El agro volvió a impulsar la economía en 2025, pero advierten que no basta


El sector agropecuario volvió a ocupar el centro de la escena económica en 2025. Con una campaña récord de trigo y una sólida recuperación en soja, el campo se consolidó como uno de los principales motores del repunte de la actividad. “El agro nuevamente volvió a salvar las papas de la economía argentina”, resumió el economista Claudio Caprarulo, director de la consultora Analytica, en diálogo con Infobae.

Según informó el INDEC, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró en diciembre una suba del 1,8% respecto del mes anterior, en un contexto donde el Gobierno proyecta que 2026 será el año de la consolidación de la recuperación tras dos ejercicios marcados por el ajuste fiscal y la desaceleración inflacionaria. En ese escenario, el agro y la minería explican buena parte del repunte, aunque su capacidad de arrastre sobre el resto de los sectores todavía genera interrogantes.

Caprarulo fue claro al describir el panorama: “La economía argentina está funcionando a velocidades muy diferentes”. Mientras el campo y los sectores extractivos muestran cifras destacadas, otras actividades productivas avanzan con mayor lentitud, sin lograr todavía una expansión homogénea.

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Récord de trigo y mejora en los precios

La campaña 2025-2026 marcará un hito para el trigo argentino, con una producción cercana a las 28 millones de toneladas, una de las más altas de la historia. A ello se suma un escenario de precios internacionales más favorables, lo que potencia el ingreso de divisas y fortalece el aporte del complejo agroexportador.

La soja, por su parte, también exhibe una recuperación significativa tanto en volumen como en valores. Esta combinación permitió que el sector agropecuario vuelva a desempeñar un rol clave en la estabilización macroeconómica. El crecimiento del campo se transformó en un sostén fundamental en un momento de transición económica, aportando dólares y dinamismo en medio del proceso de ordenamiento fiscal.

Sin embargo, el economista advirtió que el rebote del agro y la minería no alcanza, por ahora, para traccionar al conjunto de la economía ni mejorar de manera sustancial los niveles de empleo. El crecimiento sectorial no siempre se traduce en una expansión amplia del mercado laboral.

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Producción en alza, empleo en debate

Uno de los puntos centrales del análisis de Caprarulo es el impacto laboral. Si bien la producción agropecuaria y minera crece, estos sectores no generan empleo en la misma proporción. “Más allá del crecimiento que muestra la producción minera y de petróleo, es un sector que está expulsando mano de obra, en parte por la reconversión”, explicó.

El especialista planteó además el desafío de fortalecer las cadenas de valor locales. Se preguntó si la Argentina podrá consolidar la fabricación nacional de maquinaria agrícola o si enfrentará dificultades para competir frente al exceso de producción internacional. El interrogante es si el modelo basado en commodities puede generar desarrollo industrial y trabajo genuino, o si quedará limitado a la producción primaria.

Caprarulo recordó experiencias pasadas, como en los años noventa, cuando la economía crecía pero el desempleo también aumentaba. Aunque hoy existen nuevas modalidades laborales que amortiguan el impacto, el desafío sigue siendo transformar el crecimiento sectorial en oportunidades concretas para más trabajadores.

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Inflación, ajuste y legitimidad social

En paralelo, el Gobierno mantiene como prioridad la baja de la inflación. “La política productiva queda totalmente supeditada a la política antiinflacionaria”, señaló el economista. Este enfoque busca acelerar el proceso de desinflación, aunque implica tensiones para sectores productivos que deben adaptarse a un nuevo esquema macroeconómico.

El riesgo, según Caprarulo, es el costo social del ajuste. Si bien la desaceleración inflacionaria es valorada como un logro, la sostenibilidad del proceso dependerá de que la mejora macroeconómica se refleje en el poder adquisitivo y en el empleo. “En algún momento la gente va a decir: ‘Antes tenía una inflación desbocada, pero al menos podía llenar la heladera’”, advirtió.

En síntesis, el agro volvió a desempeñar un papel determinante en el repunte de la actividad en 2025, con cifras récord y mejores precios internacionales. El desafío ahora es que ese impulso no quede aislado y logre derramar sobre el resto de la economía, generando empleo y consolidando una recuperación más amplia y sostenida en 2026.