Biotecnología veterinaria: cómo acelerar el camino del laboratorio al mercado
Transformar una nueva biotecnología en un producto veterinario comercializable exige mucho más que comprobar su funcionamiento. La maduración tecnológica, las pruebas experimentales y la evaluación de los costos de producción son etapas fundamentales para reducir riesgos y facilitar la llegada de nuevas soluciones a las empresas. El desafío cobra relevancia ante el avance de las vacunas, los productos biológicos y las herramientas de diagnóstico para la salud animal.
Durante Crossing Over Latam, Andrés Wigdorovitz, director de INCUINTA, compartió la experiencia del INTA en la transferencia de desarrollos científicos al sector productivo. En la charla “El futuro de la biotecnología veterinaria”, que también contó con la participación de Jorge Winokur, de Vetanco, y Josefina Correa, de Xeptiva, Uruguay, el eje estuvo puesto en acortar la distancia entre la investigación y el mercado mediante una mayor articulación entre el sector público, la industria y los emprendedores.

Maduración tecnológica para reducir riesgos
“Lo que nosotros quisimos hacer desde lo público fue empezar a trabajar sobre los puntos críticos”, explicó Wigdorovitz. La estrategia de INCUINTA consiste en acompañar los desarrollos mediante ensayos y capacidades experimentales que permitan resolver incertidumbres antes de su transferencia. De esta manera, las empresas pueden evaluar con mayor precisión la viabilidad de una biotecnología y las condiciones necesarias para llevarla a escala comercial.
El trabajo incluye medir los rendimientos de las plataformas de producción, evaluar las posibilidades de escalado y anticipar las inversiones necesarias. También contempla la selección de células, la disponibilidad de insumos, los posibles conflictos de propiedad intelectual y la factibilidad de uso.
El objetivo es avanzar mediante pruebas de concepto hasta niveles cercanos a TRL 5, una etapa de madurez tecnológica que contempla la validación en un entorno relevante. Así, cuando una startup o una compañía recibe el desarrollo, dispone de información experimental para tomar decisiones. Reducir las incógnitas técnicas y productivas permite disminuir los riesgos asociados con la inversión y acelerar la transferencia.

Nuevas tecnologías y desafíos regulatorios
La biotecnología veterinaria avanza hacia herramientas más específicas y procesos de desarrollo cada vez más rápidos. Esta transformación exige adaptar las capacidades de investigación, producción y evaluación para responder a nuevas necesidades sanitarias. Según Wigdorovitz, uno de los principales desafíos radica en la capacidad de adoptar las innovaciones y acompañarlas con marcos regulatorios adecuados.
“Los grandes desafíos están en nuestra capacidad de adopción y en la parte regulatoria”, señaló el investigador. Los tiempos de desarrollo pueden afectar la competitividad de una tecnología si se prolongan demasiado. Por eso, acelerar la maduración y transferencia resulta importante para facilitar la llegada de inversiones y evitar que una innovación pierda oportunidades comerciales antes de alcanzar el mercado.
Desde el ámbito público, el reto consiste en responder a esa velocidad sin descuidar las garantías sanitarias. La coordinación entre investigadores, empresas y organismos regulatorios aparece como una condición necesaria para que los nuevos productos puedan avanzar desde las pruebas experimentales hasta su utilización efectiva.

Desarrollos del INTA que llegaron al mercado
La trayectoria de INCUINTA incluye experiencias que muestran cómo se concreta ese proceso. Una de ellas es el kit diagnóstico para la anemia infecciosa equina, utilizado en controles sanitarios vinculados con la exportación de caballos. El producto lleva alrededor de doce años en el mercado y se originó en el Instituto de Virología del INTA, con un proceso de validación, preparación a escala y comercialización junto con INTeA.
Otro caso es la plataforma de producción de anticuerpos en yema de huevo, que permitió desarrollar un producto biológico contra la diarrea de los terneros. Según Wigdorovitz, la solución acumula seis años de comercialización y supera las 30 toneladas vendidas. Actualmente, el equipo trabaja en una nueva generación que incorpora cobertura frente a otra enfermedad, con el propósito de ampliar sus prestaciones sanitarias.
A estas tecnologías se suma una vacuna contra la diarrea bovina, también originada en el Instituto de Virología y madurada en INCUINTA antes de su transferencia a Bioinnovo para avanzar con el registro y la producción. De acuerdo con el investigador, lleva cinco años en el mercado y lidera su segmento.
