Kissabel: la manzana roja por dentro que nace en la Patagonia y seduce al mundo
En el corazón del Alto Valle del Río Negro, una región con larga tradición frutícola, comienza a consolidarse una innovación que promete redefinir el mercado de las manzanas. Se trata de Kissabel, una variedad que se distingue por una característica inusual: es roja tanto por fuera como por dentro, una cualidad que, sumada a sus propiedades nutricionales, la posiciona como un producto diferencial con creciente demanda en la Argentina y el exterior.
Un desarrollo global con sello local
Kissabel no es un desarrollo aislado, sino el resultado de años de investigación en un consorcio internacional de productores que buscó crear una fruta con identidad propia. El origen del proyecto se remonta a un vivero francés, donde comenzaron los primeros cruzamientos que dieron lugar a esta variedad, cuyo nombre significa “besable”.
La Argentina forma parte de esta red a través del Grupo Prima, responsable también de marcas tradicionales como Moño Azul. Desde allí impulsaron la introducción y adaptación de la fruta en el país, apostando a un segmento de alto valor agregado dentro del mercado frutícola.
El consorcio reúne productores de distintos continentes, lo que permitió validar la variedad en diversos climas y sistemas productivos. Sin embargo, el proceso demandó inversión, tiempo y desarrollo técnico, ya que no se trata de una modificación genética, sino de cruzamientos naturales entre variedades tradicionales y silvestres.

Adaptación al Alto Valle y trabajo con el INTA
La llegada de Kissabel a la Argentina implicó un desafío agronómico importante: lograr que la fruta mantuviera sus cualidades distintivas en el entorno local. Para eso, se realizaron ensayos con diferentes clones, evaluando su comportamiento en cuanto a color, rendimiento y calidad comercial.
En este proceso fue clave la articulación con el sistema científico. A través de un convenio con el INTA del Alto Valle, se llevaron adelante años de evaluación y selección, que permitieron identificar las variedades mejor adaptadas a las condiciones de la región.
El desarrollo no fue inmediato. Según detallan desde el sector, el proyecto lleva más de 15 años en el país, con etapas que incluyeron la implantación de plantas, su crecimiento, la producción y la posterior selección de los materiales más prometedores. Solo después de ese recorrido se avanzó hacia una fase piloto y, finalmente, hacia la validación comercial.
Una fruta distinta que despierta interés
El principal diferencial de Kissabel es su apariencia. Totalmente roja en su interior, rompe con el patrón tradicional de las manzanas y genera un fuerte impacto visual. Pero no es solo una cuestión estética: también presenta un perfil de sabor particular, con equilibrio entre acidez y dulzura, y notas que recuerdan a los frutos rojos.

A esto se suma su alto contenido de antioxidantes, un atributo que la posiciona dentro de las tendencias globales de consumo saludable. Esta combinación de características explica por qué la fruta comenzó a captar la atención tanto de consumidores como de distribuidores.
En la Argentina, la respuesta del mercado fue inmediata. Según operadores del sector, la demanda es tan alta que la producción disponible se agota rápidamente, especialmente en canales especializados que comercializan productos gourmet o exóticos.
Expansión productiva y proyección exportadora
Actualmente, la superficie implantada con Kissabel en el país alcanza las 10 hectáreas, con una producción estimada de unos 500.000 kilos para esta campaña, dado que se trata de plantaciones jóvenes. Sin embargo, el crecimiento ya está en marcha.
El objetivo a corto plazo es expandir la superficie a 50 hectáreas, lo que permitiría aumentar significativamente la oferta y comenzar a abastecer mercados internacionales. De hecho, el desempeño de la variedad en Europa y Estados Unidos, donde ya registra buenos resultados, refuerza las expectativas de exportación.

Un nuevo capítulo para la fruticultura argentina
El caso de Kissabel refleja cómo la innovación puede abrir nuevas oportunidades para economías regionales. Con respaldo internacional, desarrollo local y una identidad propia, esta manzana representa una apuesta por la diferenciación y el valor agregado en un contexto competitivo.
Desde el Alto Valle, una fruta distinta empieza a ganar protagonismo y a proyectarse más allá de las fronteras. Si las condiciones acompañan, Kissabel podría convertirse en un nuevo emblema de la fruticultura argentina, combinando ciencia, mercado y una propuesta que seduce tanto por su apariencia como por su calidad.
