Todo es “canalla”: Rosario Central se quedó con el clásico ante Newell’s
Rosario volvió a teñirse de azul y amarillo. Rosario Central derrotó 2-0 a Newell’s en el Coloso Marcelo Bielsa por la octava fecha del Torneo Apertura y reafirmó su dominio en el clásico rosarino. El equipo conducido por Jorge Almirón golpeó en los momentos justos y profundizó la crisis de su rival, que sigue en el fondo de la tabla anual.
El nombre propio de la tarde fue, otra vez, Ángel Di María. Sin estar al ciento por ciento desde lo físico, volvió a marcar la diferencia cuando el partido lo pedía. A los cinco minutos del segundo tiempo, apareció libre en el área y resolvió con una volea de zurda impecable que dejó sin reacción a Barlasina. Fue un gesto técnico simple en apariencia, pero enorme por su contexto y su peso simbólico.
La jugada fue una muestra de intuición y jerarquía. El centro pasado de Sández parecía perderse, Enzo Giménez lo rescató sobre la línea y Alejo Véliz lo bajó con inteligencia. En ese instante, cuando la defensa rojinegra perdió referencias, Di María atacó el espacio. Un segundo de libertad le alcanzó para inclinar la historia.
Ya había sido decisivo en el clásico anterior, en Arroyito, y repitió en terreno ajeno. Su influencia no depende del escenario: en el Gigante o en el Coloso, su lectura del juego y su capacidad para golpear en el momento exacto lo convierten en determinante. Administró esfuerzos, elongó cuando fue necesario y eligió cuándo acelerar. No fue su versión más explosiva, pero sí una de las más inteligentes.

Un clásico con tendencia marcada
El partido, hasta el 1-0, respondía a una lógica previsible. La diferencia de más de 20 encuentros en el historial reciente no es solo un dato: refleja un presente sostenido en el tiempo. Rosario Central asumió el protagonismo con naturalidad, respaldado por una estructura que potencia a sus figuras y por la confianza que otorgan los antecedentes.
Del otro lado, Newell’s afrontó el estreno de Frank Kudelka con un planteo pragmático. Orden, líneas juntas y fricción fueron las herramientas elegidas para intentar equilibrar la balanza. La Lepra, golpeada por una racha de ocho partidos sin ganar, jugó con un margen mínimo y lo pagó caro.
En el primer tiempo insinuó con un remate de Núñez que dio en el palo y un disparo del Colo Ramírez que generó inquietud. Pero le faltó profundidad y convicción en los metros finales. Cada aproximación rojinegra contrastó con la sensación de que Rosario Central, aun sin brillar, tenía el control emocional del encuentro.
El impacto anímico y el peso de la historia
El gol de Di María no solo rompió el equilibrio táctico, sino también el emocional. Rosario Central jugó con la tranquilidad de quien se sabe superior en los antecedentes recientes, mientras que Newell’s sintió el golpe y debió adelantarse más de lo previsto. Esa necesidad dejó espacios y expuso aún más sus fragilidades.
El Coloso pasó de la expectativa a la impaciencia en cuestión de minutos. La carga de 18 años sin ganar el clásico como local volvió a hacerse presente en el clima del estadio, donde los murmullos bajaron desde las tribunas tras el primer tanto auriazul. El peso de la historia, otra vez, inclinó la balanza.

El golpe final y una hegemonía que se consolida
Tras el gol de Di María, el clásico se abrió. Newell’s adelantó líneas en busca del empate y dejó espacios que Rosario Central supo aprovechar. A los 35 minutos del complemento llegó el segundo golpe: centro al área, peinada de Ovando y aparición de Enzo Copetti por el segundo palo para empujarla. Fue el 2-0 definitivo, el que bajó la persiana y silenció al Coloso.
El sexto triunfo consecutivo en clásicos confirma una tendencia que se profundiza. Newell’s ganó apenas dos de los últimos 27 enfrentamientos, un contraste que se traduce en el ánimo de ambas parcialidades. Mientras Rosario Central celebra y reafirma su hegemonía, la Lepra acumula estadísticas adversas que agravan su presente deportivo.
Rosario tuvo una nueva edición del duelo que paraliza a la ciudad. Y otra vez, el festejo fue auriazul. Rosario Central ganó con autoridad, reafirmó su dominio y dejó en claro que, hoy, el clásico tiene dueño.
