Ganadería: estrategias de mitigación elevaron 40% la productividad


Un estudio realizado por especialistas del INTA en la Cuenca del Salado mostró que es posible reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y, al mismo tiempo, mejorar los resultados productivos de la ganadería. En el marco del proyecto internacional Ganasur, la aplicación de distintas estrategias permitió evitar unas 7.400 toneladas de dióxido de carbono equivalente y elevar un 40% la producción por vientre.

Más carne con menos emisiones

El proyecto Ganasur se desarrolla dentro de la estructura cooperativa de Procisur, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos, evaluar alternativas de mitigación y medir sus impactos productivos, económicos y ambientales.

Para Argentina se tomó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa deprimida, una de las principales regiones ganaderas del país. Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, explicó que la elección respondió a la importancia de la región y a que la cría concentra una proporción relevante de las emisiones, pero también presenta brechas de eficiencia que pueden ser corregidas.

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“Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más mejorando la rentabilidad”, señaló Álvarez. En esa línea, remarcó que la mitigación no implica necesariamente reducir la producción de la ganadería, sino generar más carne con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y, al mismo tiempo, disminuir las emisiones absolutas.

Sanidad, pasturas y reproducción

Las estrategias evaluadas no fueron planteadas como un paquete teórico, sino que se seleccionaron a partir de tecnologías ya probadas y compatibles con los sistemas productivos. Además, fueron contrastadas mediante consultas con productores y referentes de la ganadería para determinar cuáles presentaban mayores posibilidades de adopción.

Entre las medidas implementadas por la ganadería aparecen las mejoras en sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos y un manejo más eficiente del pastoreo. También se contemplaron la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

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El análisis buscó medir no solamente cuánto podían reducirse las emisiones, sino también qué impacto tenían las tecnologías sobre la productividad y los costos de la ganadería. “Uno de los principales aportes de Ganasur es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica”, sostuvo Álvarez, quien destacó que conocer el costo de una tecnología resulta fundamental para evaluar las posibilidades concretas de adopción por parte de los productores.

Los resultados proyectados muestran una mejora significativa. La implementación completa de la trayectoria tecnológica permitiría evitar 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, una reducción del 15% respecto del escenario de referencia. Para 2040, las emisiones anuales bajarían hasta unas 2.645 toneladas de CO₂ equivalente.

Un salto del 40% en producción por vientre

El efecto también se trasladaría directamente al resultado de la ganadería. Según el estudio, la producción por vientre aumentaría un 40%, al pasar de 197 a 275 kilogramos de peso vivo. A su vez, la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría aproximadamente un 27%, mientras que el incremento del volumen de carne y la mayor eficiencia generarían beneficios económicos.

La estrategia fue diseñada para avanzar de manera gradual y acumulativa. En una primera etapa se plantea ordenar el manejo del rodeo y mejorar la reproducción; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y finalmente incorporar herramientas de mayor intensificación.

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Esta secuencia busca evitar que los productores tengan que asumir simultáneamente inversiones y cambios de manejo en la ganadería que impliquen una alta complejidad. “Comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones” permite construir una transición progresiva, explicó Álvarez.

De esta manera, el trabajo del INTA plantea que la mitigación puede convertirse en una herramienta de mejora productiva, especialmente en sistemas donde todavía existen márgenes importantes para elevar la eficiencia reproductiva, forrajera y sanitaria. El desafío pasa ahora por trasladar estas estrategias a más establecimientos de la región y adaptar la combinación de tecnologías a las condiciones de cada sistema ganadero.