Ganadería 2026: la despoblación comienza a alterar el equilibrio ecológico a escala global


Durante décadas, la discusión ambiental vinculada a la ganadería se concentró casi exclusivamente en los impactos negativos del sobrepastoreo. Sin embargo, una nueva investigación científica propone mirar el fenómeno desde el ángulo opuesto: la reducción sostenida del ganado en amplias regiones del planeta también está generando efectos ecológicos y sociales profundos, en muchos casos invisibilizados por las políticas ambientales actuales.

Un cambio en la mirada del impacto dela ganadería y el medio ambiente

Un estudio sobre ganadería publicado en enero de 2026 por la Universidad Estatal de Arizona y difundido en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) revela que cerca de la mitad de las zonas de pastoreo del mundo experimentaron una caída significativa en la cantidad de ganado entre 1999 y 2023. En términos globales, las poblaciones de animales de pastoreo se redujeron alrededor de un 12% en regiones que históricamente concentraban casi la mitad del rodeo mundial.

El trabajo, basado en datos de la FAO, confirma que la despoblación ganadera es un fenómeno extendido, aunque con fuertes contrastes regionales. Europa, Norteamérica, Australia y amplias zonas de África y Asia muestran caídas marcadas en la cantidad de animales. En Europa del Este, por ejemplo, la reducción alcanza el 37%, reflejando profundas transformaciones productivas, económicas y demográficas en el mundo rural.

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En contraposición, regiones como África Central, Asia Central y Sudamérica exhiben un crecimiento de la ganadería cercano al 40% en el número de cabezas, impulsado por sistemas tradicionales de pastoreo, baja productividad por animal y una mayor demanda de alimentos asociada al crecimiento poblacional. Esta heterogeneidad confirma que el fenómeno no responde a una única causa ni sigue una lógica uniforme a nivel global.

Uno de los aportes centrales del estudio es descartar explicaciones simplistas. Ni el comercio internacional ni el cambio climático, por sí solos, explican la caída del ganado extensivo. Según los investigadores, el nivel de desarrollo económico resulta determinante. En los países de mayores ingresos, la producción se intensificó mediante tecnología, genética, alimentación balanceada y sistemas industriales, permitiendo obtener hasta un 72% más de carne por animal, con menos cabezas y menor dependencia del pastoreo tradicional.

Este cambio productivo de la ganadería tiene consecuencias directas sobre los ecosistemas. La ausencia de ganado en pastizales históricamente manejados por el pastoreo altera el funcionamiento natural de estos sistemas. Sin animales que regulen la biomasa, el crecimiento excesivo de la vegetación puede incrementar el riesgo de incendios, modificar el ciclo de nutrientes y afectar la fertilidad de los suelos. En algunos casos, la biodiversidad se recupera; en otros, unas pocas especies dominantes desplazan a las más sensibles, reduciendo la diversidad ecológica.

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El estudio también advierte sobre impactos hidrológicos. La modificación de la cobertura vegetal influye en la transpiración de las plantas y en la escorrentía superficial, alterando los caudales de ríos y arroyos. Al mismo tiempo, una mayor biomasa vegetal podría favorecer la captura de carbono, abriendo oportunidades para mitigar el cambio climático, siempre que estos procesos sean correctamente gestionados.

Lejos de plantear una defensa de la ganadería, los autores subrayan que la despoblación ganadera no es simplemente el reverso del sobrepastoreo. Se trata de un nuevo desafío ambiental, aún poco comprendido, que requiere políticas activas para evitar la degradación de los pastizales y la pérdida de servicios ecosistémicos.

El impacto no es solo ecológico. El pastoreo se practica en aproximadamente una cuarta parte de la superficie terrestre, lo que lo convierte en el uso del suelo más extendido del planeta. En muchas regiones, la reducción del ganado implicó pérdida de ingresos, migración rural y abandono del campo, profundizando desequilibrios sociales y territoriales.

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Para los investigadores, reconocer esta tendencia global es clave para diseñar políticas más equilibradas, que integren conservación ambiental, seguridad alimentaria y desarrollo rural. En un contexto donde la agenda climática gana centralidad, la ganadería extensiva vuelve a aparecer no solo como un problema a corregir, sino también como una herramienta de gestión del territorio cuyo retiro también tiene costos.