceso. Sus poblaciones quedaron restringidas a determinados sectores del país, como consecuencia de la transformación de los ambientes donde históricamente habitaba. En la provincia de Buenos Aires, el Parque Nacional Campos del Tuyú conserva uno de los últimos remanentes de pastizal pampeano y brinda refugio a esta especie, además de proteger un ambiente representativo de la región.
La declaración de 2026 como Año Internacional de los Pastizales y los Pastores por parte de las Naciones Unidas, mediante una iniciativa coordinada por la FAO, busca poner en primer plano el valor de estos territorios y de las comunidades que dependen de ellos. En Argentina, la discusión también alcanza de manera directa al sector agropecuario: conservar los pastizales implica analizar cómo sostener la producción, mejorar el manejo de los recursos y evitar que la expansión o intensificación de determinadas actividades profundice la pérdida de estos ambientes.
