La mancha amarilla afecta al 70% de los lotes de trigo en Santa Fe
El trigo santafesino atravesó septiembre con una condición general favorable, aunque la presión sanitaria encendió una señal de alerta en los campos. Un relevamiento del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), realizado sobre 213 lotes de la provincia, detectó que el 70% presentaba algún grado de infección por enfermedades, principalmente por mancha amarilla. Pese a este escenario, el 99% de los cuadros se encontraba en estado bueno a muy bueno.
El cultivo avanzó en su ciclo biológico, con mejores indicadores en el sur provincial, mientras que las regiones centro y norte mostraron diferencias en su evolución y en los factores que condicionan su desarrollo. La disponibilidad de agua y las condiciones meteorológicas durante las próximas semanas serán determinantes para el llenado de los granos y la definición de los rendimientos.
El informe también identificó daños leves por heladas en parte de los campos del sur y un déficit hídrico localizado en el centro. En paralelo, las malezas y las plagas insectiles mantuvieron una incidencia reducida. De esta manera, el principal desafío sanitario para el cereal se concentró en la aparición y propagación de enfermedades foliares, con la mancha amarilla como protagonista.

La mancha amarilla, principal amenaza sanitaria
Las observaciones del INTA indicaron que el 70% de los lotes presentó infecciones de leves a moderadas, una proporción que refleja la presión de los patógenos sobre el cultivo. Entre las enfermedades identificadas, la mancha amarilla —provocada por el hongo Drechslera/Pyrenophora tritici-repentis— fue la más extendida en el territorio santafesino, acompañada por la roya de la hoja y la roya amarilla.
La presencia de la mancha amarilla requiere seguimiento durante las etapas de desarrollo del trigo, ya que su evolución puede comprometer el área foliar y afectar la capacidad de las plantas para sostener el crecimiento y el llenado de los granos. La intensidad de los daños dependerá de las condiciones ambientales y de cómo avance la infección en cada región, por lo que el monitoreo de los lotes resulta central para evaluar su evolución.
En la región centro se registró la situación sanitaria más preocupante, pese a que el 92% de los cuadros conservaba una condición buena a muy buena. El 8% restante fue clasificado como regular, principalmente por déficit hídrico.

Diferencias entre el norte, el centro y el sur
En el sur provincial, el cultivo exhibió los mejores indicadores de desarrollo, aunque el relevamiento detectó efectos de las bajas temperaturas. El 25% de las parcelas presentó daños leves por heladas, mientras que un 37% registró síntomas de enfermedades.
En el norte, por su parte, el 94% de los cuadros se ubicó entre buenos y muy buenos, mientras que el 6% restante presentó una condición regular. En esta región, una proporción importante de los cultivos había alcanzado las etapas de emergencia de la inflorescencia y grano lechoso, lo que evidencia un avance fenológico diferente respecto de otras áreas de la provincia.
Las diferencias regionales muestran que el estado general del trigo no elimina los riesgos que pueden incidir sobre el resultado final de la campaña. Aunque la mayoría de los lotes conserva buenas perspectivas, la evolución de enfermedades como la mancha amarilla, las reservas de humedad y las temperaturas serán variables decisivas durante las próximas etapas.

Malezas y plagas, con incidencia limitada
A diferencia de lo observado con la mancha amarilla, las malezas y las plagas insectiles tuvieron una presencia reducida en el relevamiento provincial. En el norte, las malezas afectaron al 19% de los campos, con registros de cebadilla y nabo, mientras que en las demás regiones su incidencia no apareció como el principal factor de preocupación.
En cuanto a los insectos, la chinche verde y los trips mostraron una incidencia marginal en las zonas centro y sur. Este panorama permite concentrar la atención en el seguimiento sanitario de las enfermedades foliares, sin perder de vista la necesidad de revisar periódicamente cada lote.
Con el trigo mayoritariamente en buenas condiciones, el clima tendrá un papel decisivo en el potencial productivo de Santa Fe. La evolución de las infecciones y la disponibilidad de agua durante el llenado definirán cuánto de ese buen estado observado en septiembre podrá traducirse en rindes al momento de la cosecha.
