Del otoño húmedo al regreso de El Niño: alertas para el agro
El escenario climático comienza a mostrar un giro significativo y anticipa el posible regreso del fenómeno El Niño para la campaña 2026/27. Si bien los pronósticos más certeros se consolidan hacia la segunda mitad del año, distintos informes coinciden en que la probabilidad de su retorno es cada vez más alta.
Uno de los datos más llamativos es que entidades del sector agropecuario ya comenzaron a emitir advertencias. Entre ellas, Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) difundió un documento en el que recomienda a los productores anticiparse a un posible evento de gran intensidad, lo que refleja el nivel de preocupación creciente.
Un otoño con más lluvias y temperaturas elevadas
En el corto plazo, el otoño ya muestra señales de mayor humedad, según el pronóstico trimestral del Servicio Meteorológico Nacional (SMN). Para el período abril-junio, se prevén precipitaciones superiores a lo normal en amplias regiones del país.
Las zonas más favorecidas por estas lluvias incluyen el NOA, Córdoba, el oeste de Santa Fe, el este de San Luis y sectores del centro-este bonaerense. A esto se suma un escenario de temperaturas por encima de lo habitual, especialmente en el Litoral y la región central, lo que contribuye a una mayor inestabilidad atmosférica.

La transición desde la neutralidad
El comportamiento del Pacífico Ecuatorial es clave para entender este proceso, ya que su temperatura define la evolución de fenómenos como El Niño o La Niña. En los últimos meses, los registros muestran un aumento sostenido de la temperatura superficial del mar.
Desde la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), especialistas indicaron que el sistema climático está dejando atrás las condiciones de La Niña y avanzando hacia una fase neutral. Sin embargo, las proyecciones muestran que esta transición sería breve.
Probabilidades crecientes de El Niño
Los modelos climáticos internacionales coinciden en un punto clave: la probabilidad de un evento El Niño aumenta hacia la segunda mitad del año. Según estimaciones del Climate Prediction Center, hay un 83% de chances de que la neutralidad se mantenga en el corto plazo.
Pero hacia el trimestre junio-julio-agosto, las probabilidades de El Niño superan el 70% y podrían alcanzar el 80%, consolidando un escenario que se proyectaría con mayor fuerza hacia la primavera y el verano, coincidiendo con el desarrollo de la campaña agrícola.

El posible desarrollo de El Niño traerá efectos diferenciados según la región, con beneficios y riesgos para el sector agropecuario. En el este del país, se esperan lluvias superiores a lo normal, lo que podría mejorar la disponibilidad de agua en los suelos. Sin embargo, el exceso hídrico también implica riesgos, como inundaciones, anegamientos y dificultades para las tareas de siembra y cosecha. Además, un ambiente más húmedo favorece la proliferación de plagas, malezas y enfermedades.
El otro lado: zonas más secas
En contraste, el oeste argentino podría enfrentar un escenario opuesto, con precipitaciones por debajo de lo normal. Esta situación aumentaría el riesgo de sequías, heladas y temperaturas extremas, aunque también facilitaría ciertas labores agrícolas.
Este doble comportamiento confirma que El Niño no impacta de manera uniforme, por lo que la planificación productiva deberá adaptarse a las condiciones específicas de cada región.

Llamado a la prevención y desafío para el agro
Ante este panorama, CRA instó a los productores a anticiparse a un posible “súper El Niño”. La entidad advirtió que, de confirmarse, podría tratarse de uno de los eventos más intensos registrados, con consecuencias significativas para la producción y la infraestructura rural.
Entre las principales recomendaciones se destacan la revisión de sistemas de drenaje, la planificación logística y el monitoreo constante de los pronósticos. También se sugiere evaluar coberturas de riesgo y fortalecer el trabajo conjunto con instituciones técnicas.
El regreso de El Niño plantea un escenario de alta variabilidad climática, con eventos extremos más frecuentes, como tormentas intensas, granizo y olas de calor. Esta combinación aumenta la incertidumbre y exige una gestión más activa del riesgo. En este contexto, la información climática y la capacidad de anticipación serán herramientas clave para sostener la producción del agro argentino.
