El girasol argentino conquista nuevos mercados y rompe el dominio del Mar Negro


El girasol argentino atraviesa uno de los mejores momentos de su historia reciente y consolida un protagonismo inesperado en el comercio internacional. Con exportaciones que no dejan de crecer y una producción en expansión, la oleaginosa vuelve a posicionarse como un cultivo estratégico. La última señal de este auge es contundente: Argentina exportará girasol al Mar Negro, la principal región productora mundial, un hecho que refleja tanto la competitividad del grano local como los cambios en el tablero global.

Durante la última campaña, el complejo girasol cerró con exportaciones por 3,3 millones de toneladas, sumando aceites, harinas y semilla, un salto significativo frente a los 2,4 millones registrados el año anterior. Este desempeño estuvo respaldado por una cosecha récord: la Bolsa de Cereales de Buenos Aires estimó una producción de 5 millones de toneladas, mientras que la Secretaría de Agricultura elevó ese número a 5,5 millones, coincidiendo ambas en el fuerte crecimiento del cultivo y su regreso a regiones donde hacía años no se sembraba.

Más producción, más dólares y mayor presencia territorial

Más allá de las diferencias metodológicas, el consenso es claro: el girasol volvió a ganar terreno en el esquema productivo argentino. En términos económicos, el impacto fue directo. Durante el último año, el complejo aportó unos 2.200 millones de dólares en divisas, reforzando su peso dentro de las exportaciones agroindustriales.

Este impulso no se detiene. Para la campaña 2025/26, la Bolsa de Cereales proyecta una producción de 5,8 millones de toneladas, lo que implica un crecimiento del 16% respecto del ciclo anterior. El incremento del área sembrada ya comienza a reflejarse en el movimiento comercial, con registros de exportación que anticipan un escenario aún más dinámico.

Girasol, siembra, hectáreas, 2024

Embarques tempranos y nuevos jugadores comerciales

Con la cosecha avanzando a buen ritmo en el norte del país y rindes por encima de lo esperado, ya se registraron embarques de grano para diciembre y enero por unas 150.000 toneladas, un volumen inusualmente alto para esta época del año. Este dato no solo confirma la fortaleza productiva, sino que también revela la apertura de nuevos negocios.

En esta etapa inicial, la Unión Agrícola de Avellaneda, con base en Reconquista, se destaca como un actor clave, con registros por 105.000 toneladas, mientras que la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) anotó otras 42.000 toneladas, consolidando el rol de las cooperativas en la expansión del cultivo.

Aceite de Girasol, aceites

Exportar al Mar Negro: una señal de calidad y oportunidad

El dato más llamativo del presente del girasol argentino es la exportación de 40.000 toneladas con destino a Bulgaria, a embarcar desde el puerto de ACA en Timbúes. La operación tiene un valor simbólico y estratégico: el Mar Negro es la principal región productora de girasol del mundo.

Según fuentes comerciales, en esa zona se registraron problemas en la última cosecha, con pérdida de calidad del grano. “Necesitan girasol argentino por su mayor contenido de aceite”, explican desde el mercado. Esta ventaja cualitativa abre una oportunidad inédita para posicionar al país como proveedor confiable incluso en territorios históricamente autosuficientes.

Un trader con base en Turquía aporta otra clave: “Hoy los precios de la semilla de girasol son más atractivos que los de la soja, y el aceite de girasol se negocia con una prima de entre 150 y 250 dólares por tonelada sobre el aceite de soja. Eso genera un enorme potencial para que el cultivo siga creciendo en Argentina”.

Girasol, siembra, hectáreas, 2024

Un origen alternativo en un mercado concentrado

La relevancia del girasol argentino también se potencia en un contexto geopolítico sensible. Tras la invasión rusa a Ucrania, el flujo global de aceite de girasol se vio alterado, y Argentina pasó a ocupar un rol central como proveedor alternativo. En 2025, India absorbió el 54% de las exportaciones argentinas, confirmando esa reconfiguración del comercio.

En este escenario, la combinación de buenos precios al productor, avances genéticos, tecnología aplicada y una demanda global sostenida de aceite de calidad parece alinear todos los factores para que el girasol consolide su lugar en el portafolio de los agronegocios argentinos.

Lejos de ser una moda pasajera, el presente del girasol muestra bases sólidas y un horizonte de crecimiento que vuelve a poner al cultivo en el centro de la escena productiva y exportadora.